PARTE
3. Las deducciones rigurosas
3.1.
Reglas de deducción.
3.1.A. Introducción.
La característica fundamental de todo razonamiento
riguroso consiste en asegurar que se pasa
de la verdad a la verdad; en otros términos,
consiste en asegurar que si los enunciados
que se toman como punto de partida son verdaderos,
las conclusiones también lo serán.
Los enunciados que se toman como punto de partida
en un razonamiento se llaman premisas.
Entonces podemos decir que un razonamiento riguroso
es aquél que permite asegurar que
de premisas verdaderas se pasa necesariamente a
conclusiones verdaderas. Se ha subrayado la palabra
“asegurar” porque en ella consiste,
precisamente, el carácter riguroso
del razonamiento. Si no tuviéramos esa seguridad
el razonamiento no sería riguroso, aunque
resultara exitoso en una gran cantidad de casos.
Ahora
bien: un razonamiento es siempre un mecanismo
que permite pasar de unos enunciados a otros.
Entonces:
| Un
razonamiento riguroso o deductivo es un mecanismo
que permite pasar con seguridad de
premisas verdaderas a conclusiones verdaderas. |
Si
se pasa de ciertas premisas a una conclusión
mediante un razonamiento riguroso, se dice que se
ha efectuado una deducción
o una inferencia.
3.1.B.
El silogismo. El razonamiento
por silogismos fue introducido y estudiado con gran
detalle por Aristóteles (siglo IV a.J.C.)
en su obra Primeros Analíticos.
Consiste en un mecanismo por el cual de dos premisas
se obtiene una conclusión, de manera tal
que si ambas premisas son verdaderas la conclusión
también lo es. Esto no basta para definir
el razonamiento silogístico pero, en vez
de completar su definición en forma puramente
teórica, la daremos a entender mediante ejemplos.
El
ejemplo más conocido y trillado de silogismo
es el siguiente:
Todos
los hombres son mortales
Sócrates es hombre
Luego: Sócrates es mortal
Los
dos primeros enunciados son las premisas (que en
este caso son verdaderas). El tercer enunciado,
“Sócrates es mortal”, es la conclusión,
que se desprende de las premisas y es necesariamente
verdadera.
Se
puede poner en evidencia el mecanismo de
este razonamiento dejando de lado los aspectos particulares
del mismo, como “hombre”, “mortal”
y “Sócrates”. Si reemplazamos
estos términos por entidades abstractas designadas
por letras cualesquiera, como S, P y A,
obtenemos este esquema:
Todos
los S son P
A es S
Luego: A es P.
Si
las dos premisas son verdaderas podemos tener la
seguridad de que la conclusión también
lo es. ¿Qué sucede si las premisas
no son ambas verdaderas? El mecanismo se aplica
igualmente pero perdemos la seguridad de que la
conclusión sea verdadera: puede serlo o no.
Ejemplo
de silogismo con una premisa falsa y conclusión
verdadera: reemplazamos S por argentinos,
P por americanos y A por
George Washington (refiriéndonos
al primer presidente de los Estados Unidos):
Todos
los argentinos son americanos
George Washington es argentino
Luego: George Washington es americano.
Ejemplo de silogismo con las dos premisas falsas
y conclusión verdadera:
Todos
los africanos son americanos
George Washington es africano
Luego: George Washington es americano
Ejemplo
de silogismo con una premisa falsa y conclusión
falsa:
Todos
los africanos son americanos
Nelson Mandela es africano
Luego: Nelson Mandela es americano
Ejemplo
de silogismo con las dos premisas falsas y conclusión
falsa:
Todos
los africanos son americanos
Napoleón Bonaparte es africano
Luego: Napoleón Bonaparte es americano
Observación.
En este tipo de silogismo la segunda premisa
puede contener un sujeto no necesariamente individual
(como Sócrates, George Washinton, el ratón
Mickey, etc.) sino genérico: por ejemplo,
los mendocinos, como se ve en el siguiente
ejemplo:
Todos
los argentinos son americanos
Todos los mendocinos son argentinos
Luego: Todos los mendocinos son americanos
El
esquema general sería entonces éste:
Todos
los S son P
Todos los Q son S
Luego: Todos los Q son P
Aclaración
sobre la palabra “todos”. Esta
palabra se toma en lógica de manera tal que
pueda referirse a un solo caso. Por ejemplo, para
incluir en el último esquema al famoso silogismo
sobre Sócrates que vimos al principio, deberíamos
proceder así:
Todos
los hombres son mortales
Todos los individuos idénticos a Sócrates
son hombres
Luego: Todos los individuos idénticos
a Sócrates son mortales
En
ciertos silogismos se usan las palabras “algunos”
y “ningún”. Ejemplos de utilización
de “algunos”:
Todos
los ladrones son punibles
Algunos argentinos son ladrones
Luego: Algunos argentinos son punibles
Este
silogismo responde al siguiente esquema:
Todos
los S son P
Algunos Q son S
Luego: Algunos Q son P
Aclaración
sobre la palabra “algunos”. Esta
palabra se toma en lógica con su significado
más amplio: esto significa que con “algunos”
podemos referirnos también a un solo individuo,
como Sócrates. Con la terminología
del esquema que acabamos de ofrecer, basta que exista
un Q que sea S para que la segunda
premisa sea verdadera.
Los lógicos escolásticos medievales
retomaron la obra de Aristóteles y le agregaron
numerosos detalles. Se distinguieron cuatro Figuras
según la forma gramatical de las premisas.
Con referencia a los esquemas precedentes, los términos
del silogismo son S, P y Q, y
además S se denomina término
medio porque desaparece en la conclusión
y hace de intermediario entre los dos términos
que figuran en ésta: Q y P.
La primera figura, a la que pertenecen todos los
ejemplos dados hasta ahora, se caracteriza por el
hecho de que el término medio (S) es sujeto
en la primera premisa y predicado en la segunda.
En cambio, en la llamada segunda Figura, el término
medio es predicado en ambas premisas. En el siguiente
ejemplo el término medio “argentinos”
es predicado en ambas premisas, por lo cual el silogismo
pertenece a la segunda Figura:
Todos
los cordobeses son argentinos
Algunos habitantes de la Argentina no son argentinos
Luego: Algunos habitantes de la Argentina no
son cordobeses
El
esquema general de este tipo de silogismo es el
siguiente (donde seguimos llamando S al
término medio):
Todo
P es S
Algunos Q no son S
Luego: Algunos Q no son P
Se
recomienda tener en cuenta las aclaraciones precedentes
acerca de las palabras “todos” y “algunos”.
Un
ejemplo en el que se emplea la palabra “ningún”
es el siguiente (correspondiente a la segunda Figura):
Ningún
argentino es africano
Algunos residentes en Europa son africanos
Luego: Algunos residentes en Europa no son argentinos
Este
silogismo responde al siguiente esquema, en el que
continuamos llamando S al término
medio :
Ningún
P es S
Algunos Q son S
Luego: Algunos Q no son P
No expondremos la clasificación completa
de los silogismos. Bástenos decir que las
cuatro Figuras se distinguen según la función
gramatical del término medio en las premisas
(según que figure como sujeto o como predicado).
Cada Figura, a su vez, se divide en Modos.
Estos modos tienen que ver con la aparición
de las palabras Todos, Algunos y Ninguno
en las premisas y en la conclusión. Pero
no nos detendremos en este punto. Baste decir que
la primera y la segunda figura constan de cuatro
modos cada una, la tercera figura tiene seis y la
cuarta tiene cinco.
Interpretación gráfica. Con
las aclaraciones efectuadas sobre las palabras “todos”
y “algunos”, los silogismos admiten
una interesante interpretación gráfica
mediante los llamados diagramas de Venn,
que expondremos en texto aparte.
3.1.C. El modus ponens.
Ésta es una regla de deducción rigurosa
que también tiene origen medieval (como delata
su nombre latino). Para poder estudiarla debemos
decir algunas palabras acerca de los enunciados
condicionales, los cuales, dicho sea de paso, también
fueron estudiados por Aristóteles.
| Enunciado
condicional es todo enunciado compuesto
de la forma “Si... entonces...”,
sobrentendiendo que los puntos suspensivos
indican a su vez enunciados o
proposiciones. La proposición que sigue
inmediatamente
a la palabra “Si” se llama antecedente,
y la que sigue inmediatamente a “entonces”
se llama consecuente.
Ambos se denominan componentes. |
A veces se suprime la palabra “entonces”,
pero en estos casos debe considerársela sobrentendida.
Ejemplos:
Si
llueve saldré con paraguas
Si te portas mal te daré un azote
Si tú eres honrado yo soy el rey de Persia
Si tú eres honrado yo iré mañana
a Córdoba
Si 2+2 =4 yo soy el Papa
Si 2+2=4 el Sol es redondo
Si 2+2=4 el Sol es cuadrado
Si 2+2=5 yo soy el Papa
Si 2+2=5 el Sol es cuadrado
El
esquema simbólico de los enunciados condicionales
(a los que se suele llamar simplemente “condicionales”)
es el siguiente:
Si
p entonces q,
donde
p es el antecedente y
q es el consecuente. Ambos
(antecedente y consecuente) son enunciados verdaderos
o falsos, a los que se suele llamar proposiciones.
Es
muy interesante establecer si un condicional es
verdadero o falso, a partir de la veracidad o de
la falsedad de sus componentes. Empecemos por el
primer ejemplo de los propuestos:
Si
llueve (entonces) saldré con paraguas.
Esto
se parece mucho a una promesa. ¿En qué
circunstancias decimos que una promesa ha resultado
ser verdadera y en qué circunstancias
decimos que ha resultado ser falsa? Veamos.
Con respecto al ejemplo propuesto, supongamos que
el antecedente sea verdadero (llueve efectivamente)
y supongamos que en esa circunstancia el consecuente
también sea verdadero (salgo con paraguas).
Se puede decir entonces que he cumplido mi promesa
y por tanto el condicional ha resultado verdadero.
¿Qué pasa si el antecedente es verdadero
(llueve) y el consecuente es falso (no salgo con
paraguas)? Es evidente que no he cumplido mi promesa.
Luego en este caso el condicional ha resultado falso.
Resumamos lo establecido hasta ahora, llamando p
al antecedente y q al consecuente:
p
verdadero y q verdadero = condicional verdadero
p verdadero y q falso = condicional falso
Los
casos de antecedente verdadero no presentan dudas.
Con los casos de antecedente falso debemos ser muy
cautelosos. Supongamos que el antecedente del condicional
que estamos considerando resulte falso (no llueve).
Si no salgo con paraguas (consecuente falso), no
he mentido, porque yo había prometido salir
con paraguas en el caso de que lloviera y no prometí
nada para el caso en que no lloviera. Si no he mentido,
se debe aceptar que mi promesa ha resultado verdadera.
Luego, si el antecedente es falso y el consecuente
también es falso, el enunciado condicional
resulta verdadero. Ahora supongamos otra vez que
el antecedente sea falso (no llueve) y que a mí,
en un rapto de excentricidad (bastante discreta),
se me antoja de todos modos salir con paraguas.
¿Se me puede acusar de haber mentido? No,
porque yo afirmé que saldría con paraguas
en el caso de que lloviera, y para el caso de que
no lloviera no me comprometí a nada. Luego
mantuve mi promesa (o, por lo menos, no la violé)
y en consecuencia el condicional debe ser considerado
verdadero. Arribamos así a las siguientes
formulaciones:
p
falso y q falso = condicional verdadero
p falso y q verdadero = condicional verdadero
Si
nos atenemos a estas cuatro reglas sobre el condicional
podemos aceptar el siguiente cuadro, llamado tabla
de verdad del condicional:
| p |
q |
Si
p entonces q |
| V |
V |
V |
| V |
F |
F |
| F |
V |
V |
| F |
F |
V |
Esto parece muy aceptable en virtud del ejemplo
considerado. Pero al pasar a otros ejemplos pueden
surgir dudas. Sin embargo, la idea de los lógicos
modernos es mantener a todo trance esta tabla de
verdad. Analicemos uno por uno los otros ejemplos
propuestos más arriba:
Si
te portas mal te daré un azote
Las
dos primeras líneas de la tabla de verdad
no ofrecen dudas: si es verdad que te portas mal
y si es verdad que te doy un azote, he cumplido
mi promesa y en consecuencia el condicional es verdadero;
si es verdad que te portas mal y es falso que te
doy un azote, no he cumplido mi promesa y el condicional
resulta falso. Los casos de antecedente falso son
los que a veces provocan cierta perplejidad. Si
es falso que te portas mal (o sea que en realidad
te portas bien) y es verdadero que te doy un azote,
se me puede acusar de cruel o de arbitrario o de
malvado, pero no de haber violado mi promesa. Porque
yo me comprometí a darte un azote en el caso
de que te portaras mal, pero para el caso de que
te portaras bien no me comprometí a nada,
luego quedo en libertad para hacer lo que me plazca.
En consecuencia, en este caso rige también
la tercera línea de la tabla de verdad. Finalmente,
si es falso que te portes mal (o sea que te portas
bien) y también es falso que te dé
un azote, tampoco he violado mi promesa, ya que
ésta se refería sólo al caso
en que te portaras mal. Luego el condicional resulta
verdadero y rige la cuarta fila de la tabla de verdad.
Tercer ejemplo:
Si
tú eres honrado yo soy el rey de Persia
Es
evidente que frases como ésta son utilizadas
en la vida diaria para demostrar una profunda desconfianza
en la veracidad del antecedente. Lo que sucede aquí
puede interpretarse de este modo: yo estoy afirmando
un condicional que considero verdadero, pero también
es obvio que el consecuente es falso (yo no soy
el rey de Persia). Entonces te sugiero que vayas
a la tabla de verdad y busques una línea
en la que el condicional sea verdadero y el consecuente
falso: la única línea que cumple estos
requisitos es la tercera, en la que el antecedente
es también falso. Luego, te estoy diciendo
indirectamente que tú no eres honrado. La
tabla de verdad ha funcionado perfectamente. Pero
nos falta analizar varios otros casos que, si bien
son irrelevantes para mis intenciones en la vida
diaria, no deben ser omitidos cuando se trabaja
en lógica. Veamos. Si el antecedente es verdadero
(tú eres honrado) y el consecuente también
(yo soy el rey de Persia), no he mentido, o sea
que he dicho la verdad; luego la primera línea
de la tabla de verdad resulta válida. Si
el antecedente es verdadero (tú eres honrado)
y yo no soy el rey de Persia, he mentido; luego,
el condicional es falso y vale la segunda línea
de la tabla. La tercera fila ya ha sido analizada
desde el punto de vista de las intenciones del hablante
según los usos y costumbres en la vida diaria.
Pero hagamos nuevamente el análisis paso
a paso. Si el antecedente es falso (tú no
eres honrado) y el consecuente es verdadero (yo
soy el rey de Persia), no se me puede acusar de
haber mentido, porque yo afirmé ser el rey
de Persia en el caso de que tú fueras honrado;
pero como no lo eres quedo en libertad para ser
o no el rey de Persia sin incurrir en perjurio.
Luego el condicional es verdadero y rige la tercera
fila de la tabla. La cuarta tiene antecedente falso
(tú no eres honrado) y consecuente también
(yo no soy el rey de Persia); tampoco en este caso
he mentido, pues mi afirmación de que yo
soy el rey de Persia estaba condicionada a que tú
fueras honrado. Como no lo eres, quedo en libertad
para ser o no el rey de Persia sin incurrir en perjurio.
Luego el condicional es verdadero y la cuarta línea
es válida.
Cuarto
ejemplo:
Si
tú eres honrado yo iré mañana
a Córdoba
El
lector puede comprobar que, con la idea de que el
condicional es verdadero si no he incurrido en perjurio
y que es falso en caso contrario, este ejemplo se
adapta bien a la tabla de verdad. Lo único
que tiene de particular es que no hay conexión
conceptual entre antecedente y consecuente: aparentemente,
que tú seas honrado no tiene nada que ver
con mi viaje a Córdoba, pero esto debe ser
tomado como una simple excentricidad; desde el punto
de vista lógico las cosas funcionan bien.
Quinto
ejemplo:
Si
2+2 =4 yo soy el Papa
Éste
es un caso de mayor desconexión conceptual
entre antecedente y consecuente; sin embargo, desde
el punto de vista puramente formal, puede ser analizado
satisfactoriamente con la tabla de verdad. Aquí
no corresponde analizar todos los casos de la tabla
de verdad, pues estamos en presencia de un condicional
en el que el antecedente es verdadero con toda seguridad.
Luego, sólo corresponde analizar las dos
primeras líneas de la tabla de verdad. Si
yo hago esta afirmación y resulta que soy
el Papa, no he mentido y por tanto el condicional
es verdadero. Si hago esa afirmación y no
soy el Papa, he mentido (pues el antecedente es
indiscutiblemente verdadero) luego el condicional
es falso. Estas conclusiones están de acuerdo
con las dos primeras líneas de la tabla.
Sexto
ejemplo:
Si
2+2=4 el Sol es redondo
Aquí
estamos en un caso en que tanto el antecedente como
el consecuente son indiscutiblemente verdaderos;
luego, sólo hay que examinar la primera línea
de la tabla de verdad. Si yo hago esta afirmación,
Si 2+2=4 el Sol es redondo, puede considerarse
que no estoy en mi sano juicio pero no que he dicho
una mentira, ya que estoy afirmando que, en el caso
de que 2+2 sea igual a 4, el Sol es redondo, y esto
es verdad. De modo que el condicional es verdadero
y la tabla sigue siendo válida.
Séptimo
ejemplo:
Si
2+2=4 el Sol es cuadrado
Aquí
también corresponde analizar una sola línea
de la tabla de verdad, pues no hay duda de que el
antecedente es verdadero y el consecuente es falso.
Esta afirmación debe ser tomada como equivalente
de esta otra: En el caso de que 2+2 sea igual
a 4 afirmo que el Sol es cuadrado. Nuevamente,
no hay conexión conceptual entre antecedente
y consecuente pero no cabe duda de que estoy mintiendo,
pues es cierto que 2+2 es igual a 4 pero no es cierto
que el Sol sea cuadrado. Entonces el condicional
es falso, tal como establece la tabla de verdad.
Octavo
ejemplo:
Si
2+2=5 yo soy el Papa
Aquí
cabe analizar sólo las dos últimas
líneas de la tabla, puesto que es evidente
que el antecedente es falso. También hay
gran desconexión conceptual entre antecedente
y consecuente, pero de todas maneras este condicional
puede ser considerado como equivalente a lo siguiente:
Para el caso en que 2+2 sea igual a 5 afirmo
que yo soy el Papa. Como el caso de que 2+2
sea igual a 5 no existe, y yo afirmé ser
el Papa si se daba este caso, no he mentido. Luego,
el condicional es verdadero y se ajusta a la cuarta
línea de la tabla. Al respecto vale la pena
recordar una anécdota. Se le pidió
a Bertrand Russell (uno de los máximos creadores
de la lógica matemática moderna) que,
a pesar de la desconexión conceptual entre
antecedente y consecuente, mostrara cómo
se puede pasar del primero al segundo por medio
de un razonamiento válido. El gran filósofo
habría respondido lo siguiente:
Bien:
supongamos que 2+2 sea igual a 5; como por otra
parte yo sé que 2+ 2 es igual a 4, tengo
las dos siguientes igualdades:
2+2 = 5
2+2 = 4,
de donde extraigo la siguiente conclusión
5 = 4.
Por otra parte, yo sé que 3 = 3. Entonces
tengo estas dos igualdades:
5 = 4
3 = 3
Restando los dos primeros miembros obtengo 5-3=2,
y restando los dos segundos miembros obtengo 4-3=1.
En consecuencia:
2 = 1.
Ahora bien: como el Papa y yo somos 2, el Papa y
yo somos 1, de donde resulta que yo soy el Papa.
Noveno
ejemplo:
Si
2+2=5 el Sol es cuadrado
El
análisis correspondiente a este ejemplo es
análogo al anterior: como está claro
que el antecedente y el consecuente son ambos falsos,
podemos considerar que este condicional equivale
a: En el caso de que 2+2 sea igual a 5 afirmo
que el Sol es cuadrado. Como el caso mencionado
en el antecedente no se cumple, quedo eximido de
todo compromiso y en consecuencia no se me puede
acusar de haber mentido. Por tanto el condicional
es verdadero y se ajusta a la cuarta línea
de la tabla.
Conclusión
general:
| Un
condicional es falso únicamente en
el caso en que el antecedente sea verdadero
y el consecuente sea falso. En todos los otros
casos el condicional es verdadero. |