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PARTE
1. Rasgos característicos de estructuras
1.A. La
primera cuestión que planteamos consiste en presentar
una estructura incompleta y preguntar cómo habría
que completarla. Se sobrentiende que habría que
completarla conservando algún rasgo característicos
de esa estructura.
Por ejemplo, si presentamos una sucesión de números
tales como
1, 3, 5, 7, ...
y pedimos que se agreguen a continuación del
7 dos números que conserven algún
rasgo característico de la sucesión propuesta,
observamos que los números presentados son los
cuatro primeros números impares; entonces un
rasgo característico de la estructura
propuesta consiste en que en ella aparecen los primeros
números impares, ordenados de menor a mayor.
Luego, si queremos conservar esta característica
los números siguientes deben ser 9 y 11. La respuesta
al requerimiento formulado consistirá entonces
en completar la sucesión de este modo:
1,
3, 5, 7, 9, 11.
1.B. Otro ejemplo, un poco más
complicado, es el siguiente. Consideremos esta estructura
gráfica, que tiene cinco componentes:

La primera componente es una raya vertical, la segunda
es un conjunto de 3 asteriscos dispuestos horizontalmente,
la tercera es un conjunto de 4 asteriscos dispuestos
en forma oblicua, la cuarta es otro conjunto horizontal
de 3 asteriscos y la quinta es otra raya vertical. Parecería
que a esta figura le faltara una componente entre la
tercera y la cuarta para adquirir un rasgo característico.
¿Qué componente habría que agregar
y cuál sería ese rasgo característico?
Si nos dejáramos guiar por nuestra intuición
diríamos que la componente que falta es un conjunto
oblicuo de 4 asteriscos, pero inclinado en sentido contrario
al de la tercera componente; o sea que presentaríamos
la solución así:

De esta manera se ha provisto a la estructura global
de un rasgo característico, que es la simetría,
que antes no estaba del todo presente pero que parecía
estar insinuado en forma incompleta. Lo que se ha hecho
en este caso no es conservar un rasgo característico,
como ocurría en el ejemplo anterior, sino proveer
un rasgo característico que parecía estar
insinuado en forma incompleta.
Los ejercicios que siguen pertenecen a uno de estos
dos tipos:
(A) Completar una estructura conservando un rasgo
característico de ella;
(B) Completar una estructura (o hacer un cambio
en ella) proveyéndola de un rasgo característico
que parecía estar insinuado en forma incompleta.
Ejercicios
de tipo (A)
A.1.
Agregar dos números que conserven un
rasgo característico de la siguiente sucesión:
1,
5, 9, 13, ...
Rasgo
característico: Aparecen números
impares ordenados de menor a mayor pero salteando un
número impar para pasar al siguiente. En efecto:
la sucesión empieza con 1, después se
saltea el 3 y aparece el 5, luego se saltea el 7 y aparece
el 9, y finalmente se saltea el 11 y aparece el 13.
Es evidente que, para conservar este rasgo característico,
ahora hay que saltear el 15 y poner el 17, y luego saltear
el 19 y poner el 21. La solución es, entonces:
1,
5, 9, 13, 17, 21.
Observación
importante: El rasgo característico puede
expresarse también de esta otra manera: Aparecen
números impares ordenados de menor a mayor y
tales que a cada uno hay que sumarle 4 para obtener
el siguiente. Vemos, pues, que no hay en general una
única manera de expresar un rasgo característico.
A.2.
Agregar dos números que conserven un
rasgo característico de la siguiente sucesión:
1,
2, 4, 7, 11, 16, ...
Rasgo
característico: Para obtener el 2º
número hay que sumarle 1 al anterior; para obtener
el 3º hay que sumarle 2 al anterior; para obtener
el 4º hay que sumarle 3 al anterior; para obtener
el 5º hay que sumarle 4 al anterior; para obtener
el 6º hay que sumarle 5 al anterior, y así
llegamos al final de la sucesión propuesta. ¿Cómo
obtendríamos el 7º? El análisis que
acabamos de efectuar parece sugerir que, así
siguiendo, deberíamos sumar 6 al anterior,
obteniendo el número 22, y para obtener el 8º
deberíamos sumar 7 al anterior, obteniendo finalmente
el número 29. La respuesta es, entonces:
1,
2, 4, 7, 11, 16, 22, 29.
Primera
observación importante: En realidad no hemos
expresado en forma completa el rasgo característico
de la sucesión propuesta; nos hemos limitado
a decir cómo se obtiene cada número a
partir del anterior y luego sugerir que, así
siguiendo, podemos obtener dos números más.
Pero estamos hablando de sugerir y de así
siguiendo, dos expresiones que son bastante vagas.
Para no incurrir en vaguedades deberíamos expresar
plenamente cuál es el rasgo característico
de la sucesión dada. Más adelante daremos
la solución precisa a esta cuestión.
Segunda observación importante: en algunos
casos, como el que acabamos de ver, describir con palabras
cuál es el rasgo característico puede
resultar difícil y engorroso; en tales casos
nos conformaremos con examinar elemento por elemento
y luego decir: la estructura propuesta sugiere
tal cosa, y así siguiendo obtenemos los
nuevos elementos pedidos. Esto es aceptable, pero
reconozcamos que las expresiones “sugiere”
y “así siguiendo” no son totalmente
precisas. Luego aclararemos mejor esto.
A.3.
Agregar dos números que conserven un rasgo característico
de la siguiente sucesión:
2,
3, 5, 8, 13, 21, 34, ...
Rasgo característico: Los dos primeros
números, que son 2 y 3, son arbitrarios, pero
el tercero, que es 5, se obtiene sumando 2+3; el cuarto,
que es 8, se obtiene sumando 3+5; el quinto, que es
13, se obtiene también por suma: 5+8=13; y también
observamos que 8+13=21 y que 13+21=34. Ahora podemos
enunciar con toda precisión el rasgo característico:
Los dos primeros números son arbitrarios
y cada uno de los otros se obtiene sumando los dos que
lo preceden.
Si se quiere conservar este rasgo, para agregar dos
nuevos elementos a la sucesión hay que sumar
21+34=55, y luego 34+55=89. Entonces la solución
es la siguiente:
2,
3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89.
A.4.
La siguiente sucesión de oraciones presenta
un rasgo característico de tipo gramatical. ¿Cuál
es dicho rasgo? ¿Qué nueva oración
convendría agregar para conservar ese rasgo?
Juan Pérez dormía
El cartero entregó una carta a María
Fernández
El maestro murió plácidamente
El jardinero corta las flores más bellas
El pobre hombre cayó desde un quinto piso
María Fernández escribió tres
libros
El niño gritaba como loco
La abuela se puso un lindo traje
Los gatos maúllan
Rasgo característico: Presencia o ausencia
de objeto directo. Cuando hay un verbo transitivo,
la acción que ejecuta el sujeto “recae”
sobre otra entidad llamada “objeto directo”;
por ejemplo, en la segunda oración el sujeto
(El cartero) ejecuta la acción de entregar,
y esta acción “recae” sobre otra
entidad (una carta). Esta entidad es el objeto
directo. También se puede individualizar el objeto
directo mediante una pregunta: ¿Qué es
lo que el cartero entrega? Respuesta: una carta; éste
es el objeto directo. Si en el caso de la quinta oración
preguntamos: ¿Qué es lo que el pobre hombre
cayó? Se ve que ésta es una pregunta sin
sentido y en consecuencia no tiene respuesta; no hay
objeto directo. Cuando un verbo está usado de
tal modo que su acción no “recae”
sobre ninguna otra entidad, no hay objeto directo y
entonces se dice que ese verbo está usado de
manera intransitiva. En la lista de oraciones
dadas se observa que se suceden alternativamente las
oraciones que no tienen objeto directo y las que lo
poseen. Éste es el rasgo característico
de esa estructura. Como la última oración
no tiene objeto directo correspondería, para
conservar la estructura, agregar una nueva oración
que lo tuviera; por ejemplo:
La
santa hacía obras de caridad.
Ahora proponemos al lector los siguientes ejercicios,
de dificultad progresiva. Desde el A.5 hasta el A.11
ellos consisten en agregar dos números que conserven
un rasgo característico de la sucesión
dada. En los casos en que no resulte muy engorroso,
se pide también expresar con palabras el rasgo
característico que se conserva:
| A.5.
|
2,
5, 8, 11, 14, 17, ...
|
| A.6.
|
2, 3, 6, 11, 18, 27, ...
|
| A.7.
|
2, 4, 7, 9, 12, 14, 17, ... |
| A.8.
|
3, 4, -1, 5, -6, 11, -17, ...
Nota: Este ejercicio puede resolverse aplicando
un cierto cambio en la resolución del ejercicio
A.3.
|
| A.9.
|
1,
4, 3, 1, 2, 1, 1, 0, ...
Nota: este ejercicio se puede resolver partiendo
del A.3 o del A.7 pero efectuando un cierto cambio
en el rasgo característico. Por otra parte,
si en vez de agregar solamente dos elementos el
lector agrega varios más, podrá
constatar una propiedad interesante de esta sucesión.
|
| A.10.
|
1,
4, 5, 3, 4, 3, 3, 2, 3, ...
Nota: este ejercicio está basado en el
anterior pero presenta un agregado. Si se añaden
los dos números requeridos el lector podrá
darse cuenta de que la sucesión adquiere
un rasgo más sencillo, el que podrá
confirmarse agregando más números.
|
| A.11. |
7, 2, 8, 9, 4, 8, 7, 4, 6, 5, 4, ...
Nota: este ejercicio es similar al anterior, con
un pequeño cambio. Si se prolonga suficientemente
la sucesión se observará que ella
adquiere un rasgo más sencillo, como en
los dos casos anteriores.
|
| A.12. |
Este
ejercicio consiste en examinar los tres anteriores,
y en advertir qué tienen en común.
Una vez establecida la propiedad común
a estos tres ejercicios, preguntarse si seguirá
valiendo para otros casos similares. Inventar
dos o tres casos similares y comprobar si la propiedad
en cuestión sigue valiendo.
|
| A.13. |
Si
el ejercicio precedente ha mostrado que la propiedad
sigue siendo válida, establecer, a modo
de conjetura, un enunciado general que abarque
a los casos examinados. Esto será, como
queda dicho, sólo una conjetura. Para aceptarla
como definitivamente válida no bastará
con comprobarla en muchos otros casos sino que
habría que realizar una demostración.
Pero si se encuentra un solo caso en que la conjetura
falle, esto bastará para asegurar que es
falsa.
|
Ejercicios
de tipo (B)
B.1.
La sucesión siguiente tendría
un rasgo característico interesante si se agregara
un número en un lugar conveniente. ¿Cuál
sería dicho rasgo? ¿Qué número
habría que agregar? ¿En qué lugar?
3,
7, 0, 14, 49, 0, 7, 3.
Rasgo
característico que parece estar insinuado en
forma incompleta: La simetría. En efecto:
los tres primeros números son 3, 7, 0, y los
tres últimos son 0, 7, 3, que forman una secuencia
simétrica de la anterior. La simetría
no es completa debido a la presencia de los números
14 y 49. Pero si agregamos el número 14 entre
el 49 y el 0, la simetría queda completamente
establecida:
3,
7, 0, 14, 49, 14, 0, 7, 3.
B.2.
La siguiente oración tendría
un rasgo característico relacionado con el empleo
de letras si se cambiara la última palabra por
otra. ¿Cuál sería dicho rasgo?
¿Qué palabra convendría colocar
en vez de la última, para conservar ese rasgo
característico? (No importa que se altere el
sentido; basta con que la nueva oración siga
teniendo algún sentido):
La
plantación del albañil Alberto florece
periódicamente.
Rasgo característico relacionado con el empleo
de letras, que parece insinuado en forma incompleta:
Todas las palabras de la oración podrían
contener la letra “l” si se cambiara la
última palabra por otra que también contuviera
la letra “l”; por ejemplo: “anualmente”.
Una solución posible es, entonces:
La
plantación del albañil Alberto florece
anualmente.
B.3.
Considérese la siguiente matriz, cuyo
último elemento falta y su lugar está
indicado por un signo de interrogación. La distribución
de los elementos de esta matriz incompleta parece seguir
una cierta ley. ¿Qué elemento habría
que colocar en lugar del signo de interrogación
para que dicha ley se cumpliera totalmente? Se libera
al lector del compromiso de expresar con palabras la
mencionada ley, porque esto resultaría verdaderamente
engorroso. Basta con “intuir” la ley y colocar
adecuadamente el elemento que falta. Llamaremos
filas de la matriz a las líneas horizontales,
y columnas a las líneas verticales.
| ***/ |
xxx |
xxx$**/ |
| ‘’?? |
o
o |
o
o$$’?? |
| ’### |
_ |
? |
Solución intuitiva: parecería
que el elemento que hay que colocar en vez del signo
de interrogación fuera el siguiente:
_$$$###
Justificación: recorramos la tercera
columna desde arriba hacia abajo. El primer elemento
se compone de la siguiente manera: se coloca el primer
elemento de la segunda columna, que es xxx, luego un
signo $ y finalmente los tres últimos signos
del primer elemento de la primera columna, a saber:
**/. El segundo elemento de la tercera columna se compone
así: se coloca primero el segundo elemento de
la segunda columna, que es o o, luego dos signos $ y
finalmente los tres últimos signos del segundo
elemento de la primera columna, que son ’??. Parecería
que, para conservar estas tendencias, el tercer elemento
de la tercera columna debería constar de: el
tercer elemento de la segunda columna, o sea _, luego
tres signos $, y finalmente los tres últimos
signos del tercer elemento de la primera columna, es
decir, ###. En consecuencia, la solución es el
elemento indicado más arriba, o sea _$$$###.
Expresar con palabras la ley a la que responden los
tres elementos de la tercera columna es bastante engorroso
(aunque no imposible).
Ahora proponemos al lector los siguientes ejercicios,
de dificultad progresiva. Todos ellos consisten en “intuir”
una ley manifestada en forma incompleta y en completar
la estructura de modo que esa ley se cumpla plenamente.
Para resolver el ejercicio se debe colocar un elemento
adecuado en cada lugar en que figura un signo de interrogación.
En los casos en que no resulte muy engorroso, se pide
también expresar con palabras la ley (o las leyes)
en cuestión.
B.4.
B.5.
______*//////xx#__
/////xxxx$ __////xxxxxx#__
///xxxxxxxx$__ //xxxxxxxxxx#
__?
B.6.
Nuestro
sistema solar consta del Sol y ocho planetas
La Edad Media concluyó en el año 1789
2 + 2 = 4
Napoleón Bonaparte era un general romano
La capital de Hungría es Bucarest
Platón fue discípulo de Sócrates
William Shakespeare escribió la novela “Cien
años de soledad”
?
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PARTE
2. Reflexión sobre los rasgos característicos
2.A.
La búsqueda de rasgos característicos
se suele plantear según tres modalidades.
Modalidad
1. Algunos autores presentan una entidad
(sucesión, dibujo, etc.) y piden simplemente
“completarla”, sin hablar de rasgos característicos
ni de estructuras ni de leyes.
Por
ejemplo, según esta modalidad el Ejercicio A.1
se presentaría así:
Agregar dos números a la siguiente sucesión:
1,
5, 9, 13, ...
En este caso el lector tiene que darse cuenta de que
en realidad no se le está pidiendo que agregue
dos números cualesquiera, como 78 y 352, por
ejemplo, lo cual sería más bien tonto,
sino que agregue dos números que tengan alguna
relación especial con los números dados.
Esa relación especial es, precisamente, la de
poseer un mismo rasgo característico.
Entonces, en esta modalidad, la cuestión del
“rasgo característico” está
sobrentendida o tácita. Si no fuera así,
sería perfectamente correcto escribir a continuación
del 13 los números 78 y 352, o cualesquiera otros.
Si no se aclara nada, no hay ninguna obligación
de que a los números 1, 5, 9, 13 sigan los números
17 y 21.
Modalidad 2. Es la que hemos empleado en algunos
de los ejercicios de la Parte 1. Consiste en presentar
una entidad (sucesión, dibujo, etc.) y pedir
completarla de modo que se conserve algún
rasgo característico.
Aplicando
esta modalidad al ejercicio A.1 diríamos:
Agregar
dos números que conserven un rasgo característico
de la siguiente sucesión:
1,
5, 9, 13, ...
Si enunciamos así el problema la respuesta puede
consistir, simplemente, en agregar los números
17 y 21, y la solución sería correcta.
Esta solución revelaría, en efecto, que
el lector, o la persona que está sometida al
test, ha percibido un rasgo característico,
aunque no lo haya descripto con palabras.
Conviene aclarar que no todos los autores usan la misma
terminología; aquí estamos hablando de
“rasgo característico” pero otros
prefieren hablar simplemente de “conservar la
estructura” o “conservar las leyes”.
Apresurémonos a aclarar que los términos
“estructura” y “ley” designan
conceptos complejos, sobre los cuales se ha discutido
mucho. Trataremos de ir aclarándolos paso a paso,
sin intentar resolver en pocas palabras y de manera
definitiva los problemas que ellos plantean. Por ahora
hablemos simplemente de su uso. Hay autores que usan
la palabra “estructura” con un significado
similar al que aquí otorgamos al término
“rasgo característico”, y hay otros
autores que con el mismo fin usan la palabra “ley”.
Con estas terminologías el ejercicio A.1 de la
Parte 1 podría reformularse así:
Agregar
dos números que conserven la estructura de la
siguiente sucesión: etc.
O
bien:
Agregar
dos números que conserven la ley de la siguiente
sucesión: etc.
Modalidad
3, Ésta es la más compleja, que a
veces resulta excesiva. Consiste en presentar una entidad
(numérica, gráfica o de cualquier naturaleza),
pedir que se la complete conservando algún rasgo
característico o conservando la estructura, y
además explicar con palabras en qué
consisten los rasgos característicos conservados.
Aplicando
esta modalidad al ejercicio A.1 diríamos:
Agregar
dos números que conserven la estructura de la
siguiente sucesión y explicar con palabras cuáles
son los rasgos conservados:
1,
5, 9, 13, ...
La
respuesta correcta incluiría entonces dos partes;
la primera sería completar la sucesión
así:
1,
5, 9, 13, 17, 21,
y
la segunda consistiría en explicar con palabras
cuáles son los rasgo característicos que
ya se advertían en la sucesión dada y
que se han conservado al agregar dos números.
La explicación podría ser la siguiente:
(1) Figuran los números impares en forma
creciente a partir de 1 pero salteando un número
impar en cada paso.
Ya
hemos hecho notar en la Observación importante
de A.1 (Parte 1) que se puede enunciar el rasgo característico
de otra manera completamente distinta, a saber:
(2)
Figuran números sucesivamente empezando por 1
y sumando 4 a cada número para obtener el siguiente.
El
resultado práctico es exactamente el mismo si
se emplea uno u otro criterio, pero surge un problema
teórico muy interesante, a saber:
Los
dos rasgos característicos que hemos enunciado,
y que han sido marcados, respectivamente, con los números
(1) y (2), ¿son el mismo rasgo o son dos rasgos
distintos que conducen al mismo resultado práctico?
Analicemos:
El
rasgo (1) se refiere a números impares y a
saltear un número en cada paso;
El rasgo (2) se refiere a sumar 4 en cada paso.
Preguntamos
ahora lo siguiente:
Desde
el punto de vista conceptual, ¿es lo
mismo hablar de números impares y de saltear
números que hablar de sumar 4?
En
forma más concisa:
El
concepto de número impar agregado al de saltear
un número, ¿es lo mismo que el concepto
de sumar 4?
Parece
evidente que la respuesta a esta última pregunta
es NO. Sin embargo ambos conceptos, aplicados a la sucesión
dada, producen el mismo resultado, por lo cual
decimos que los rasgos (1) y (2) son conceptualmente
distintos pero equivalentes en este contexto.
2.B.
Hacia el concepto de estructura.
Ahora vamos a iniciar el proceso de aclaración
del concepto de estructura. Como se trata de un concepto
complejo iremos aproximándonos a él por
medio de definiciones sucesivas, partiendo de la más
simple. Observemos que una estructura puede estar formada
por un rasgo característico o por varios; esto
nos permitirá dar nuestro primer paso hacia el
esclarecimiento de la noción de estructura.
| PRIMERA
DEFINICIÓN DE ESTRUCTURA
Estructura de un objeto o de un ente cualquiera
es
un conjunto de sus rasgos característicos. |
| Admitiremos
conjuntos formados por un solo elemento, de modo
que una estructura puede reducirse a un solo rasgo
característico. |
La
palabra “ley” se suele usar de una manera
similar pero introduce otros problemas que por ahora
no discutiremos. Por ello no intentaremos dar definiciones
del concepto de “ley”.
La
definición de “estructura” que acabamos
de dar tiene diversas consecuencias, que debemos estar
dispuestos a aceptar:
Primera
consecuencia: Debemos aceptar la posibilidad
de que se presenten varias estructuras en un mismo objeto.
Por ejemplo, en la sucesión que estamos considerando,
1, 5, 9, 13, un rasgo característico puede ser
el de “estar formada por números impares”.
Entonces, de acuerdo con nuestra definición,
este rasgo característico es ya de por sí
una estructura. Puede parecernos que esta estructura
es muy pobre, o débil, pero es una estructura.
Otro rasgo característico es el de “estar
formada por números tales que cada uno de ellos
se obtiene del anterior sumándole 4”. Entonces
este rasgo es otra estructura de la misma sucesión.
Y si ahora consideramos el conjunto formado por esos
dos rasgos, obtenemos una tercera estructura que engloba
a las dos anteriores. Según ya hemos visto, el
conjunto de esos dos rasgos es equivalente al de “estar
formada por números impares crecientes tales
que en cada paso se saltea exactamente un número
impar”. También podríamos considerar
otro rasgo característico, en el que hasta ahora
no hemos reparado, a saber, el de “estar formada
por cuatro números”. Este rasgo característico
constituye otra estructura, bastante diferente de las
antes consideradas.
Segunda
consecuencia: En un mismo ente puede haber
estructuras que engloben o incluyan a otras estructuras,
pero también puede haber dos estructuras tales
que ninguna incluya a la otra. Por ejemplo: refiriéndonos
siempre a la misma sucesión 1, 5, 9, 13, la estructura
consistente en “estar formada por números
impares crecientes tales que en cada paso se saltea
exactamente un número impar”, incluye a
la estructura consistente en “estar formada por
números impares”. Por otra parte, la estructura
“estar formada por números impares crecientes
tales que en cada paso se saltea exactamente un número
impar” no incluye a la estructura “estar
formada por cuatro elementos”, y tampoco ésta
incluye a la primera.
Tercera
consecuencia: Hay estructuras que se pueden
conservar agregando nuevos elementos y otras que no
se pueden conservar. Por ejemplo, la estructura consistente
en “estar formada por números impares crecientes
tales que en cada paso se saltea exactamente un número
impar”, se puede conservar, según ya hemos
visto, agregando los elementos 17 y 21; en cambio, la
estructura consistente en “estar formada por cuatro
elementos” no se puede conservar del mismo modo,
pues en cuanto agregamos un número ya la sucesión
deja de estar formada por cuatro elementos. Aprovecharemos
esta consecuencia para dar una definición:
| DEFINICIÓN
DE ESTRUCTURA CONSERVABLE
Una estructura de un cierto ente es conservable
si es posible agregar un elemento a dicho ente
de modo tal que la estructura subsista |
.
2.C.
Observaciones metodológicas.
OBSERVACIÓN
1. Tanto los rasgos característicos
como las estructuras (que son conjuntos de rasgos característicos)
se refieren a totalidades y no a cada uno de los elementos
que las forman. Por ejemplo: si digo que la sucesión
2, 4, 6, 8, posee el rasgo característico de
“estar formada por números pares”,
este rasgo se aplica a la sucesión como totalidad
y no a cada uno de sus elementos; no tiene sentido decir
que el elemento 4 posee el rasgo de “estar formado
por números pares”. El 4 es un número
par, no está formado por números
pares. Mayor evidencia se logra con el rasgo característico
indicado más arriba con el signo (2), a saber:
Figuran
números sucesivamente empezando por 1 y sumando
4 a cada número para obtener el siguiente.
Es
obvio que éste es un rasgo de una sucesión
y no de un número particular, como el 1 o el
5.
OBSERVACIÓN
2. En algunos casos un rasgo característico
es suficientemente amplio como para dar lugar a diversas
soluciones distintas pero igualmente válidas:
tal es el caso de los ejercicios “lingüísticos”
A.4, B.2 y B6 de la Parte 1. En ellos se señala
un solo rasgo característico pero hay varias
soluciones distintas que conservan dicho rasgo.
OBSERVACIÓN
3. El enunciado preciso de un rasgo característico
de una estructura puede llegar a ser una tarea engorrosa
y difícil, por lo cual en estos casos nos contentamos
con la aplicación práctica e “intuitiva”
de tales rasgos característicos. Por ejemplo,
con referencia al ejercicio A.2 de la Parte 1, podríamos
expresar el rasgo característico del siguiente
modo:
Para
obtener cada número posterior al segundo debemos
sumar al anterior un número mayor en una unidad
que el que se sumó para obtener el anterior.
Este
enunciado posee cierta complejidad y no es muy fácil
de formular en un primer intento. Es más fácil
examinar número por número, como hicimos
antes, y luego decir: así siguiendo,
obtenemos el 22 y el 29.
Huelga
decir que hay ejemplos en los que el enunciado de un
rasgo característico es mucho más engorroso
y complejo aún.
OBSERVACIÓN
4. Hemos dicho al final de la Observación
3 que a veces es más fácil examinar elemento
por elemento y luego decir: “así siguiendo”
se obtiene la solución buscada. Esto es aceptable
para resolver un ejercicio pero debe queda claro que
no es un método riguroso, debido a la vaguedad
de la expresión “así siguiendo”.
La única manera rigurosa de resolver uno de estos
ejercicios es formular de manera explícita y
con toda precisión el rasgo característico
de que se trate.
2.D.
Ejercicios propuestos.
2.D.1.
Aplicar las tres Consecuencias de la definición
de “estructura” (vistas en 2.B) a los diversos
ejemplos dados en la Parte 1.
2.D.2.
Aplicar, en los casos en que corresponda, las cuatro
Observaciones metodológicas vistas en 2.C a los
diversos ejemplos dados en la Parte 1.
2.D.3.
Consideremos la siguiente sucesión,
a la que identificaremos mediante un asterisco:
(*)
3, 4, 6, 9, ...
y
pidamos agregarle dos números conservando un
rasgo característico.
Mostrar que hay por lo menos dos rasgos característicos
que son conservables cada uno por separado, pero que
la estructura formada por ambos no es conservable.
Guía: Para obtener el primer rasgo característico
observar cómo se pasa de cada elemento al siguiente;
y para obtener el segundo rasgo característico
observar cómo se obtiene cada elemento a partir
de los dos anteriores.
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PARTE
3. Las deducciones rigurosas
3.1.
Reglas de deducción.
3.1.A. Introducción.
La característica fundamental de todo razonamiento
riguroso consiste en asegurar que se pasa de
la verdad a la verdad; en otros términos, consiste
en asegurar que si los enunciados que se toman
como punto de partida son verdaderos, las conclusiones
también lo serán. Los enunciados que se
toman como punto de partida en un razonamiento se llaman
premisas. Entonces podemos decir que un razonamiento
riguroso es aquél que permite asegurar
que de premisas verdaderas se pasa necesariamente a
conclusiones verdaderas. Se ha subrayado la palabra
“asegurar” porque en ella consiste, precisamente,
el carácter riguroso del razonamiento.
Si no tuviéramos esa seguridad el razonamiento
no sería riguroso, aunque resultara exitoso en
una gran cantidad de casos.
Ahora
bien: un razonamiento es siempre un mecanismo que
permite pasar de unos enunciados a otros.
Entonces:
| Un
razonamiento riguroso o deductivo es un mecanismo
que permite pasar con seguridad de premisas
verdaderas a conclusiones verdaderas. |
Si
se pasa de ciertas premisas a una conclusión
mediante un razonamiento riguroso, se dice que se ha
efectuado una deducción o una
inferencia.
3.1.B.
El silogismo. El razonamiento
por silogismos fue introducido y estudiado con gran
detalle por Aristóteles (siglo IV a.J.C.) en
su obra Primeros Analíticos. Consiste
en un mecanismo por el cual de dos premisas se obtiene
una conclusión, de manera tal que si ambas premisas
son verdaderas la conclusión también lo
es. Esto no basta para definir el razonamiento silogístico
pero, en vez de completar su definición en forma
puramente teórica, la daremos a entender mediante
ejemplos.
El
ejemplo más conocido y trillado de silogismo
es el siguiente:
Todos
los hombres son mortales
Sócrates es hombre
Luego: Sócrates es mortal
Los
dos primeros enunciados son las premisas (que en este
caso son verdaderas). El tercer enunciado, “Sócrates
es mortal”, es la conclusión, que se desprende
de las premisas y es necesariamente verdadera.
Se
puede poner en evidencia el mecanismo de este
razonamiento dejando de lado los aspectos particulares
del mismo, como “hombre”, “mortal”
y “Sócrates”. Si reemplazamos estos
términos por entidades abstractas designadas
por letras cualesquiera, como S, P y A,
obtenemos este esquema:
Todos
los S son P
A es S
Luego: A es P.
Si
las dos premisas son verdaderas podemos tener la seguridad
de que la conclusión también lo es. ¿Qué
sucede si las premisas no son ambas verdaderas? El mecanismo
se aplica igualmente pero perdemos la seguridad de que
la conclusión sea verdadera: puede serlo o no.
Ejemplo
de silogismo con una premisa falsa y conclusión
verdadera: reemplazamos S por argentinos,
P por americanos y A por George
Washington (refiriéndonos al primer presidente
de los Estados Unidos):
Todos
los argentinos son americanos
George Washington es argentino
Luego: George Washington es americano.
Ejemplo de silogismo con las dos premisas falsas y conclusión
verdadera:
Todos
los africanos son americanos
George Washington es africano
Luego: George Washington es americano
Ejemplo
de silogismo con una premisa falsa y conclusión
falsa:
Todos
los africanos son americanos
Nelson Mandela es africano
Luego: Nelson Mandela es americano
Ejemplo
de silogismo con las dos premisas falsas y conclusión
falsa:
Todos
los africanos son americanos
Napoleón Bonaparte es africano
Luego: Napoleón Bonaparte es americano
Observación.
En este tipo de silogismo la segunda premisa puede
contener un sujeto no necesariamente individual (como
Sócrates, George Washinton, el ratón Mickey,
etc.) sino genérico: por ejemplo, los mendocinos,
como se ve en el siguiente ejemplo:
Todos
los argentinos son americanos
Todos los mendocinos son argentinos
Luego: Todos los mendocinos son americanos
El
esquema general sería entonces éste:
Todos
los S son P
Todos los Q son S
Luego: Todos los Q son P
Aclaración
sobre la palabra “todos”. Esta palabra
se toma en lógica de manera tal que pueda referirse
a un solo caso. Por ejemplo, para incluir en el último
esquema al famoso silogismo sobre Sócrates que
vimos al principio, deberíamos proceder así:
Todos
los hombres son mortales
Todos los individuos idénticos a Sócrates
son hombres
Luego: Todos los individuos idénticos a Sócrates
son mortales
En
ciertos silogismos se usan las palabras “algunos”
y “ningún”. Ejemplos de utilización
de “algunos”:
Todos
los ladrones son punibles
Algunos argentinos son ladrones
Luego: Algunos argentinos son punibles
Este
silogismo responde al siguiente esquema:
Todos
los S son P
Algunos Q son S
Luego: Algunos Q son P
Aclaración
sobre la palabra “algunos”. Esta palabra
se toma en lógica con su significado más
amplio: esto significa que con “algunos”
podemos referirnos también a un solo individuo,
como Sócrates. Con la terminología del
esquema que acabamos de ofrecer, basta que exista un
Q que sea S para que la segunda premisa
sea verdadera.
Los lógicos escolásticos medievales retomaron
la obra de Aristóteles y le agregaron numerosos
detalles. Se distinguieron cuatro Figuras según
la forma gramatical de las premisas. Con referencia
a los esquemas precedentes, los términos
del silogismo son S, P y Q, y además
S se denomina término medio porque
desaparece en la conclusión y hace de intermediario
entre los dos términos que figuran en ésta:
Q y P. La primera figura, a la que
pertenecen todos los ejemplos dados hasta ahora, se
caracteriza por el hecho de que el término medio
(S) es sujeto en la primera premisa y predicado en la
segunda. En cambio, en la llamada segunda Figura, el
término medio es predicado en ambas premisas.
En el siguiente ejemplo el término medio “argentinos”
es predicado en ambas premisas, por lo cual el silogismo
pertenece a la segunda Figura:
Todos
los cordobeses son argentinos
Algunos habitantes de la Argentina no son argentinos
Luego: Algunos habitantes de la Argentina no son
cordobeses
El
esquema general de este tipo de silogismo es el siguiente
(donde seguimos llamando S al término
medio):
Todo
P es S
Algunos Q no son S
Luego: Algunos Q no son P
Se
recomienda tener en cuenta las aclaraciones precedentes
acerca de las palabras “todos” y “algunos”.
Un
ejemplo en el que se emplea la palabra “ningún”
es el siguiente (correspondiente a la segunda Figura):
Ningún
argentino es africano
Algunos residentes en Europa son africanos
Luego: Algunos residentes en Europa no son argentinos
Este
silogismo responde al siguiente esquema, en el que continuamos
llamando S al término medio :
Ningún
P es S
Algunos Q son S
Luego: Algunos Q no son P
No expondremos la clasificación completa de los
silogismos. Bástenos decir que las cuatro Figuras
se distinguen según la función gramatical
del término medio en las premisas (según
que figure como sujeto o como predicado). Cada Figura,
a su vez, se divide en Modos. Estos modos tienen
que ver con la aparición de las palabras Todos,
Algunos y Ninguno en las premisas y en
la conclusión. Pero no nos detendremos en este
punto. Baste decir que la primera y la segunda figura
constan de cuatro modos cada una, la tercera figura
tiene seis y la cuarta tiene cinco.
Interpretación gráfica. Con las
aclaraciones efectuadas sobre las palabras “todos”
y “algunos”, los silogismos admiten una
interesante interpretación gráfica mediante
los llamados diagramas de Venn, que expondremos
en texto aparte.
3.1.C. El modus ponens.
Ésta es una regla de deducción rigurosa
que también tiene origen medieval (como delata
su nombre latino). Para poder estudiarla debemos decir
algunas palabras acerca de los enunciados condicionales,
los cuales, dicho sea de paso, también fueron
estudiados por Aristóteles.
| Enunciado
condicional es todo enunciado compuesto
de la forma “Si... entonces...”, sobrentendiendo
que los puntos suspensivos indican a su vez enunciados
o
proposiciones. La proposición que sigue
inmediatamente
a la palabra “Si” se llama antecedente,
y la que sigue inmediatamente a “entonces”
se llama consecuente.
Ambos se denominan componentes. |
A veces se suprime la palabra “entonces”,
pero en estos casos debe considerársela sobrentendida.
Ejemplos:
Si
llueve saldré con paraguas
Si te portas mal te daré un azote
Si tú eres honrado yo soy el rey de Persia
Si tú eres honrado yo iré mañana
a Córdoba
Si 2+2 =4 yo soy el Papa
Si 2+2=4 el Sol es redondo
Si 2+2=4 el Sol es cuadrado
Si 2+2=5 yo soy el Papa
Si 2+2=5 el Sol es cuadrado
El
esquema simbólico de los enunciados condicionales
(a los que se suele llamar simplemente “condicionales”)
es el siguiente:
Si
p entonces q,
donde
p es el antecedente y q
es el consecuente. Ambos (antecedente y consecuente)
son enunciados verdaderos o falsos, a los que se suele
llamar proposiciones.
Es
muy interesante establecer si un condicional es verdadero
o falso, a partir de la veracidad o de la falsedad de
sus componentes. Empecemos por el primer ejemplo de
los propuestos:
Si
llueve (entonces) saldré con paraguas.
Esto
se parece mucho a una promesa. ¿En qué
circunstancias decimos que una promesa ha resultado
ser verdadera y en qué circunstancias
decimos que ha resultado ser falsa? Veamos.
Con respecto al ejemplo propuesto, supongamos que el
antecedente sea verdadero (llueve efectivamente) y supongamos
que en esa circunstancia el consecuente también
sea verdadero (salgo con paraguas). Se puede decir entonces
que he cumplido mi promesa y por tanto el condicional
ha resultado verdadero. ¿Qué pasa si el
antecedente es verdadero (llueve) y el consecuente es
falso (no salgo con paraguas)? Es evidente que no he
cumplido mi promesa. Luego en este caso el condicional
ha resultado falso. Resumamos lo establecido hasta ahora,
llamando p al antecedente y q al consecuente:
p
verdadero y q verdadero = condicional verdadero
p verdadero y q falso = condicional falso
Los
casos de antecedente verdadero no presentan dudas. Con
los casos de antecedente falso debemos ser muy cautelosos.
Supongamos que el antecedente del condicional que estamos
considerando resulte falso (no llueve). Si no salgo
con paraguas (consecuente falso), no he mentido, porque
yo había prometido salir con paraguas en el caso
de que lloviera y no prometí nada para el caso
en que no lloviera. Si no he mentido, se debe aceptar
que mi promesa ha resultado verdadera. Luego, si el
antecedente es falso y el consecuente también
es falso, el enunciado condicional resulta verdadero.
Ahora supongamos otra vez que el antecedente sea falso
(no llueve) y que a mí, en un rapto de excentricidad
(bastante discreta), se me antoja de todos modos salir
con paraguas. ¿Se me puede acusar de haber mentido?
No, porque yo afirmé que saldría con paraguas
en el caso de que lloviera, y para el caso de que no
lloviera no me comprometí a nada. Luego mantuve
mi promesa (o, por lo menos, no la violé) y en
consecuencia el condicional debe ser considerado verdadero.
Arribamos así a las siguientes formulaciones:
p
falso y q falso = condicional verdadero
p falso y q verdadero = condicional verdadero
Si
nos atenemos a estas cuatro reglas sobre el condicional
podemos aceptar el siguiente cuadro, llamado tabla
de verdad del condicional:
| p |
q |
Si
p entonces q |
| V |
V |
V |
| V |
F |
F |
| F |
V |
V |
| F |
F |
V |
Esto parece muy aceptable en virtud del ejemplo considerado.
Pero al pasar a otros ejemplos pueden surgir dudas.
Sin embargo, la idea de los lógicos modernos
es mantener a todo trance esta tabla de verdad. Analicemos
uno por uno los otros ejemplos propuestos más
arriba:
Si
te portas mal te daré un azote
Las
dos primeras líneas de la tabla de verdad no
ofrecen dudas: si es verdad que te portas mal y si es
verdad que te doy un azote, he cumplido mi promesa y
en consecuencia el condicional es verdadero; si es verdad
que te portas mal y es falso que te doy un azote, no
he cumplido mi promesa y el condicional resulta falso.
Los casos de antecedente falso son los que a veces provocan
cierta perplejidad. Si es falso que te portas mal (o
sea que en realidad te portas bien) y es verdadero que
te doy un azote, se me puede acusar de cruel o de arbitrario
o de malvado, pero no de haber violado mi promesa. Porque
yo me comprometí a darte un azote en el caso
de que te portaras mal, pero para el caso de que te
portaras bien no me comprometí a nada, luego
quedo en libertad para hacer lo que me plazca. En consecuencia,
en este caso rige también la tercera línea
de la tabla de verdad. Finalmente, si es falso que te
portes mal (o sea que te portas bien) y también
es falso que te dé un azote, tampoco he violado
mi promesa, ya que ésta se refería sólo
al caso en que te portaras mal. Luego el condicional
resulta verdadero y rige la cuarta fila de la tabla
de verdad.
Tercer ejemplo:
Si
tú eres honrado yo soy el rey de Persia
Es
evidente que frases como ésta son utilizadas
en la vida diaria para demostrar una profunda desconfianza
en la veracidad del antecedente. Lo que sucede aquí
puede interpretarse de este modo: yo estoy afirmando
un condicional que considero verdadero, pero también
es obvio que el consecuente es falso (yo no soy el rey
de Persia). Entonces te sugiero que vayas a la tabla
de verdad y busques una línea en la que el condicional
sea verdadero y el consecuente falso: la única
línea que cumple estos requisitos es la tercera,
en la que el antecedente es también falso. Luego,
te estoy diciendo indirectamente que tú no eres
honrado. La tabla de verdad ha funcionado perfectamente.
Pero nos falta analizar varios otros casos que, si bien
son irrelevantes para mis intenciones en la vida diaria,
no deben ser omitidos cuando se trabaja en lógica.
Veamos. Si el antecedente es verdadero (tú eres
honrado) y el consecuente también (yo soy el
rey de Persia), no he mentido, o sea que he dicho la
verdad; luego la primera línea de la tabla de
verdad resulta válida. Si el antecedente es verdadero
(tú eres honrado) y yo no soy el rey de Persia,
he mentido; luego, el condicional es falso y vale la
segunda línea de la tabla. La tercera fila ya
ha sido analizada desde el punto de vista de las intenciones
del hablante según los usos y costumbres en la
vida diaria. Pero hagamos nuevamente el análisis
paso a paso. Si el antecedente es falso (tú no
eres honrado) y el consecuente es verdadero (yo soy
el rey de Persia), no se me puede acusar de haber mentido,
porque yo afirmé ser el rey de Persia en el caso
de que tú fueras honrado; pero como no lo eres
quedo en libertad para ser o no el rey de Persia sin
incurrir en perjurio. Luego el condicional es verdadero
y rige la tercera fila de la tabla. La cuarta tiene
antecedente falso (tú no eres honrado) y consecuente
también (yo no soy el rey de Persia); tampoco
en este caso he mentido, pues mi afirmación de
que yo soy el rey de Persia estaba condicionada a que
tú fueras honrado. Como no lo eres, quedo en
libertad para ser o no el rey de Persia sin incurrir
en perjurio. Luego el condicional es verdadero y la
cuarta línea es válida.
Cuarto
ejemplo:
Si
tú eres honrado yo iré mañana a
Córdoba
El
lector puede comprobar que, con la idea de que el condicional
es verdadero si no he incurrido en perjurio y que es
falso en caso contrario, este ejemplo se adapta bien
a la tabla de verdad. Lo único que tiene de particular
es que no hay conexión conceptual entre antecedente
y consecuente: aparentemente, que tú seas honrado
no tiene nada que ver con mi viaje a Córdoba,
pero esto debe ser tomado como una simple excentricidad;
desde el punto de vista lógico las cosas funcionan
bien.
Quinto
ejemplo:
Si
2+2 =4 yo soy el Papa
Éste
es un caso de mayor desconexión conceptual entre
antecedente y consecuente; sin embargo, desde el punto
de vista puramente formal, puede ser analizado satisfactoriamente
con la tabla de verdad. Aquí no corresponde analizar
todos los casos de la tabla de verdad, pues estamos
en presencia de un condicional en el que el antecedente
es verdadero con toda seguridad. Luego, sólo
corresponde analizar las dos primeras líneas
de la tabla de verdad. Si yo hago esta afirmación
y resulta que soy el Papa, no he mentido y por tanto
el condicional es verdadero. Si hago esa afirmación
y no soy el Papa, he mentido (pues el antecedente es
indiscutiblemente verdadero) luego el condicional es
falso. Estas conclusiones están de acuerdo con
las dos primeras líneas de la tabla.
Sexto
ejemplo:
Si
2+2=4 el Sol es redondo
Aquí
estamos en un caso en que tanto el antecedente como
el consecuente son indiscutiblemente verdaderos; luego,
sólo hay que examinar la primera línea
de la tabla de verdad. Si yo hago esta afirmación,
Si 2+2=4 el Sol es redondo, puede considerarse
que no estoy en mi sano juicio pero no que he dicho
una mentira, ya que estoy afirmando que, en el caso
de que 2+2 sea igual a 4, el Sol es redondo, y esto
es verdad. De modo que el condicional es verdadero y
la tabla sigue siendo válida.
Séptimo
ejemplo:
Si
2+2=4 el Sol es cuadrado
Aquí
también corresponde analizar una sola línea
de la tabla de verdad, pues no hay duda de que el antecedente
es verdadero y el consecuente es falso. Esta afirmación
debe ser tomada como equivalente de esta otra: En
el caso de que 2+2 sea igual a 4 afirmo que el Sol es
cuadrado. Nuevamente, no hay conexión conceptual
entre antecedente y consecuente pero no cabe duda de
que estoy mintiendo, pues es cierto que 2+2 es igual
a 4 pero no es cierto que el Sol sea cuadrado. Entonces
el condicional es falso, tal como establece la tabla
de verdad.
Octavo
ejemplo:
Si
2+2=5 yo soy el Papa
Aquí
cabe analizar sólo las dos últimas líneas
de la tabla, puesto que es evidente que el antecedente
es falso. También hay gran desconexión
conceptual entre antecedente y consecuente, pero de
todas maneras este condicional puede ser considerado
como equivalente a lo siguiente: Para el caso en
que 2+2 sea igual a 5 afirmo que yo soy el Papa.
Como el caso de que 2+2 sea igual a 5 no existe, y yo
afirmé ser el Papa si se daba este caso, no he
mentido. Luego, el condicional es verdadero y se ajusta
a la cuarta línea de la tabla. Al respecto vale
la pena recordar una anécdota. Se le pidió
a Bertrand Russell (uno de los máximos creadores
de la lógica matemática moderna) que,
a pesar de la desconexión conceptual entre antecedente
y consecuente, mostrara cómo se puede pasar del
primero al segundo por medio de un razonamiento válido.
El gran filósofo habría respondido lo
siguiente:
Bien:
supongamos que 2+2 sea igual a 5; como por otra parte
yo sé que 2+ 2 es igual a 4, tengo las dos siguientes
igualdades:
2+2 = 5
2+2 = 4,
de donde extraigo la siguiente conclusión
5 = 4.
Por otra parte, yo sé que 3 = 3. Entonces tengo
estas dos igualdades:
5 = 4
3 = 3
Restando los dos primeros miembros obtengo 5-3=2, y
restando los dos segundos miembros obtengo 4-3=1. En
consecuencia:
2 = 1.
Ahora bien: como el Papa y yo somos 2, el Papa y yo
somos 1, de donde resulta que yo soy el Papa.
Noveno
ejemplo:
Si
2+2=5 el Sol es cuadrado
El
análisis correspondiente a este ejemplo es análogo
al anterior: como está claro que el antecedente
y el consecuente son ambos falsos, podemos considerar
que este condicional equivale a: En el caso de que
2+2 sea igual a 5 afirmo que el Sol es cuadrado.
Como el caso mencionado en el antecedente no se cumple,
quedo eximido de todo compromiso y en consecuencia no
se me puede acusar de haber mentido. Por tanto el condicional
es verdadero y se ajusta a la cuarta línea de
la tabla.
Conclusión
general:
| Un
condicional es falso únicamente en el caso
en que el antecedente sea verdadero y el consecuente
sea falso. En todos los otros casos el condicional
es verdadero. |
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