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para la articulación Universidad - Escuela Media

LENGUA Y REDACCIÓN
Prof. Jorge Bosch

MODALIDAD TUTORIAL
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CLASE 2. Nociones elementales de redacción. En primera, segunda y tercera personas. Singular y plural. Tiempos pasado, presente y futuro. Descripciones y relatos. Recomendaciones básicas. 

PERSONA  Y NÚMERO 

Siguiendo una costumbre derivada de las teorías de la comunicación y de la lingüística, llamaremos emisor al que dice o escribe un texto, y receptor al que lo recibe (escucha o lee).

Primera persona, singular y plural. La redacción en primera persona puede incluir o no el pronombre personal “Yo”, cuyos equivalentes en inglés y francés, “I” y “Je”, son obligatorios salvo en pocos casos de excepción. En español, en italiano y en portugués, el uso de este pronombre es optativo y se acomoda a las intenciones del emisor (hablante o escribiente). Por ejemplo, se puede iniciar una redacción escribiendo

Yo fui testigo de esos acontecimientos,

o bien

Fui testigo de esos acontecimientos.

Como recomendación general (aunque de ninguna manera obligatoria) se puede decir que se utiliza el pronombre “Yo” cuando se quiere poner énfasis en la actuación personal del emisor, y no se lo utiliza en caso contrario. Por ejemplo, en el siguiente texto se advierte que el emisor desea poner énfasis en su actuación personal:

Yo fui testigo de esos acontecimientos y recuerdo con toda claridad cómo sucedieron las cosas. Por eso puedo hablar con conocimiento de causa.

Es obvio que basta el pronombre “Yo” en la primera oración. Sería tal vez un exceso de énfasis (aunque en algún caso pueda justificarse) repetir el pronombre en la segunda oración: Por eso yo puedo hablar con conocimiento de causa. Este mayor énfasis da al texto un tono desafiante: parecería que el emisor quisiera decir “yo puedo hablar con conocimiento de causa pero otros no”.

En cambio, en el siguiente texto el emisor parece no tener interés en asumir un papel protagónico:

Fui testigo de los acontecimientos pero no recuerdo bien lo que sucedió. Prefiero no hablar de eso.

El comienzo de las cartas y de las presentaciones personales suele no incluir el pronombre “Yo”:

Tengo el agrado de dirigirme a usted para solicitarle una entrevista, a fin de poder exponer las razones que motivaron mi conducta en los sucesos recientes.

Éste es otro caso análogo:

Soy periodista egresado de la Universidad XXX y desearía poder realizar una visita a la empresa YYY con el objeto de escribir una nota para el periódico ZZZ.

También cuando se presentan antecedentes o se dan datos autobiográficos se suele omitir el pronombre “Yo”:

Nací el 20 de octubre de 1895. Estudié y me recibí en la Escuela Normal de Paraná y luego me desempeñé como profesor en diversos institutos de enseñanza.

Este uso del pronombre personal para señalar mayor protagonismo, énfasis o interés, se extiende a la segunda y a la tercera personas (y también a los correspondientes plurales). Ejemplos para la segunda persona son:

[Con énfasis] Te digo que tú eres el responsable de...

[Con menos énfasis] Te digo que tú eres responsable de...

[Sin énfasis] Te digo que eres responsable de...

Y para la tercera persona:

[Con énfasis] Ramón vino y él fue quien me agredió

[Sin énfasis] Ramón vino y me agredió

Para los relatos literarios en primera persona (cuentos, novelas, crónicas de viajes) vale la recomendación efectuada más arriba: en general se omite “yo”, salvo cuando se desea poner énfasis en la actuación personal o cuando se hace una presentación mencionando el nombre del que se presenta. Por ejemplo, la crónica llamada Viaje al Río de la Plata, del soldado y viajero alemán Ulrich (Ulrico) Schmidl, que formó parte de la expedición de Pedro de Mendoza, comienza con un largo título según la usanza de la época:

En que se trata de la ruta y viaje que yo, Ulrico Schmidl, de Straubing, hice en el año 1534, A.D., partiendo el 2 de agosto de Amberes, arribando per mare a España y más tarde a Las Indias, todo por la voluntad de Dios Todopoderoso.

A veces el relato comienza en primera persona y luego continúa o termina en tercera. Este recurso se suele utilizar para conseguir un efecto de sorpresa. Caso típico es el cuento La casa de Asterión, de Jorge Luis Borges, que comienza de este modo:

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias.

Nótese el cuidadoso uso que hace Borges del pronombre personal de primera persona: en la primera frase lo omite (Sé que me acusan...) pero en la segunda y entre paréntesis lo coloca explícitamente (que yo castigaré...), para asumir protagonismo y dar énfasis a la advertencia. El relato continúa así, en primera persona, describiendo la casa en que vive el relator, quien dice que se llama Asterión y proporciona algunos curiosos datos sobre su casa y su forma de vida. Habla finalmente de alguien que llegará y será su redentor. A propósito de este personaje se pregunta:

¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El relato de Asterión se interrumpe allí y el breve texto con que termina el cuento está escrito en tercera persona, lo que arroja una luz repentina sobre lo que se acaba de leer. Éste es el final:

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

De este modo nos enteramos de que Asterión era el minotauro y de que su casa era el célebre laberinto de Creta. Borges insinúa de este modo que el minotauro tomó a Teseo por su redentor.

Hay otros ejemplos literarios en los que se procede al revés: hay un comienzo en tercera persona y luego un largo desarrollo en primera. Tal es el caso de la novela De sobremesa, del poeta y escritor colombiano de fines del siglo XIX José Asunción Silva. Comienza en tercera persona describiendo una reunión de amigos en la que, después de varios diálogos, uno de ellos pide al protagonista, José Fernández, que lea una de sus obras. Éste accede y lee una novela escrita en primera persona, en forma de diario, en la que se relata lo ocurrido en fechas y lugares determinados. Ésta es la verdadera novela que nos ofrece José Asunción Silva, para la cual la primera parte, mucho más breve, sirve de ambientación e introducción.

La primera persona plural, caracterizada por el pronombre nosotros, tiene dos usos: el real y el simbólico. El uso real es el que corresponde cuando el emisor es un sujeto colectivo, es decir, formado por dos o más personas. Una carta firmada por varias personas puede comenzar así:

Tenemos el agrado de dirigirnos a usted...

El uso simbólico es el que tiene lugar cuando un sujeto singular se expresa en plural, o bien para dar al escrito un tono de impersonalidad o de modestia, o bien cuando se desea asumir una representación colectiva. Ejemplo del primer caso sería el del autor de un libro científico que escribiera, por ejemplo:

En el capítulo anterior dijimos que...

El segundo caso es más protocolar y solemne. Por ejemplo, el rey de España puede decir, en determinadas circunstancias:

Nos, el Rey... 

Ejercicio 6. Colocar el pronombre personal de primera o de segunda persona que corresponda (yo o tú), en los casos en que parezca adecuado colocarlo. (Decimos que “parezca adecuado” porque los ejercicios de este tipo no tienen solución exacta y en cambio tiene bastante importancia el “parecer” de cada uno):

(a)    He llegado a la conclusión de que eres el culpable. ¿No te da vergüenza?

(b)   He llegado a la conclusión de que eres culpable, pero también creo que has procedido de buena fe.

(c)    He llegado a esta conclusión por mí mismo; no me lo han contado.

(d)   ¿Es cierto que has dicho esas palabras que me ofenden?

(e)    Si es cierto que dijiste eso, me parece muy bien. 

Segunda persona. La segunda persona se usa casi exclusivamente en la conversación, en conferencias, en cartas o en notas dirigidas a algún funcionario. Rara vez se utiliza en la literatura, salvo en los diálogos: tiene importante uso en las novelas de género epistolar, construidas sobre la base de cartas. Entre las más célebres figura Werther, de Goethe, una de las primeras manifestaciones del romanticismo literario.

Con respecto a la segunda persona conviene hacer algunas aclaraciones:

1º) En España y en casi todo el mundo de habla española la segunda persona del singular está caracterizada por los pronombres personales , ti, y te, y por las formas verbales amas, tienes, sientes, etcétera. En la Argentina y en otros muy pocos lugares se usa el pronombre vos en sustitución de y de ti, y las formas verbales amás, tenés, sentís, etcétera, pero se mantiene el uso del pronombre te: Espero que este libro te guste. Es curioso que el término vos haya quedado como representativo de un tratamiento familiar, porque parece ser el remanente de un tratamiento antiguo mucho más respetuoso y distante: Me dirijo a vos, señor, para pediros que os ocupéis de mis infortunios. De manera análoga, las formas verbales de los verbos de primera y segunda conjugación, como amás y tenés, parecen ser deformaciones del antiguo tratamiento amáis y tenéis. No es una deformación, en cambio, el uso argentino de la segunda persona correspondiente a los verbos de la tercera conjugación, como sentís, que coincide exactamente con la segunda persona del plural de la conjugación oficial española.

2º) Lo que hemos llamado “antiguo tratamiento” consiste en usar la segunda persona del plural para dirigirse a una persona singular. Pero demás está decir que la segunda persona del plural del tipo de vosotros amáis, tenéis, sentís, es plenamente actual en España, aunque no en América Latina. En esta región se sustituye “vosotros” por “ustedes” y los verbos en segunda persona del plural por los correspondientes en tercera persona del plural: Ustedes aman, tienen, sienten.

3º) La segunda persona del singular para el tratamiento respetuoso y no familiar es idéntica en España y en América Latina, incluida la Argentina: está formada por el pronombre usted y por los verbos en tercera persona singular: Usted ama, tiene, siente. Pero la segunda persona del plural, como Vosotros amáis, tenéis, sentís, ha caído totalmente en desuso en América Latina y tiene, en esta región, el aspecto de un uso excesivamente protocolar y respetuoso. Sin embargo, en España es índice de familiaridad y confianza. Se puede decir que el uso de vosotros es la forma plural del tuteo. En cambio, cuando no hay tanta confianza se usa ustedes y los verbos en tercera persona plural. En América Latina se usa siempre ustedes, haya o no confianza. 

Tercera persona. La tercera persona es la más habitual en los relatos, tanto literarios como periodísticos: Juan se despidió de María y le hizo un regalo. En el caso del periodismo, inclusive cuando el autor de una nota o de un reportaje quiere referirse a sí mismo, usa la tercera persona en vez de la primera: Este cronista vio que el automóvil atropelló a una persona. 

 

LOS TIEMPOS 

Casi todos los relatos, tanto los de la vida cotidiana como los literarios y los periodísticos, se expresan en tiempo pasado (o pretérito) usando fundamentalmente, aunque no únicamente, el pretérito indefinido, sobre todo cuando se desea dar cuenta de sucesos que son los que van dando lugar, paso a paso, al desarrollo del relato. Por ejemplo: dijo, fue, salió, comieron, aguardaron. El cuento Emma Zunz, de Borges, comienza así:

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto.

Los verbos que describen la acción de la protagonista, como halló, supo, están en pretérito indefinido. Sólo se emplea el pretérito pluscuamperfecto, había muerto, para indicar algo ocurrido antes del momento en que se desarrolló la acción principal.

En cambio, cuando no se relata paso a paso lo que va sucediendo en un determinado momento, sino que se quiere dar una idea de lo que sucedía habitualmente en una cierta época, se usa el pretérito imperfecto: amaba, amabas, amaba, amábamos, amabais, amaban. La novela La guerra del fin del mundo, del escritor peruano contemporáneo Mario Vargas Llosa, comienza así:

El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes y sus ojos ardían con fuego perpetuo. Calzaba sandalias de pastor y la túnica morada que le caía sobre el cuerpo recordaba el hábito de esos misioneros que, de cuando en cuando, visitaban los pueblos del sertón bautizando muchedumbres de niños y casando a las parejas amancebadas.

Se ve que el autor no está contando una anécdota que va sucediendo más o menos con el mismo ritmo con que se la cuenta, sino que refiere hechos que sucedieron con cierta frecuencia durante un período de tiempo. Esto se hace más nítido en el segundo párrafo de la obra:

Aparecía de improviso, al principio solo, siempre a pie, cubierto por el polvo del camino, cada cierto número de semanas, de meses.

Está claro que si se usara el indefinido, diciendo Apareció de improviso, esto causaría la impresión de un hecho singular que sucedió una sola vez.

Es conveniente recordar siempre que, cuando interviene una oración subordinada mediante la conjunción que, los pretéritos del indicativo concuerdan con el imperfecto del subjuntivo y, en algunos casos excepcionales, con el presente del subjuntivo: Me pidió que le diera dinero. (Pidió: pretérito indefinido del indicativo; diera, pretérito imperfecto del subjuntivo). Las dos acciones son pretéritas: la de pedir y la de dar. En cambio, si en la subordinada aparece el presente del subjuntivo, como en Me pidió que le dé dinero, el significado es otro. Esta última oración podría reformularse, dando más datos temporales, así: En aquel momento me pidió que ahora le dé dinero. Es decir que el pedido se formuló en el pasado (pretérito indefinido del indicativo) pero el cumplimiento del pedido debe realizarse ahora (presente del subjuntivo). Es obvio que esta situación, si bien puede darse en la realidad o en la ficción, es mucho menos frecuente que la anterior, en la que las dos acciones ocurren en tiempo pasado. Sin embargo, aún en este caso especial se puede argüir que al decir Me pidió que ahora le dé dinero estoy relatando algo totalmente referido al pasado, aunque sus efectos se hagan sentir en el presente; luego, correspondería enunciar todo en tiempo pretérito y decir Me pidió que ahora le diera dinero. Como se trata de interpretaciones y de diferencias sutiles, pueden aceptarse ambas formas. El siguiente es un ejemplo de concordancia del pluscuamperfecto del indicativo (habían llevado) con el imperfecto del subjuntivo (pidiera). Se trata de una oración muy compleja, que conviene analizar con detenimiento. Pertenece a la citada novela de Vargas Llosa:

Casi al amanecer, cuando los vecinos, que habían rezado y cantado y le habían llevado sus hijos enfermos para que pidiera a Dios su curación y que le habían contado sus aflicciones y preguntado por lo que les reservaba el futuro, se hubieron ido, y los discípulos ya se habían echado a dormir, como lo hacían siempre, sirviéndose recíprocamente de almohadas y abrigo, el Beatito, en la actitud de reverencia extrema en la que se acercaba a comulgar, se llegó, vadeando los cuerpos andrajosos, hasta la silueta oscura, morada, que apoyaba la hirsuta cabeza en uno de sus brazos.

La citada concordancia aparece al comienzo: “...le habían llevado [pretérito pluscuamperfecto del indicativo] sus hijos enfermos para que pidiera [pretérito imperfecto del subjuntivo] a Dios su curación...” 

Análisis de la oración. Esta oración de Vargas Llosa se presta para realizar un instructivo análisis gramatical. Veamos. En su primera aparición la palabra “que”, que a menudo funciona como conjunción (cuando une dos oraciones, una principal y la otra subordinada) es ahora pronombre, pues se refiere al sujeto los vecinos, del que se afirma algo. ¿Qué se afirma acerca de los vecinos? Esto: habían rezado y cantado y le habían llevado sus hijos enfermos para que pidiera a Dios su curación. En este caso la palabra “que” no une dos oraciones porque “los vecinos” no es una oración sino una expresión sustantivada; luego, en este empleo “que” no es conjunción. En la oración parcial que acabamos de transcribir (con tres verbos principales, habían rezado, habían cantado y habían llevado, lo que la hace equivalente a tres oraciones) aparece nuevamente la palabra “que”, pero ahora vuelve a ser conjunción, pues une a la oración le habían llevado sus hijos enfermos, con la subordinada pidiera a Dios su curación. El pluscuamperfecto del indicativo, habían llevado, concuerda con el imperfecto del subjuntivo, pidiera (sujeto tácito: él.). La siguiente aparición de la palabra “que”, en y que le habían contado sus aflicciones, vuelve a ser pronombre, pues está en el mismo nivel que la primera aparición de “que” y se refiere, igualmente, al sujeto los vecinos. A continuación, la conjunción “y” une a esta última oración con otra de su mismo nivel, a saber, [habían] preguntado por lo  que les reservaba el futuro. En esta oración hay una principal, habían preguntado, y una subordinada, lo que les reservaba el futuro, unidas por la palabra “por”, que habitualmente es preposición pero aquí se desempeña como conjunción, porque une dos oraciones. En la subordinada el sujeto es el pronombre neutro “lo”, y la aparición de la palabra “que” que le sigue vuelve a ser pronombre porque se refiere al sujeto “lo”. A continuación aparece el verbo reflexivo se hubieron ido. ¿A quién se refiere? Evidentemente, al sujeto los vecinos. Este verbo está en pretérito anterior del indicativo, lo cual sugiere que se trata de una acción concluida antes de que se ejecutara otra acción. Esta otra acción aparece más adelante, y es se llegó, referida al sujeto el Beatito. Pero antes de este sujeto aparece otra oración del mismo nivel que la que tiene por sujeto a los vecinos y que está, como ella, directamente relacionada con el adverbio “cuando”, que aparece al principio. Esta otra oración, que debe interpretarse como referida a las primeras palabras, a saber, Casi al amanecer, cuando..., es la siguiente: los discípulos ya se habían echado a dormir, como lo hacían siempre, sirviéndose recíprocamente de almohadas y abrigo. Esta oración está unida por la conjunción “y” a la que tiene por sujeto los vecinos, y es de su mismo nivel. ¿Por qué estas dos oraciones, que son del mismo nivel y están simplemente unidas por la conjunción “y”, presentan verbos en distintos tiempos? En efecto: la que tiene por sujeto los vecinos presenta el verbo en pretérito anterior, se hubieron ido; y la que tiene por sujeto los discípulos presenta el verbo en pretérito pluscuamperfecto, se habían echado. La diferencia obedece a lo siguiente: la acción ejecutada por los vecinos estaba ya concluida cuando se realizó la acción ejecutada por el Beatito, se llegó; en cambio, la acción ejecutada por los discípulos continuaba, en cierto modo, cuando el Beatito se llegó hasta la silueta oscura. Esta proximidad entre la acción de echarse a dormir y la llegada del Beatito es enfatizada por el adverbio “ya”. Al llegar aquí advertimos que todo lo que se ha dicho está referido a la circunstancia expresada al comienzo por las palabras “Casi al amanecer, cuando”. Todo esto describe entonces una circunstancia en la que se realiza la acción se llegó, ejecutada por el Beatito. Es, entonces, lo que se llama un complemento circunstancial del verbo se llegó. Éste aparece así como el verbo principal de la oración global, y su sujeto es el Beatito. Vemos que hemos debido recorrer una buena parte de la oración global para dar por fin con el verbo principal y el sujeto. Los otros sujetos que hemos mencionado son sujetos de oraciones parciales. El largo complemento circunstancial que hemos analizado se denomina complemento circunstancial de tiempo, porque está regido por el adverbio “cuando” y la indicación temporal “casi al amanecer”. La frase en la actitud de reverencia extrema en la que se acercaba a comulgar, también está referida al verbo principal se llegó y es, a su vez, un complemento circunstancial, pero no es de tiempo sino de modo, pues indica una modalidad de ejecución de la acción de llegarse. La expresión vadeando los cuerpos andrajosos es también un complemento circunstancial de modo. Finalmente, la expresión hasta la silueta oscura, morada, que apoyaba la hirsuta cabeza en uno de sus brazos, es un complemento circunstancial (referido al verbo principal) que en este caso no es de tiempo ni de modo sino de lugar, pues indica el lugar al cual el Beatito se llegó. En este complemento aparece otra vez la palabra “que” como pronombre, pues está referida al sujeto la silueta oscura, morada. Por supuesto, este sujeto, como otros que ya hemos mencionado, es sujeto de una oración parcial. El sujeto de la oración global es, como queda establecido, el Beatito. 

Ejercicio 7. Indicar si las siguientes oraciones son correctas o incorrectas, usando las letras C e I respectivamente:

(a)    Después de la conversación le recomendó que a partir de ese momento estudie más.

(b)   Ayer me recomendó que vuelva precisamente hoy.

(c)    Ayer me recomendó que volviera precisamente hoy.

(d)   Siempre le había parecido mal que yo use aquel traje pasado de moda.

(e)    El difunto nunca creía que la suerte vaya a favorecerlo.

(f)     El difunto nunca creyó que la suerte iba a favorecerlo.

(g)    El difunto nunca creyó que la suerte fuera a favorecerlo. 

Hemos dicho que, por lo general, los relatos se cuentan o se escriben en tiempo pasado, pero no ocurre siempre así. Hay cuentos escritos íntegramente en presente, y en algunas novelas se alternan el presente y el pasado. Los relatos se escriben o se cuentan oralmente en presente cuando se desea imprimir mayor vivacidad y realismo a la acción. Se suele decir que no deben mezclarse los tiempos: si se ha comenzado en presente, debe continuarse el relato en presente; y si se ha comenzado en pasado, debe continuarse en pasado. Ésta es una buena recomendación en términos generales pero no debe tomarse al pie de la letra. Es perfectamente lícito que alguien comience a relatar algo en pasado y que, al llegar un momento culminante y vivaz del relato, pase al presente. Es recomendable (aunque no obligatorio) que en esos casos la transición esté marcada por expresiones tales como “Entonces”, o “En ese momento”, etcétera. Veamos el siguiente ejemplo:

La tarde transcurría plácidamente. Todos estábamos reunidos en el jardín conversando cuando de pronto hirió nuestros oídos un estruendo infernal y nos sentimos sacudidos por una fuerza terrible. Parecía que un rayo hubiera caído muy cerca de nosotros. Entonces veo que todo es desorden: cada uno corre para donde puede, algunos gritan, otros caen al suelo. Yo trato de mantener la calma y de observar qué es lo que pasa. Afortunadamente, no hay ningún herido.

Después del adverbio de tiempo “Entonces” se produce la transición del relato en pasado al relato en presente: es obvio que con este recurso se busca dar más vivacidad y dramatismo a la última parte de la narración. En la citada novela de Vargas Llosa el autor se vale de un recurso interesante: todo está escrito en pasado, excepto las partes que son protagonizadas por ciertos personajes determinados, como el llamado Galileo Gall. No se trata aquí de que estos pasajes adquieran mayor vivacidad y dramatismo que los otros, sino de establecer una diferencia que podríamos calificar de ambiental, o concerniente a la atmósfera del relato. Con este recurso hay algunas partes que se destacan simplemente por su atmósfera, constituida por el relato en tiempo presente.

En cuanto al futuro, interviene en algunos relatos solamente de manera relativa: futuro con respecto a un pasado remoto, pero pasado con respecto a un pasado más reciente. Veamos un ejemplo:

San Martín llegó al Río de la Plata y rápidamente entró en combate contra las fuerzas realistas. Luego se trasladó a Mendoza y comenzó a preparar el ejército de los Andes. A partir de ese momento todos sus esfuerzos estarán dedicados a lograr la liberación de la Argentina, Chile y Perú. Sin embargo, a partir de su encuentro personal con Bolívar en Guayaquil, decidió abandonar la empresa y retirarse.

Las dos primera oraciones se refieren a un cierto pasado. La tercera oración describe sucesos futuros respecto de aquel pasado, pero que son también pasados respecto de un pasado más próximo, como el que ejemplifica la cuarta oración. De todas maneras, estas mezclas de tiempos (pasado con presente, pasado con futuro relativo) deben ser manejadas con cuidado y respondiendo siempre a una determinación consciente del autor, tomada para lograr cierto objetivo. 

 

DESCRIPCIONES Y RELATOS 

Recomendaciones básicas.  Las siguientes recomendaciones están dirigidas a principiantes, es decir, a personas que no tienen una amplia experiencia en redacción. 

1º) Si el texto es breve conviene mantener siempre el mismo tiempo (pasado o presente) desde el principio hasta el fin. Si el tiempo elegido es el pasado, esta recomendación no implica que deba usarse siempre el mismo tiempo de la conjugación, por ejemplo, el indefinido; el uso de cualquiera de los cinco pretéritos del modo indicativo y de los tres del subjuntivo debe adaptarse a las formas gramaticales de cada oración. El siguiente ejemplo de descripción pertenece al Capítulo I de la novela El príncipe de los lirios, del escritor argentino contemporáneo Eduardo Gudiño Kieffer:

La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma circular, estaba rodeada por la Casa de la Reina y por la de cada una de sus concubinas. Dominaba a las demás desde el único altozano en la mayor de las islas. Allí vivía Parehu-samok con algunos guerreros y unos poco varones iniciados; allí deseaba vivir yo cuando llegara el momento de mi propia iniciación, prevista para la época –entonces me parecía lejanísima- en que asoman los primeros vellos en la ingle y en los sobacos. Me parecía una fortaleza inexpugnable, quizá porque nunca fue arrasada por las feroces inundaciones que sobrevenían en la estación de las lluvias.

Esta descripción está hecha en pasado y el tiempo verbal básico o dominante es el imperfecto del indicativo, pero aparecen también, por necesidades gramaticales, el imperfecto del subjuntivo y el indefinido del indicativo. En realidad éste (nunca fue arrasada) podría sustituirse por el pluscuamperfecto del indicativo (nunca había sido arrasada): ambos son igualmente válidos en esta ocasión. Hay entre ellos una diferencia sutil que no analizaremos. Merece destacarse el uso de un tiempo presente del indicativo: ¿hay aquí un cambio temporal en el relato?

El siguiente ejemplo de relato pertenece al Capítulo XV de la misma obra:

A la mañana siguiente, obedeciendo sin duda a órdenes de la Impredecible, me bañaron, me ungieron, me peinaron y me vistieron con un simple faldellín, me calzaron sandalias de cuero, me adornaron tan sólo con hilos de oro que descendían despectivamente de mi cuello de pájaro hacia mi pecho magro y hundido, como humillados por tener que brillar contra tanto marchitamiento precoz. Supuse que era el atuendo adecuado para una visita o paseo menos solemne que el realizado cuando las festividades del Opet. No me equivocaba. Dos esclavos negros como la pez y fatigados como las dunas del desierto, me condujeron ante la presencia de Hapsetsut.

El tiempo verbal dominante en este relato es el pretérito indefinido del indicativo (bañaron, ungieron, supuse, condujeron), como sucede muy a menudo en las narraciones. Aparecen, sin embargo, por razones estrictamente gramaticales, dos pretéritos imperfectos (descendían, equivocaba). Hay también dos infinitivos (tener, brillar), un gerundio (obedeciendo) y varios participios (hundido, humillados, realizado). Estos últimos no están usados como formas verbales sino como adjetivos, lo que se advierte porque están referidos a sustantivos y, en consecuencia, se hallan sujetos a una eventual variación de género. 

2º) En textos breves también conviene mantener la descripción o el relato en la misma persona, primera, segunda o tercera. 

3º) En los comienzos de la ejercitación en redacción conviene construir frases breves y sencillas, separadas por punto o por punto y coma. Hay grandes escritores, como Borges, que tienen predilección por las frases breves. Veamos este fragmento del ya citado cuento Emma Zunz:

Cuando se quedó sola, Emma no abrió enseguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba.

Sería interesante analizar el uso que Borges hace de los signos de puntuación en este texto. 

4º) Evitar la repetición de palabras próximas, así como la formación de rimas chocantes. Por ejemplo:

En esa ocasión hubo mucha emoción.

Para reemplazar una palabra por otra más o menos equivalente es muy útil el diccionario de Sinónimos que contiene el procesador de texto Word a partir del Word 95, que es de muy fácil manejo. Tales “sinónimos” no lo son exactamente. Corresponden más bien a lo que se suele denominar Diccionario de ideas afines. 

5º) En general no corresponde poner coma inmediatamente después del sujeto. Por ejemplo, en vez de escribir

El hombre que manejaba el automóvil, se distrajo y estuvo a punto de provocar un accidente

corresponde escribir

El hombre que manejaba el automóvil se distrajo y estuvo a punto de provocar un accidente.

Se puede poner coma cuando el sujeto es muy largo. Por ejemplo:

El hombre que había salido del castillo en estado lamentable y fatigado por quién sabe qué peregrinajes que lo habrían llevado a ambular por extrañas comarcas y a afrontar insospechados peligros, se detuvo un momento para escrutar el horizonte antes de reiniciar su marcha.

En esta oración el sujeto se extiende desde el comienzo (El hombre) hasta insospechados peligros; debido a su longitud, es aconsejable poner una coma al finalizar, o sea antes de la expresión verbal se detuvo.

También corresponde poner coma al finalizar el sujeto cuando éste concluye con una frase explicativa o con una enumeración en la que se han usado comas; por ejemplo, en uno de los citados fragmentos de Gudiño Kieffer se lee:

La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma circular, estaba rodeada por la Casa de la Reina y por la de cada una de sus concubinas.

Aquí el sujeto es La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma circular. Corresponde poner coma debido a la presencia de la frase explicativa de forma circular, que ya de por sí va entre comas.

Un caso de enumeración que se extiende hasta el final del sujeto es el siguiente:

La mujer que vendía rosas, jazmines,  claveles, decidió cambiar de lugar.

En este caso corresponde sin lugar a dudas poner coma a continuación de claveles, pero un caso más dudoso es el siguiente:

La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles, decidió cambiar de lugar.

En este caso se puede usar la coma para dar fin a la enumeración pero no sería incorrecto omitir la coma. En cambio, en el siguiente ejemplo:

La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles en la esquina de mi casa decidió cambiar de lugar,

el sujeto es La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles en la esquina de mi casa, en el cual hay una enumeración pero ésta no se extiende hasta el final, debido a la presencia de la frase en la esquina de mi casa; en consecuencia, no corresponde poner coma. 

6º) Respetar las concordancias. No usar el presente del subjuntivo cuando corresponde el pretérito imperfecto. (Por ejemplo, vaya en vez de fuera). El presente del subjuntivo está referido siempre al presente o al futuro, pero nunca al pasado. Ejemplo de presente del subjuntivo (crea) referido al presente:

No es que yo crea que hay fantasmas, pero...

En este caso se admite la expresión verbal hay en presente del indicativo; es más correcto (aunque menos usual) colocar el verbo haber en presente del subjuntivo:

No es que yo crea que haya fantasmas, pero...

Ejemplo de presente del subjuntivo (vaya) referido al futuro:

No creo que yo mañana vaya a Córdoba.

En cambio, no es correcto usar el presente del subjuntivo (vaya) referido al pasado:

Cuando lo encontré me pidió que vaya enseguida a buscar a su hermano.

En este caso lo correcto es usar el pretérito del subjuntivo, fuera:

Cuando lo encontré me pidió que fuera enseguida a buscar a su hermano. 

Ejercicio 8. En el marco de estas recomendaciones básicas, indicar si los siguientes textos son objetables o inobjetables, usando para ello las letras O e I respectivamente:

(a)    El que suscribe se dirige a usted para solicitarle quiera acordarle una entrevista antes de que finalice  el presente año, debido a que a partir del próximo cambiarán las normativas vigentes. Aprovecho la oportunidad para saludarlo con mi consideración más distinguida.

(b)   Tengo interés en estudiar en esa universidad porque es la universidad que mejor se adapta a mis expectativas.

(c)    El hombre que había estudiado diversas disciplinas, poemas, obras de música, decidió escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.

(d)   El hombre que había estudiado diversas disciplinas, decidió escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.

(e)    El hombre que había estudiado diversas disciplinas decidió escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.

(f)     Yo no estoy seguro de que las cosas son como tú las refieres.

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