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CLASE
2. Nociones elementales de redacción. En primera,
segunda y tercera personas. Singular y plural. Tiempos
pasado, presente y futuro. Descripciones y relatos.
Recomendaciones básicas.
PERSONA
Y NÚMERO
Siguiendo
una costumbre derivada de las teorías de la comunicación
y de la lingüística, llamaremos emisor al que
dice o escribe un texto, y receptor al que lo
recibe (escucha o lee).
Primera
persona, singular y plural.
La redacción en primera persona puede incluir o no el
pronombre personal “Yo”, cuyos equivalentes en inglés
y francés, “I” y “Je”, son obligatorios salvo en pocos
casos de excepción. En español, en italiano y en portugués,
el uso de este pronombre es optativo y se acomoda a
las intenciones del emisor (hablante o escribiente).
Por ejemplo, se puede iniciar una redacción escribiendo
Yo fui testigo de esos acontecimientos,
o
bien
Fui testigo de esos acontecimientos.
Como
recomendación general (aunque de ninguna manera obligatoria)
se puede decir que se utiliza el pronombre “Yo” cuando
se quiere poner énfasis en la actuación personal del
emisor, y no se lo utiliza en caso contrario. Por ejemplo,
en el siguiente texto se advierte que el emisor desea
poner énfasis en su actuación personal:
Yo fui testigo de esos acontecimientos y recuerdo con
toda claridad cómo sucedieron las cosas. Por eso puedo
hablar con conocimiento de causa.
Es
obvio que basta el pronombre “Yo” en la primera oración.
Sería tal vez un exceso de énfasis (aunque en algún
caso pueda justificarse) repetir el pronombre en la
segunda oración: Por eso yo puedo hablar con conocimiento
de causa. Este mayor énfasis da al texto un tono
desafiante: parecería que el emisor quisiera decir “yo
puedo hablar con conocimiento de causa pero otros no”.
En
cambio, en el siguiente texto el emisor parece no tener
interés en asumir un papel protagónico:
Fui testigo de los acontecimientos pero no recuerdo bien
lo que sucedió. Prefiero no hablar de eso.
El
comienzo de las cartas y de las presentaciones personales
suele no incluir el pronombre “Yo”:
Tengo el agrado de dirigirme a usted para solicitarle
una entrevista, a fin de poder exponer las razones
que motivaron mi conducta en los sucesos recientes.
Éste
es otro caso análogo:
Soy periodista egresado de la Universidad XXX y desearía
poder realizar una visita a la empresa YYY con el
objeto de escribir una nota para el periódico ZZZ.
También
cuando se presentan antecedentes o se dan datos autobiográficos
se suele omitir el pronombre “Yo”:
Nací el 20 de octubre de 1895. Estudié y me recibí en
la Escuela Normal de Paraná y luego me desempeñé como
profesor en diversos institutos de enseñanza.
Este
uso del pronombre personal para señalar mayor protagonismo,
énfasis o interés, se extiende a la segunda y a la tercera
personas (y también a los correspondientes plurales).
Ejemplos para la segunda persona son:
[Con
énfasis] Te digo que tú eres el responsable de...
[Con
menos énfasis] Te digo que tú eres responsable
de...
[Sin
énfasis] Te digo que eres responsable de...
Y
para la tercera persona:
[Con
énfasis] Ramón vino y él fue quien me agredió
[Sin
énfasis] Ramón vino y me agredió
Para
los relatos literarios en primera persona (cuentos,
novelas, crónicas de viajes) vale la recomendación efectuada
más arriba: en general se omite “yo”, salvo cuando se
desea poner énfasis en la actuación personal o cuando
se hace una presentación mencionando el nombre del que
se presenta. Por ejemplo, la crónica llamada Viaje
al Río de la Plata, del soldado y viajero alemán
Ulrich (Ulrico) Schmidl, que formó parte de la expedición
de Pedro de Mendoza, comienza con un largo título según
la usanza de la época:
En que se trata de la ruta y viaje que yo, Ulrico Schmidl,
de Straubing, hice en el año 1534, A.D., partiendo
el 2 de agosto de Amberes, arribando per mare a España
y más tarde a Las Indias, todo por la voluntad de
Dios Todopoderoso.
A
veces el relato comienza en primera persona y luego
continúa o termina en tercera. Este recurso se suele
utilizar para conseguir un efecto de sorpresa. Caso
típico es el cuento La casa de Asterión, de Jorge
Luis Borges, que comienza de este modo:
Sé
que me acusan de soberbia, y tal vez de locura. Tales
acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo)
son irrisorias.
Nótese
el cuidadoso uso que hace Borges del pronombre personal
de primera persona: en la primera frase lo omite (Sé
que me acusan...) pero en la segunda y entre paréntesis
lo coloca explícitamente (que yo castigaré...),
para asumir protagonismo y dar énfasis a la advertencia.
El relato continúa así, en primera persona, describiendo
la casa en que vive el relator, quien dice que se llama
Asterión y proporciona algunos curiosos datos sobre
su casa y su forma de vida. Habla finalmente de alguien
que llegará y será su redentor. A propósito de este
personaje se pregunta:
¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con
cara de hombre? ¿O será como yo?
El
relato de Asterión se interrumpe allí y el breve texto
con que termina el cuento está escrito en tercera persona,
lo que arroja una luz repentina sobre lo que se acaba
de leer. Éste es el final:
El
sol de la mañana reverberó en la espada de bronce.
Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo
creerás, Ariadna? –dijo Teseo-. El minotauro apenas
se defendió.
De
este modo nos enteramos de que Asterión era el minotauro
y de que su casa era el célebre laberinto de Creta.
Borges insinúa de este modo que el minotauro tomó a
Teseo por su redentor.
Hay
otros ejemplos literarios en los que se procede al revés:
hay un comienzo en tercera persona y luego un largo
desarrollo en primera. Tal es el caso de la novela De
sobremesa, del poeta y escritor colombiano de fines
del siglo XIX José Asunción Silva. Comienza en tercera
persona describiendo una reunión de amigos en la que,
después de varios diálogos, uno de ellos pide al protagonista,
José Fernández, que lea una de sus obras. Éste accede
y lee una novela escrita en primera persona, en forma
de diario, en la que se relata lo ocurrido en fechas
y lugares determinados. Ésta es la verdadera novela
que nos ofrece José Asunción Silva, para la cual la
primera parte, mucho más breve, sirve de ambientación
e introducción.
La
primera persona plural, caracterizada por el pronombre
nosotros, tiene dos usos: el real y el simbólico.
El uso real es el que corresponde cuando el emisor es
un sujeto colectivo, es decir, formado por dos o más
personas. Una carta firmada por varias personas puede
comenzar así:
Tenemos el agrado de dirigirnos a usted...
El
uso simbólico es el que tiene lugar cuando un sujeto
singular se expresa en plural, o bien para dar al escrito
un tono de impersonalidad o de modestia, o bien cuando
se desea asumir una representación colectiva. Ejemplo
del primer caso sería el del autor de un libro científico
que escribiera, por ejemplo:
En el capítulo anterior dijimos que...
El
segundo caso es más protocolar y solemne. Por
ejemplo, el rey de España puede decir, en determinadas
circunstancias:
Nos, el Rey...
Ejercicio
6. Colocar el pronombre personal de primera o
de segunda persona que corresponda (yo o tú), en los
casos en que parezca adecuado colocarlo. (Decimos que
“parezca adecuado” porque los ejercicios de este tipo
no tienen solución exacta y en cambio tiene bastante
importancia el “parecer” de cada uno):
(a) He llegado a la
conclusión de que eres el culpable. ¿No te da vergüenza?
(b) He llegado a la conclusión
de que eres culpable, pero también creo que has procedido
de buena fe.
(c) He llegado a esta
conclusión por mí mismo; no me lo han contado.
(d) ¿Es cierto que has dicho
esas palabras que me ofenden?
(e) Si es cierto que
dijiste eso, me parece muy bien.
Segunda
persona. La
segunda persona se usa casi exclusivamente en la conversación,
en conferencias, en cartas o en notas dirigidas a algún
funcionario. Rara vez se utiliza en la literatura, salvo
en los diálogos: tiene importante uso en las novelas
de género epistolar, construidas sobre la base de cartas.
Entre las más célebres figura Werther, de Goethe,
una de las primeras manifestaciones del romanticismo
literario.
Con
respecto a la segunda persona conviene hacer algunas
aclaraciones:
1º)
En España y en casi todo el mundo de habla española
la segunda persona del singular está caracterizada por
los pronombres personales tú, ti, y te,
y por las formas verbales amas, tienes, sientes,
etcétera. En la Argentina y en otros muy pocos lugares
se usa el pronombre vos en sustitución de tú
y de ti, y las formas verbales amás, tenés,
sentís, etcétera, pero se mantiene el uso del pronombre
te: Espero que este libro te guste. Es
curioso que el término vos haya quedado como
representativo de un tratamiento familiar, porque parece
ser el remanente de un tratamiento antiguo mucho más
respetuoso y distante: Me dirijo a vos, señor, para
pediros que os ocupéis de mis infortunios. De manera
análoga, las formas verbales de los verbos de primera
y segunda conjugación, como amás y tenés,
parecen ser deformaciones del antiguo tratamiento
amáis y tenéis. No es una deformación,
en cambio, el uso argentino de la segunda persona correspondiente
a los verbos de la tercera conjugación, como sentís,
que coincide exactamente con la segunda persona del
plural de la conjugación oficial española.
2º)
Lo que hemos llamado “antiguo tratamiento” consiste
en usar la segunda persona del plural para dirigirse
a una persona singular. Pero demás está decir que la
segunda persona del plural del tipo de vosotros amáis,
tenéis, sentís, es plenamente actual en España,
aunque no en América Latina. En esta región se sustituye
“vosotros” por “ustedes” y los verbos en segunda persona
del plural por los correspondientes en tercera persona
del plural: Ustedes aman, tienen, sienten.
3º)
La segunda persona del singular para el tratamiento
respetuoso y no familiar es idéntica en España y en
América Latina, incluida la Argentina: está formada
por el pronombre usted y por los verbos en tercera
persona singular: Usted ama, tiene, siente. Pero
la segunda persona del plural, como Vosotros amáis,
tenéis, sentís, ha caído totalmente en desuso en
América Latina y tiene, en esta región, el aspecto de
un uso excesivamente protocolar y respetuoso. Sin embargo,
en España es índice de familiaridad y confianza. Se
puede decir que el uso de vosotros es la forma
plural del tuteo. En cambio, cuando no hay tanta confianza
se usa ustedes y los verbos en tercera persona
plural. En América Latina se usa siempre ustedes,
haya o no confianza.
Tercera
persona. La
tercera persona es la más habitual en los relatos, tanto
literarios como periodísticos: Juan se despidió de
María y le hizo un regalo. En el caso del periodismo,
inclusive cuando el autor de una nota o de un reportaje
quiere referirse a sí mismo, usa la tercera persona
en vez de la primera: Este cronista vio que el automóvil
atropelló a una persona.
LOS
TIEMPOS
Casi
todos los relatos, tanto los de la vida cotidiana como
los literarios y los periodísticos, se expresan en tiempo
pasado (o pretérito) usando fundamentalmente, aunque
no únicamente, el pretérito indefinido, sobre todo cuando
se desea dar cuenta de sucesos que son los que van dando
lugar, paso a paso, al desarrollo del relato. Por ejemplo:
dijo, fue, salió, comieron, aguardaron. El cuento
Emma Zunz, de Borges, comienza así:
El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de
la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló
en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil,
por la que supo que su padre había muerto.
Los
verbos que describen la acción de la protagonista, como
halló, supo, están en pretérito indefinido. Sólo
se emplea el pretérito pluscuamperfecto, había muerto,
para indicar algo ocurrido antes del momento en que
se desarrolló la acción principal.
En
cambio, cuando no se relata paso a paso lo que va sucediendo
en un determinado momento, sino que se quiere dar una
idea de lo que sucedía habitualmente en una cierta época,
se usa el pretérito imperfecto: amaba, amabas, amaba,
amábamos, amabais, amaban. La novela La guerra
del fin del mundo, del escritor peruano contemporáneo
Mario Vargas Llosa, comienza así:
El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de
perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes
y sus ojos ardían con fuego perpetuo. Calzaba sandalias
de pastor y la túnica morada que le caía sobre el
cuerpo recordaba el hábito de esos misioneros que,
de cuando en cuando, visitaban los pueblos del sertón
bautizando muchedumbres de niños y casando a las parejas
amancebadas.
Se
ve que el autor no está contando una anécdota que va
sucediendo más o menos con el mismo ritmo con que se
la cuenta, sino que refiere hechos que sucedieron con
cierta frecuencia durante un período de tiempo. Esto
se hace más nítido en el segundo párrafo de la obra:
Aparecía de improviso, al principio solo, siempre a pie,
cubierto por el polvo del camino, cada cierto número
de semanas, de meses.
Está
claro que si se usara el indefinido, diciendo Apareció
de improviso, esto causaría la impresión de un hecho
singular que sucedió una sola vez.
Es
conveniente recordar siempre que, cuando interviene
una oración subordinada mediante la conjunción que,
los pretéritos del indicativo concuerdan con el imperfecto
del subjuntivo y, en algunos casos excepcionales, con
el presente del subjuntivo: Me pidió que le diera
dinero. (Pidió: pretérito indefinido del
indicativo; diera, pretérito imperfecto del subjuntivo).
Las dos acciones son pretéritas: la de pedir y la de
dar. En cambio, si en la subordinada aparece el presente
del subjuntivo, como en Me pidió que le dé dinero,
el significado es otro. Esta última oración podría reformularse,
dando más datos temporales, así: En aquel momento
me pidió que ahora le dé dinero. Es decir que el
pedido se formuló en el pasado (pretérito indefinido
del indicativo) pero el cumplimiento del pedido debe
realizarse ahora (presente del subjuntivo). Es obvio
que esta situación, si bien puede darse en la realidad
o en la ficción, es mucho menos frecuente que la anterior,
en la que las dos acciones ocurren en tiempo pasado.
Sin embargo, aún en este caso especial se puede argüir
que al decir Me pidió que ahora le dé dinero estoy
relatando algo totalmente referido al pasado, aunque
sus efectos se hagan sentir en el presente; luego, correspondería
enunciar todo en tiempo pretérito y decir Me pidió
que ahora le diera dinero. Como se trata de interpretaciones
y de diferencias sutiles, pueden aceptarse ambas formas.
El siguiente es un ejemplo de concordancia del pluscuamperfecto
del indicativo (habían llevado) con el imperfecto
del subjuntivo (pidiera). Se trata de una oración
muy compleja, que conviene analizar con detenimiento.
Pertenece a la citada novela de Vargas Llosa:
Casi al amanecer, cuando los vecinos, que habían rezado
y cantado y le habían llevado sus hijos enfermos para
que pidiera a Dios su curación y que le habían contado
sus aflicciones y preguntado por lo que les reservaba
el futuro, se hubieron ido, y los discípulos ya se
habían echado a dormir, como lo hacían siempre, sirviéndose
recíprocamente de almohadas y abrigo, el Beatito,
en la actitud de reverencia extrema en la que se acercaba
a comulgar, se llegó, vadeando los cuerpos andrajosos,
hasta la silueta oscura, morada, que apoyaba la hirsuta
cabeza en uno de sus brazos.
La citada concordancia aparece al comienzo:
“...le habían llevado [pretérito pluscuamperfecto
del indicativo] sus hijos enfermos para que pidiera
[pretérito imperfecto del subjuntivo] a Dios su curación...”
Análisis
de la oración.
Esta oración de Vargas Llosa se presta para realizar
un instructivo análisis gramatical. Veamos. En su primera
aparición la palabra “que”, que a menudo funciona como
conjunción (cuando une dos oraciones, una principal
y la otra subordinada) es ahora pronombre, pues se refiere
al sujeto los vecinos, del que se afirma algo.
¿Qué se afirma acerca de los vecinos? Esto: habían
rezado y cantado y le habían llevado sus hijos enfermos
para que pidiera a Dios su curación. En este caso
la palabra “que” no une dos oraciones porque “los vecinos”
no es una oración sino una expresión sustantivada; luego,
en este empleo “que” no es conjunción. En la
oración parcial que acabamos de transcribir (con tres
verbos principales, habían rezado, habían cantado
y habían llevado, lo que la hace equivalente
a tres oraciones) aparece nuevamente la palabra “que”,
pero ahora vuelve a ser conjunción, pues une a la oración
le habían llevado sus hijos enfermos, con la
subordinada pidiera a Dios su curación. El pluscuamperfecto
del indicativo, habían llevado, concuerda con
el imperfecto del subjuntivo, pidiera (sujeto
tácito: él.). La siguiente aparición de la palabra
“que”, en y que le habían contado sus aflicciones,
vuelve a ser pronombre, pues está en el mismo nivel
que la primera aparición de “que” y se refiere, igualmente,
al sujeto los vecinos. A continuación, la conjunción
“y” une a esta última oración con otra de su mismo nivel,
a saber, [habían] preguntado por lo que les reservaba
el futuro. En esta oración hay una principal, habían
preguntado, y una subordinada, lo que les reservaba
el futuro, unidas por la palabra “por”, que habitualmente
es preposición pero aquí se desempeña como conjunción,
porque une dos oraciones. En la subordinada el sujeto
es el pronombre neutro “lo”, y la aparición de la palabra
“que” que le sigue vuelve a ser pronombre porque se
refiere al sujeto “lo”. A continuación aparece el verbo
reflexivo se hubieron ido. ¿A quién se refiere?
Evidentemente, al sujeto los vecinos. Este verbo
está en pretérito anterior del indicativo, lo cual sugiere
que se trata de una acción concluida antes de que se
ejecutara otra acción. Esta otra acción aparece más
adelante, y es se llegó, referida al sujeto el
Beatito. Pero antes de este sujeto aparece otra
oración del mismo nivel que la que tiene por sujeto
a los vecinos y que está, como ella, directamente relacionada
con el adverbio “cuando”, que aparece al principio.
Esta otra oración, que debe interpretarse como referida
a las primeras palabras, a saber, Casi al amanecer,
cuando..., es la siguiente: los discípulos ya
se habían echado a dormir, como lo hacían siempre, sirviéndose
recíprocamente de almohadas y abrigo. Esta oración
está unida por la conjunción “y” a la que tiene por
sujeto los vecinos, y es de su mismo nivel. ¿Por
qué estas dos oraciones, que son del mismo nivel y están
simplemente unidas por la conjunción “y”, presentan
verbos en distintos tiempos? En efecto: la que tiene
por sujeto los vecinos presenta el verbo en pretérito
anterior, se hubieron ido; y la que tiene por
sujeto los discípulos presenta el verbo en pretérito
pluscuamperfecto, se habían echado. La diferencia
obedece a lo siguiente: la acción ejecutada por los
vecinos estaba ya concluida cuando se realizó la acción
ejecutada por el Beatito, se llegó; en cambio,
la acción ejecutada por los discípulos continuaba, en
cierto modo, cuando el Beatito se llegó hasta la silueta
oscura. Esta proximidad entre la acción de echarse a
dormir y la llegada del Beatito es enfatizada por el
adverbio “ya”. Al llegar aquí advertimos que todo lo
que se ha dicho está referido a la circunstancia expresada
al comienzo por las palabras “Casi al amanecer, cuando”.
Todo esto describe entonces una circunstancia en la
que se realiza la acción se llegó, ejecutada
por el Beatito. Es, entonces, lo que se llama un complemento
circunstancial del verbo se llegó. Éste aparece
así como el verbo principal de la oración global, y
su sujeto es el Beatito. Vemos que hemos debido
recorrer una buena parte de la oración global para dar
por fin con el verbo principal y el sujeto. Los otros
sujetos que hemos mencionado son sujetos de oraciones
parciales. El largo complemento circunstancial que hemos
analizado se denomina complemento circunstancial
de tiempo, porque está regido por el adverbio “cuando”
y la indicación temporal “casi al amanecer”. La frase
en la actitud de reverencia extrema en la que se
acercaba a comulgar, también está referida al verbo
principal se llegó y es, a su vez, un complemento
circunstancial, pero no es de tiempo sino de
modo, pues indica una modalidad de ejecución de
la acción de llegarse. La expresión vadeando
los cuerpos andrajosos es también un complemento
circunstancial de modo. Finalmente, la expresión hasta
la silueta oscura, morada, que apoyaba la hirsuta cabeza
en uno de sus brazos, es un complemento circunstancial
(referido al verbo principal) que en este caso no es
de tiempo ni de modo sino de lugar, pues indica el lugar
al cual el Beatito se llegó. En este complemento aparece
otra vez la palabra “que” como pronombre, pues está
referida al sujeto la silueta oscura, morada.
Por supuesto, este sujeto, como otros que ya hemos mencionado,
es sujeto de una oración parcial. El sujeto de la oración
global es, como queda establecido, el Beatito.
Ejercicio
7. Indicar si las siguientes oraciones son correctas
o incorrectas, usando las letras C e I respectivamente:
(a)
Después de la conversación le recomendó que
a partir de ese momento estudie más.
(b)
Ayer me recomendó que vuelva precisamente hoy.
(c)
Ayer me recomendó que volviera precisamente
hoy.
(d)
Siempre le había parecido mal que yo use aquel
traje pasado de moda.
(e)
El difunto nunca creía que la suerte vaya a
favorecerlo.
(f)
El difunto nunca creyó que la suerte iba a
favorecerlo.
(g)
El difunto nunca creyó que la suerte fuera
a favorecerlo.
Hemos dicho que, por lo general, los relatos
se cuentan o se escriben en tiempo pasado, pero no ocurre
siempre así. Hay cuentos escritos íntegramente en presente,
y en algunas novelas se alternan el presente y el pasado.
Los relatos se escriben o se cuentan oralmente en presente
cuando se desea imprimir mayor vivacidad y realismo
a la acción. Se suele decir que no deben mezclarse los
tiempos: si se ha comenzado en presente, debe continuarse
el relato en presente; y si se ha comenzado en pasado,
debe continuarse en pasado. Ésta es una buena recomendación
en términos generales pero no debe tomarse al pie de
la letra. Es perfectamente lícito que alguien comience
a relatar algo en pasado y que, al llegar un momento
culminante y vivaz del relato, pase al presente. Es
recomendable (aunque no obligatorio) que en esos casos
la transición esté marcada por expresiones tales como
“Entonces”, o “En ese momento”, etcétera. Veamos el
siguiente ejemplo:
La tarde transcurría plácidamente. Todos estábamos reunidos
en el jardín conversando cuando de pronto hirió nuestros
oídos un estruendo infernal y nos sentimos sacudidos
por una fuerza terrible. Parecía que un rayo hubiera
caído muy cerca de nosotros. Entonces veo que todo
es desorden: cada uno corre para donde puede, algunos
gritan, otros caen al suelo. Yo trato de mantener
la calma y de observar qué es lo que pasa. Afortunadamente,
no hay ningún herido.
Después
del adverbio de tiempo “Entonces” se produce la transición
del relato en pasado al relato en presente: es obvio
que con este recurso se busca dar más vivacidad y dramatismo
a la última parte de la narración. En la citada novela
de Vargas Llosa el autor se vale de un recurso interesante:
todo está escrito en pasado, excepto las partes que
son protagonizadas por ciertos personajes determinados,
como el llamado Galileo Gall. No se trata aquí de que
estos pasajes adquieran mayor vivacidad y dramatismo
que los otros, sino de establecer una diferencia que
podríamos calificar de ambiental, o concerniente
a la atmósfera del relato. Con este recurso hay algunas
partes que se destacan simplemente por su atmósfera,
constituida por el relato en tiempo presente.
En
cuanto al futuro, interviene en algunos relatos solamente
de manera relativa: futuro con respecto a un pasado
remoto, pero pasado con respecto a un pasado más reciente.
Veamos un ejemplo:
San
Martín llegó al Río de la Plata y rápidamente entró
en combate contra las fuerzas realistas. Luego se
trasladó a Mendoza y comenzó a preparar el ejército
de los Andes. A partir de ese momento todos sus esfuerzos
estarán dedicados a lograr la liberación de la Argentina,
Chile y Perú. Sin embargo, a partir de su encuentro
personal con Bolívar en Guayaquil, decidió abandonar
la empresa y retirarse.
Las
dos primera oraciones se refieren a un cierto pasado.
La tercera oración describe sucesos futuros respecto
de aquel pasado, pero que son también pasados respecto
de un pasado más próximo, como el que ejemplifica la
cuarta oración. De todas maneras, estas mezclas de tiempos
(pasado con presente, pasado con futuro relativo) deben
ser manejadas con cuidado y respondiendo siempre a una
determinación consciente del autor, tomada para lograr
cierto objetivo.
DESCRIPCIONES
Y RELATOS
Recomendaciones
básicas. Las siguientes
recomendaciones están dirigidas a principiantes, es
decir, a personas que no tienen una amplia experiencia
en redacción.
1º)
Si el texto es breve conviene mantener siempre el mismo
tiempo (pasado o presente) desde el principio hasta
el fin. Si el tiempo elegido es el pasado, esta recomendación
no implica que deba usarse siempre el mismo tiempo
de la conjugación, por ejemplo, el indefinido; el
uso de cualquiera de los cinco pretéritos del modo indicativo
y de los tres del subjuntivo debe adaptarse a las formas
gramaticales de cada oración. El siguiente ejemplo de
descripción pertenece al Capítulo I de la novela El
príncipe de los lirios, del escritor argentino contemporáneo
Eduardo Gudiño Kieffer:
La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma
circular, estaba rodeada por la Casa de la Reina y
por la de cada una de sus concubinas. Dominaba a las
demás desde el único altozano en la mayor de las islas.
Allí vivía Parehu-samok con algunos guerreros y unos
poco varones iniciados; allí deseaba vivir yo cuando
llegara el momento de mi propia iniciación, prevista
para la época –entonces me parecía lejanísima- en
que asoman los primeros vellos en la ingle y en los
sobacos. Me parecía una fortaleza inexpugnable, quizá
porque nunca fue arrasada por las feroces inundaciones
que sobrevenían en la estación de las lluvias.
Esta
descripción está hecha en pasado y el tiempo verbal
básico o dominante es el imperfecto del indicativo,
pero aparecen también, por necesidades gramaticales,
el imperfecto del subjuntivo y el indefinido del indicativo.
En realidad éste (nunca fue arrasada)
podría sustituirse por el pluscuamperfecto del indicativo
(nunca había sido arrasada): ambos son
igualmente válidos en esta ocasión. Hay entre ellos
una diferencia sutil que no analizaremos. Merece destacarse
el uso de un tiempo presente del indicativo: ¿hay aquí
un cambio temporal en el relato?
El
siguiente ejemplo de relato pertenece al Capítulo XV
de la misma obra:
A la mañana siguiente, obedeciendo sin duda a órdenes
de la Impredecible, me bañaron, me ungieron, me peinaron
y me vistieron con un simple faldellín, me calzaron
sandalias de cuero, me adornaron tan sólo con hilos
de oro que descendían despectivamente de mi cuello
de pájaro hacia mi pecho magro y hundido, como humillados
por tener que brillar contra tanto marchitamiento
precoz. Supuse que era el atuendo adecuado para una
visita o paseo menos solemne que el realizado cuando
las festividades del Opet. No me equivocaba. Dos esclavos
negros como la pez y fatigados como las dunas del
desierto, me condujeron ante la presencia de Hapsetsut.
El
tiempo verbal dominante en este relato es el pretérito
indefinido del indicativo (bañaron,
ungieron, supuse, condujeron), como sucede muy a menudo en las narraciones. Aparecen, sin embargo,
por razones estrictamente gramaticales, dos pretéritos
imperfectos (descendían, equivocaba). Hay también dos infinitivos
(tener,
brillar), un gerundio (obedeciendo) y varios participios (hundido, humillados, realizado). Estos últimos no están
usados como formas verbales sino como adjetivos, lo
que se advierte porque están referidos a sustantivos
y, en consecuencia, se hallan sujetos a una eventual
variación de género.
2º)
En textos breves también conviene mantener la descripción
o el relato en la misma persona, primera, segunda o
tercera.
3º)
En los comienzos de la ejercitación en redacción conviene
construir frases breves y sencillas, separadas por punto
o por punto y coma. Hay grandes escritores, como Borges,
que tienen predilección por las frases breves. Veamos
este fragmento del ya citado cuento Emma Zunz:
Cuando se quedó sola, Emma no abrió enseguida los ojos.
En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado
el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes
había roto la carta. Romper dinero es una impiedad,
como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo.
Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se
perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El
asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente
se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no
quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba.
Sería
interesante analizar el uso que Borges hace de los signos
de puntuación en este texto.
4º)
Evitar la repetición de palabras próximas, así como
la formación de rimas chocantes. Por ejemplo:
En esa ocasión hubo mucha emoción.
Para
reemplazar una palabra por otra más o menos equivalente
es muy útil el diccionario de Sinónimos que contiene
el procesador de texto Word a partir del Word
95, que es de muy fácil manejo. Tales “sinónimos”
no lo son exactamente. Corresponden más bien a lo que
se suele denominar Diccionario de ideas afines.
5º)
En general no corresponde poner coma inmediatamente
después del sujeto. Por ejemplo, en vez de escribir
El hombre que manejaba el automóvil, se distrajo y estuvo
a punto de provocar un accidente
corresponde
escribir
El hombre que manejaba el automóvil se distrajo y estuvo
a punto de provocar un accidente.
Se
puede poner coma cuando el sujeto es muy largo. Por
ejemplo:
El hombre que había salido del castillo en estado lamentable
y fatigado por quién sabe qué peregrinajes que lo
habrían llevado a ambular por extrañas comarcas y
a afrontar insospechados peligros, se detuvo un momento
para escrutar el horizonte antes de reiniciar su marcha.
En
esta oración el sujeto se extiende desde el comienzo
(El hombre) hasta insospechados peligros;
debido a su longitud, es aconsejable poner una coma
al finalizar, o sea antes de la expresión verbal se
detuvo.
También
corresponde poner coma al finalizar el sujeto cuando
éste concluye con una frase explicativa o con una enumeración
en la que se han usado comas; por ejemplo, en uno de
los citados fragmentos de Gudiño Kieffer se lee:
La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma
circular, estaba rodeada por la Casa de la Reina y
por la de cada una de sus concubinas.
Aquí
el sujeto es La morada de mi padre o Casa de los
Hombres, de forma circular. Corresponde poner coma
debido a la presencia de la frase explicativa de
forma circular, que ya de por sí va entre comas.
Un
caso de enumeración que se extiende hasta el final del
sujeto es el siguiente:
La mujer que vendía rosas, jazmines, claveles, decidió
cambiar de lugar.
En
este caso corresponde sin lugar a dudas poner coma a
continuación de claveles, pero un caso más dudoso
es el siguiente:
La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles, decidió
cambiar de lugar.
En
este caso se puede usar la coma para dar fin a la enumeración
pero no sería incorrecto omitir la coma. En cambio,
en el siguiente ejemplo:
La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles en la
esquina de mi casa decidió cambiar de lugar,
el
sujeto es La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles
en la esquina de mi casa, en el cual hay una enumeración
pero ésta no se extiende hasta el final, debido a la
presencia de la frase en la esquina de mi casa;
en consecuencia, no corresponde poner coma.
6º)
Respetar las concordancias. No usar el presente del
subjuntivo cuando corresponde el pretérito imperfecto.
(Por ejemplo, vaya en vez de fuera). El
presente del subjuntivo está referido siempre al presente
o al futuro, pero nunca al pasado. Ejemplo de presente
del subjuntivo (crea) referido al presente:
No es que yo crea que hay fantasmas, pero...
En
este caso se admite la expresión verbal hay en
presente del indicativo; es más correcto (aunque menos
usual) colocar el verbo haber en presente del
subjuntivo:
No es que yo crea que haya fantasmas, pero...
Ejemplo
de presente del subjuntivo (vaya) referido al
futuro:
No creo que yo mañana vaya a Córdoba.
En
cambio, no es correcto usar el presente del subjuntivo
(vaya) referido al pasado:
Cuando lo encontré me pidió que vaya enseguida a buscar
a su hermano.
En
este caso lo correcto es usar el pretérito del subjuntivo,
fuera:
Cuando
lo encontré me pidió que fuera enseguida a buscar
a su hermano.
Ejercicio
8. En el marco de estas recomendaciones básicas,
indicar si los siguientes textos son objetables o inobjetables,
usando para ello las letras O e I respectivamente:
(a)
El
que suscribe se dirige a usted para solicitarle quiera
acordarle una entrevista antes de que finalice el presente
año, debido a que a partir del próximo cambiarán las
normativas vigentes. Aprovecho la oportunidad para saludarlo
con mi consideración más distinguida.
(b)
Tengo
interés en estudiar en esa universidad porque es la
universidad que mejor se adapta a mis expectativas.
(c)
El
hombre que había estudiado diversas disciplinas, poemas,
obras de música, decidió escribir un libro para relatar
sus experiencias intelectuales.
(d)
El
hombre que había estudiado diversas disciplinas, decidió
escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.
(e)
El
hombre que había estudiado diversas disciplinas decidió
escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.
(f)
Yo
no estoy seguro de que las cosas son como tú las refieres.
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