Capítulo Argentino del Club de Roma
Conferencia: Los desafíos de la educación en el siglo XXI

14 de Octubre de 2010

  

 

Oradores:
Prof. Jorge Bosch (Rector Universidad Caece)
Dr. Guillermo Jaim Etcheverry (fue Rector de la Universidad de Buenos Aires)
Dr. Manuel Mora y Araujo (Rector Universidad Torcuato Di Tella)
Dr. Daniel Hernández Ruipérez (Rector de la Universidad de Salamanca)

 

Vínculo al artículo del Diario “La Nación” (15/10/10)

 

Conferencia pronunciada por el Profesor Jorge Bosch.

La calidad es uno de los aspectos que juzgo importantes de la educación -sin dejar de lado desde el punto de vista teórico el resto de los aspectos, ya que es muy difícil abarcar toda la problemática en tan corto tiempo. De modo que en esta exposición, no me voy a referir a la importantísima problemática social de la educación ni a todo aquello que tiene que ver con la sustentabilidad desde el punto de vista económico, social, de la alimentación, de la llegada a todos los estratos de la sociedad, dado que es un problema vastísimo sobre el que se han expresado personalidades de gran prestigio y sobre el cual hay mucha literatura.
En consecuencia, voy a elegir un tema mucho más específico que se refiere a la calidad de la educación. Dejando por el momento de lado los otros problemas, y haciendo de cuenta que estuviera todo resuelto: ¿qué educación daríamos? La calidad de la educación está íntimamente relacionada con la calidad de la cultura, porque la educación no sólo es una parte de la cultura, sino que además está condicionada por factores culturales de la más diversa índole. Hasta hace muy poco tiempo el poder educativo (por así llamarlo) estaba ejercido fundamentalmente por dos instituciones: la familia y la escuela. A lo largo del siglo XX han ido apareciendo diversas instituciones cuya influencia se fue ampliando notablemente, y surgieron factores que no estaban diseñados específicamente para educar, pero que de todas maneras educan (a veces mal que nos pese), como son los medios audiovisuales, los espectáculos, la publicidad, todo el enorme entramado de las más diversas informaciones que cruzan el mundo de una parte a otra constantemente, llevando a cada uno de nosotros una gran cantidad de señales de toda índole. Todo esto también va educando, a su manera, a nuestros hijos y a nosotros mismos y a todos los que forman parte de esta sociedad. ¿Qué puede hacer la educación en estos días desde un punto de vista más formal para penetrar en esta maraña de elementos educadores, poner un cierto orden y jerarquizarlos? He dicho que el problema es fundamentalmente de índole cultural. Entonces lo primero que debemos hacer es examinar algunas de las características fundamentales en las que se está desenvolviendo la cultura del siglo XXI y que tendrá todavía validez para los próximos años.

Se puede decir muchísimo acerca de esto, pero en esta oportunidad quiero citar cuatro características fundamentales de la cultura en lo que va del siglo XXI y que seguramente se extenderá durante algunos años más. Por un lado, la economización de la vida arrastrando con ello una cantidad de valores como el consumismo, el afán educativo, entre otros. En segundo lugar, lo que podríamos llamar la realidad virtual producida a su vez por cuatro factores: la publicidad, el entretenimiento, el espectáculo y la adicción a las computadoras. Digo que esta es una realidad virtual, porque la combinación de estos cuatro factores produce una visión de la realidad inmediata y mediata que es tan desordenada, caótica y poco atada a leyes o a principios que resulta muy difícil hallarle un sentido único, un sentido válido para todos. Entonces, a esto llamo “realidad virtual”, en contraposición a lo que sería una realidad más objetiva, más compartida por todos. El tercer elemento es la globalización, en la cual estamos sumergidos y de la cual hay vastísimas consecuencias. Hay algunos aspectos constructivos de la globalización, notoriamente positivos, y otros aspectos negativos e inclusive frívolos. El gran planteo de la globalización es a mi juicio, distinguir entre la integración y la homogeneización. Porque una cosa es integrar el mundo y la cultura a través de diversos mecanismos, y otra muy distinta es homogeneizar, de manera que poco a poco vayan desapareciendo las diferencias del pensamiento, de sensibilidad y del enfoque de la realidad.

La cuarta característica que quiero destacar no tiene un nombre específico como los tres anteriores. Tiene un nombre difuso tal como la naturaleza a la que alude, porque se trata de un clima de inseguridad y confusión, llamados por algunos posmodernidad y por otros (en un sentido quizás, más extremista) “nueva barbarie” cuyas principales características son la tiranía de la tecnología y de la publicidad concebidas como magia y fetiche; no la tecnología en sí misma, sino el poder mágico de la tecnología; el descreimiento, el desencanto, la incertidumbre respecto del futuro, la ignorancia de las tradiciones históricas, la inundación de imágenes, ruidos e información en forma indiscriminada, el hedonismo, lo superficial,  la supremacía del movimiento sobre la reflexión, y por último el relativismo y la permisividad. Con respecto a este último aspecto, se va dando a entender poco a poco que nada es mejor que otra cosa, que todo es lo mismo, todo está permitido, todo vale.
Ante esta descripción de lo que parecería ser la cultura en la que estamos viviendo actualmente, sostengo que el siglo XX reaccionó de ciertas maneras ante estas características que están insertas en nuestra sociedad desde hace muchos años. Se habló de espontaneísmo, de la libre expresión del educando, del permisivismo y la diversión en la escuela, de la trasformación del rol del maestro en una especie de conductor televiso, amigo de los niños cuya función es entretenerlos. Llevar la informática a las escuelas es un tema muy serio, pero lo importante es el “cómo” se hace. La relación de la escuela con la sociedad y con los medios se presta a tergiversaciones, interpretaciones de toda índole.

No voy a comentar cada uno de estos puntos, que sin embargo sería muy interesante hacerlo, porque lo que quiero es mencionar cuáles considero, humildemente, que son las ideas por las cuales el siglo XXI puede afrontar los problemas culturales que he mencionado. Para esto tengo tres temas,  que tampoco voy a desarrollar en toda su extensión.

El primero es la calidad de la enseñanza en su doble aspecto: contenidos y métodos. No se trata solamente de llevar la escuela a todos los rincones del mundo, de una manera o de otra, en forma presencial o a distancia; esto está bien pero no es suficiente, ya que es fundamental ver cómo se enseña y reflexionar sobre la calidad de la educación. Lo segundo es redefinir la cultura de la democracia; una respuesta superficial al tema sería afirmar que la cultura de la democracia es la que comparte o la que propone la mayoría de los ciudadanos, es decir la cultura entendida como el producto de lo que la gran mayoría de los ciudadanos piensa que debe ser la cultura. Yo no creo que esto sea así, porque la democracia tiene por objeto fundamental colocar al ciudadano en la situación más ventajosa posible para el ejercicio de su libertad. La democracia está íntimamente ligada con el ejercicio de la libertad. Pero el ejercicio de la libertad requiere varios elementos que no todos los tienen a su alcance: requiere en primer lugar información, requiere también la difusión de la información, tener elementos de análisis y finalmente una cierta capacidad de decisión. Todo esto lleva a pensar que la cultura de la democracia es más bien la cultura que se logra mediante los más altos pensamientos. Los instrumentos más refinados y elevados del espíritu son los que consiguen dar a la vida humana su mayor dimensión. Esto es lo que hay tratar de llevar a todos. Es mucho más difícil llevar este tipo de cultura a todos que llevar una instrucción elemental.
Esto está íntimamente relacionado con la calidad de la cultura. Para definir la calidad de la cultura yo creo que existen dos posibilidades: una es lo que llamaré el principio aristotélico y otra es el programa de las grandes obras. El principio aristotélico es un principio que se encuentra en la Moral a Nicómaco de Aristóteles que dice textualmente lo siguiente: “lo que es propio de un ser y conforme con su naturaleza está en lo más alto de todo lo mejor y lo más agradable para él. Ahora bien, lo más propio del hombre es la vida del entendimiento puesto que el entendimiento es verdaderamente todo el hombre y por consiguiente la vida del entendimiento es también la vida más dichosa a la que el hombre puede aspirar”. Esto suficientemente remodelado y sometido a una actualización podría ser un principio conductor para llegar a una redefinición de la cultura como mayor expresión fundamental de lo que es el ser humano.

Y la otra posibilidad que hay para redefinir la cultura es la ejemplificación mediante las grandes obras. ¿Cuáles son las grandes obras que han tenido un efecto decisivo en la historia y que han contribuido a la grandeza y la expansión del espíritu humano? Esto ha sido llevado a cabo por el St. John's College con sede primeramente en Annápolis, Maryland, institución que implantó una propuesta de vanguardia que ya tiene aproximadamente setenta años y que consiste en lo siguiente: toda la enseñanza se realiza alrededor de ciento veinte grandes obras tales como La Iíada de Homero, obras de Platón, Aristóteles, Fahrenheit, Avogadro, es decir científicos y filósofos, Lucrecio, La Divina Comedia de Dante, Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, obras de Shakespeare, Miguel de Cervantes, Newton, llegando hasta Einstein. Estas ciento veinte obras son de lectura obligatoria y la enseñanza consiste en debatir y opinar acerca de ellas. El St John’s Collage, con esta metodología insólita, ha logrado tener desde hace muchos años egresados que son disputados por las principales empresas, instituciones y entidades del mundo por el alto nivel cultural y la extraordinaria capacidad de elaboración mental que poseen. No digo tomar el modelo e implementarlo tal cual, pero esta idea de dejar guiarse por las grandes obras es la otra posibilidad que tenemos para redefinir la cultura.

 

volver


Volver a la página principal