| Identidades
y lealtades, Apuntes sobre la guerra en Irak*
La
estrategia norteamericana no sólo parece estar
fallando en su faz militar en la campaña de Irak,
sino también en los pronósticos políticos
que auguraban un levantamiento popular contra el régimen
de Saddam, por lo menos entre los grupos étnicos
y religiosos más opuestos al régimen gobernante.
Los norteamericanos no han tenido en cuenta las experiencias
anteriores. Ya en la guerra Irak-Irán de 1980-1988
se demostró que las lealtades étnico-nacionales
y las religiosas no lograron superar a la lealtad mayor,
al Estado-nación que las contenía.
En aquella circunstancia, tanto el presidente iraquí
Saddam Hussein como el ayatola Jomeini apostaron a supuestas
lealtades automáticas que generaría la
misma guerra. La constatación del error de la
supuesta solidaridad árabe automática
la sufrieron las tropas iraquíes cuando entraron
en la provincia iraní de Khuzistán, de
mayoritaria población árabe, donde no
fueron recibidos como libertadores por la población
árabe. Al contrario, prevaleció la lealtad
al Estado que los contenía desde hacía
siglos por sobre la supuesta solidaridad panárabe.
En igual sentido, las fuerzas iraníes no lograron
levantar a la población árabe chiíta
del sur iraquí contra el apóstata sunnita
Saddam Hussein. Aquí predominó también
la lealtad al Estado-nación, en este caso iraquí.
Más tarde, durante la Guerra del Golfo de 1990-1991,
la rebelión de los chiítas y kurdos iraquíes
contra el régimen de Saddam Hussein, alentada
por los Estados Unidos, fue reprimida fácilmente
por los restos del ejército iraquí derrotado
por la coalición aliada de entonces. Poco después
se formaría el Consejo Supremo de la Revolución
Islámica de Irak, organización que coaligaba
a los diferentes grupos militantes de chiítas
iraquíes influidos por Irán, el cual formó
parte, junto con los partidos kurdos y opositores iraquíes
sunnitas, del Congreso Nacional Iraquí, financiado
por la administración Bush para derrocar a Saddam.
Pero el presidente norteamericano decidió cambiar
de planes y, en vez de apoyar la conformación
de un Irak democrático gobernado por la oposición,
hoy se inclina por un gobierno directo de ocupación
al mejor estilo colonial. Otra vez los grupos chiítas
del sur, los kurdos del norte y la oposición
sunnita quedarían marginados.
En la presente campaña estamos contemplando que
en las batallas que se desarrollan en el sur iraquí,
de predominio chiíta, incluso en las ciudades
santas de Najaf y Karbala, la población no se
ha sublevado en favor de los “libertadores”
norteamericanos. Ocurre que la lealtad ciudadana al
Estado iraquí se está imponiendo por sobre
las solidaridades particulares.
Lic.
Norberto R. Méndez
Profesor Agenda Internacional en la Universidad Caece
Profesor Ciencia Política Universidad de Buenos
Aires (UBA)
Ex-Investigador Visitante en la
Universidad Hebrea de Jerusalén
y Universidad Americana de El Cairo.
* Publicado en el diario Página 12 del
2 de abril de 2003
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