El
hecho de que muchos de nuestros
graduados hayan llegado a ocupar
puestos de alta responsabilidad
en empresas e instituciones obedece
a diversos factores, entre los cuales
se destacan la calidad de los profesores
y el espíritu científico que se
imparte a lo largo de los estudios.
Pero
la tecnología es sólo un instrumento
de la cultura, que librado a sí
mismo, puede servir tanto a la elevación
espiritual como al embrutecimiento
y a la catástrofe. El exitoso manejo
del pensamiento tecnológico requiere
la acción de un pensamiento que
sirva de guía, que discuta los fines
y los medios, que sea capaz de comprender
y evaluar los diversos aspectos
de la aventura humana.
No basta con la tecnología, con
la ciencia, ni con la información
filosófica: el objetivo de la Universidad
es la cultura en todas sus dimensiones.
Esta universidad se construyó
con el esfuerzo de todos, y este
esfuerzo es su divisa.
Apelamos al esfuerzo de los profesores
y al de los alumnos, al de los empleados
y de las autoridades, al de los
investigadores y al de los divulgadores.
Nuestros
profesores enseñan y nuestros alumnos
estudian: éste es nuestro secreto.
Ayudamos a los alumnos con metodologías
pedagógicas renovadoras, con cursos
de apoyo, con tecnología, con asistencia
psicológica y con comprensión humana,
pero les exigimos que estudien:
nadie puede hacerlo por ellos.
La
realización disciplinada de este
esfuerzo constituye el rasgo fundamental
de su formación universitaria y
es la mejor herencia que les dejamos
para afrontar la lucha por la vida.