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para la articulación Universidad - Escuela Media

LENGUA Y REDACCIÓN
Prof. Jorge Bosch

Clase 1 - Clase2 - Clase3

MODALIDAD TUTORIAL
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CLASE 1. Introducción a la gramática razonada. Sujeto, predicado y verbo. Conjugación razonada y ejemplificada. Concordancia razonada. 

VERBO

Suponemos conocida la noción general de verbo. Lo que sigue no es una definición en sentido estricto sino más bien una regla práctica o una idea básica  que tiene cierto grado de imprecisión.

Idea básica: Identificación de la expresión verbal principal. La expresión verbal principal de una oración es el verbo o el conjunto de formas verbales cuyo sentido se refiere a la totalidad de la oración. O sea que la omisión del verbo principal impide conocer el sentido global de la oración. 

Ejemplo 1. El hombre llegó a la casa que había sido decorada por un pintor famoso. 

Si se omite el verbo (o expresión verbal) llegó, resulta imposible conocer el sentido global de lo que se pretende comunicar; se podría pensar que el lugar vacío dejado al suprimir llegó, se llenara poniendo insultó, o agredió, o ridiculizó, o saludó, cambiando así completamente el sentido global de la oración. Esto revela que el sentido del verbo llegó se refiere a la totalidad de la oración. En cambio, si se suprime  la forma verbal había sido, queda una duda acerca de la relación entre la casa y la decoración hecha por un pintor famoso, pero se comprende lo fundamental que se desea transmitir, que es la llegada del hombre a la casa. El verbo principal es, entonces, llegó. 

Ejemplo 2. El artista que contemplaba su cuadro encontró en él un error que lo perturbó.

 De los tres verbos que aparecen aquí, contemplaba, encontró y perturbó, el primero y el tercero dan informaciones parciales cuya omisión oscurece en cierta medida el sentido global, pero el verbo encontró es la clave de ese sentido. Este ejemplo ilustra, dicho sea de paso, la posibilidad de que el verbo principal no sea el primero que aparece. De hecho, puede hallarse en cualquier lugar de la oración, siempre que no se violen reglas gramaticales de construcción. 

Pregunta de identificación. Ante una oración se puede hacer siempre la pregunta: ¿Qué sucede? La respuesta, armada con las palabras Alguien (o Algo) y un verbo de los que figuran en la oración, suele ser un buen procedimiento para identificar al verbo principal. En el Ejemplo 1 tenemos dos posibles respuestas: Alguien llegó, y Alguien (o Algo) había sido. De estas dos respuestas, la que contiene información más importante acerca de todo lo que se dice en la oración (o sea, acerca de lo que sucede) es la primera. Luego, el verbo principal es llegó.

Segunda prueba. A veces la pregunta de identificación que acabamos de exponer no basta para despejar todas las dudas. Entonces conviene realizar una segunda prueba, más compleja, que consiste en hacerle al verbo varias preguntas como las siguientes: ¿Quién? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿A  qué o a quién? ¿Para qué o para quién? ¿De qué o de quién? Si las respuestas a estas preguntas (o a algunas de ellas) cubren toda la oración, ese verbo es el principal. Si no la cubren, no es el principal. Por ejemplo, en la oración

El jardinero que regaba las flores pisó una fruta que había caído de un árbol,

Hay tres verbos: regaba, pisó y había caído. Con respecto al verbo regaba hacemos la pregunta ¿Quién regaba? y obtenemos como respuesta El jardinero; luego hacemos la pregunta ¿Qué regaba? y obtenemos las flores. La pregunta ¿Cómo regaba? queda sin respuesta porque la oración no suministra información al respecto. La pregunta ¿Dónde regaba? también queda sin respuesta, aunque se sospecha que es en un jardín; pero las respuestas no tienen que ser dadas por simple sospecha sino por información contenida en la oración, y en este caso la oración no da información acerca del lugar en que se desarrollan las acciones. Las preguntas ¿Cuándo regaba?, ¿Por qué regaba?, ¿Para qué o para quién regaba? ¿De qué o de quién regaba?  también quedan sin respuesta. La pregunta ¿A qué o a quién regaba? parece tener como respuesta las flores, aunque con una construcción incorrecta puesto que no corresponde decir regaba a las flores.  De todos modos, la respuesta las flores no agrega nada nuevo porque ya se había obtenido antes. Luego, las únicas respuestas obtenidas son El jardinero y las flores. Pero estas dos respuestas no cubren la totalidad de la oración, pues queda sin cubrir la expresión pisó una fruta que había caído de un árbol. Luego, regaba no es el verbo principal. Ahora hagamos esta segunda prueba con el verbo pisó. La pregunta ¿Quién pisó? obtiene como respuesta El jardinero que regaba las flores. Para la pregunta ¿Qué pisó? la respuesta es una fruta que había caído de un árbol. Con estas dos respuestas queda cubierta ya toda la oración, de donde se deduce que el verbo principal es pisó. El lector puede aplicar la misma prueba al verbo había caído.

Observación 1. Las preguntas que constituyen la Segunda prueba tienen por objeto dar una regla práctica mediante la cual se pueda establecer si un determinado verbo se refiere a la totalidad de la oración o sólo a una parte de ella. Así reencontramos la idea básica de verbo principal como aquél cuyo sentido se refiere a la totalidad de la oración.

Observación 2. Las respuestas a las preguntas de identificación deben ser completas; por ejemplo, si en el último caso preguntamos ¿Quién pisó? una respuesta incompleta sería: El jardinero. Pero la respuesta completa es la que usa toda la información suministrada por la oración: El jardinero que regaba las flores

Ejercicio 1. Identificar el verbo principal en las siguientes oraciones:

(a)    El hombre que regalaba caramelos huyó de los que querían robarle.
(b)   Cuando murió después de haber bebido cicuta, Sócrates dejó al mundo una valiosa herencia moral.
(c)    Al caer la tarde todos los niños acudían a ver la fuente que lanzaba chorros de agua de diversos colores. 

Observación 3. Hay casos más complejos, sobre todo relacionados con los verbos ser y estar, en los cuales la aplicación de las reglas precedentes puede hallar dificultades. Por ejemplo, consideremos la oración:

Hacer una demostración de su coraje fue lo que decidió al hombre a escalar la montaña más riesgosa.

Apliquemos las diversas preguntas correspondientes a la Segunda prueba:

¿Quién fue? No hay respuesta.

¿Qué fue? La respuesta podría ser: Hacer una demostración de su coraje.

El resto de las preguntas no parece tener respuesta adecuada. Lo que sucede aquí es que la pregunta ¿Qué fue? admite en realidad dos respuestas, a saber, la que ya hemos visto y esta otra: lo que decidió al hombre a escalar la montaña más riesgosa. Entre ambas respuestas queda cubierta toda la oración; luego, el verbo principal es fue. De todos modos, cabe reconocer que en este caso la aplicación de las reglas no es totalmente clara. 

 

SUJETO 

Idea básica: Sujeto de una oración es la parte completa de esa oración que identifica a la persona, animal, cosa o entidad que realiza la acción expresada por el verbo principal. En algunos casos el verbo principal no expresa ninguna acción. Estos casos serán tratados más adelante. 

Pregunta de identificación. ¿Quién + verbo principal? La respuesta completa a esta pregunta constituye el sujeto. 

En el Ejemplo 1 la pregunta es: ¿Quién llegó? La respuesta completa es: El hombre. Esta expresión es, entonces, el sujeto. En el Ejemplo 2 la pregunta es: ¿Quién encontró? La respuesta completa es: El artista que contemplaba su cuadro. Esta expresión es el sujeto. Aquí se advierte con claridad por qué se pide que la respuesta sea completa. En efecto, una respuesta más breve y concisa, aunque incompleta, sería: El artista. Esta expresión más simple constituiría lo que se llama el núcleo del sujeto, pero el sujeto es la expresión completa. 

Ejercicio 2. Identificar el sujeto en las oraciones (a), (b) y (c) del Ejercicio 1. 

Casos en que el verbo principal no expresa acción. Los casos típicos son los representados por los verbos ser y estar (que en algunos otros idiomas, por ejemplo en francés, no se distinguen: hay un solo verbo, a saber, être, para traducir estos dos verbos españoles). Por ejemplo: El ser humano es un bípedo implume. Como esta oración contiene un solo verbo, éste es el verbo principal. La identificación del sujeto se puede realizar mediante una pregunta del mismo tipo que ya hemos indicado: ¿Quién es? La respuesta completa, El ser humano, constituye el sujeto. Otros verbos que no expresan acción son, por ejemplo: existir (Existen animales sin ojos) y haber (Hubo muchas personas).  

Sujeto tácito. Se dice que el sujeto es tácito  o sobrentendido si existe una respuesta adecuada a la pregunta identificatoria ¿Quién + verbo principal? pero la respuesta completa no está constituida por palabras que figuran en la oración dada. Por ejemplo: Me entregó un libro sumamente interesante. Ante la pregunta ¿Quién entregó? La respuesta adecuada es Él o ella, que constituyen un sujeto tácito porque está formado por palabras que no figuran en la oración. Este análisis corresponde a una oración aislada. Si la oración forma parte de un contexto claramente identificado, el sujeto tácito puede estar dado por el contexto. Ejemplo: María es una buena lectora. Me entregó un libro sumamente interesante. Hay aquí dos oraciones. El sujeto tácito de la segunda es María, en virtud del contexto. Pero, estrictamente, el sujeto de esta oración es Él o Ella, tácito. 

Oraciones impersonales. Hay oraciones que carecen de sujeto y por ello se denominan impersonales. Ejemplo: llueve. Se trata de una oración formada por una sola palabra (que es a su vez, obviamente, verbo principal). La pregunta ¿Quién llueve? carece de respuesta adecuada. No hay sujeto. Los verbos principales de oraciones impersonales se llaman verbos impersonales. Por ejemplo: llover, nevar, tronar, etcétera. Los verbos haber, hacer y ser pueden adoptar formas impersonales o, mejor dicho, pueden ser verbos principales de oraciones impersonales. Por ejemplo: Habrá buen tiempo, Hace calor, Es demasiado tarde. Con estos verbos (sobre todo con el verbo haber) ocurre un fenómeno particular: la pregunta de identificación ¿Quién + verbo principal? parece, en ciertos casos, tener una respuesta adecuada, y en consecuencia parece que hay un sujeto. Por ejemplo, si digo Hay muchas margaritas en el jardín, y luego pregunto ¿Quién hay?, parece que la respuesta adecuada es muchas margaritas y que, en consecuencia, éste es el sujeto de la oración. Aquí es necesario acudir a lo que hemos llamado idea básica con respecto al sujeto: habría que identificar a algo o a alguien que realizara la acción de haber, y esto no es posible porque la palabra haber no indica ninguna acción sino simplemente un estado de cosas. Luego, no hay sujeto. El caso del verbo hacer es más sencillo: si digo Hace calor y a continuación pregunto ¿Quién hace?, resulta evidente que no hay respuesta adecuada. 

 

PREDICADO 

Idea básica: Predicado de una oración es lo que se expresa acerca del sujeto, o lo que se atribuye al sujeto. Como fórmula más sencilla y práctica se puede decir que el predicado de una oración es todo lo que resta de ella (incluyendo al verbo principal) si se prescinde del sujeto. 

En el Ejemplo 1 ya hemos visto que el sujeto es El hombre; el predicado es entonces todo lo que resta, o sea: llegó a la casa que había sido decorada por un pintor famoso. En el Ejemplo 2 lo que resta aparte del sujeto es encontró en él un error que lo perturbó. Luego, éste es el predicado. 

Ejercicio 3. Identificar el predicado en las oraciones (a), (b) y (c) del Ejercicio 1. 

Casos complejos: La presencia de las conjunciones y, o, hace que la situación deba analizarse con más detalle. Veamos lo siguiente: 

Ejemplo 3.

San Martín cruzó Los Andes y libró duras batallas en Chile. 

Acá parece haber dos verbos principales, a saber, cruzó y libró. Los dos contribuyen al sentido global de la oración. Lo que sucede es que en este ejemplo hay dos oraciones con la apariencia de una; o bien, dicho con mayor precisión, hay una oración que resulta de la unión de dos oraciones más simples mediante la conjunción “y”. Las oraciones componentes son:

San Martín cruzó Los Andes.
Libró duras batallas en Chile.

Lo que conviene hacer es analizar por separado cada una de estas oraciones, pero en el contexto de la oración compuesta total. La primera de ellas es muy sencilla. La segunda también lo es pero hay que advertir que tiene sujeto tácito y que, como realizamos el análisis en el contexto de la oración compuesta total, el sujeto tácito de la segunda oración componente es San Martín. Si se realizara el análisis de la segunda oración fuera de contexto, el sujeto tácito sería Él o ella.

No siempre la presencia de las conjunciones y, o, fuera del sujeto, implica que hay dos oraciones en una. Veamos: 

Ejemplo 4. Entonces el protagonista, asediado por sus temores, creyó que alguien iba a tenderle una trampa y  que después moriría. 

Aquí hay un solo verbo principal, que contiene lo esencial del sentido de la oración: creyó. El sujeto es El protagonista, asediado por sus temores; y el predicado es todo el resto: Entonces creyó que alguien iba a tenderle una trampa y que después moriría.

Lo que sucede es que, dentro del predicado, hay una oración compuesta (llamada oración subordinada) cuyas componentes son:

Alguien iba a tenderle una trampa.
Después moriría.

En la primera de estas oraciones el verbo principal es iba y el sujeto es Alguien.

En la segunda el verbo principal es moriría y el sujeto tácito, dado por el contexto, es El protagonista, asediado por sus temores. Si no se tiene en cuenta el contexto, el sujeto es Él o ella. 

La presencia de la conjunción y, dentro del sujeto, no da lugar, por lo general, a dos oraciones componentes, como se ve en el siguiente ejemplo: 

Ejemplo 5. Juan y Pedro arrojaron piedras. 

Verbo principal: arrojaron. Sujeto: Juan y Pedro. En este caso se dice que el sujeto es compuesto y que tiene dos núcleos, pero ello no da lugar a dos oraciones. Es natural preguntarse por qué la conjunción “y” da lugar a dos oraciones cuando hay dos verbos principales y no lo hace cuando en el sujeto hay dos núcleos. La respuesta es que, en este último caso, la estructura del idioma exige que el verbo aparezca en plural: arrojaron, lo cual impide descomponer la oración primitiva en dos componentes, que serían: Juan arrojaron piedras y Pedro arrojaron piedras, ambas incorrectas. Conviene advertir que la Lógica simbólica o Lógica matemática no trata este caso de la misma manera que la gramática, porque la Lógica proposicional no toma en cuenta todas las particularidades de la conjugación verbal. De modo que, para dicha Lógica, la oración del Ejemplo 5 se descompone, efectivamente, en dos oraciones (o proposiciones) componentes: Juan arrojó piedras y Pedro arrojó piedras. Se ve que, al pasar de la oración global a sus componentes, se ha alterado la forma del verbo, cosa que la gramática no admite. La Lógica proposicional es, en cierto modo, “tarzanesca”, pues todo ocurre como si la proposición inicial fuera Juan y Pedro arrojar piedras, y las proposiciones componentes fueran Juan arrojar piedras y Pedro arrojar piedras. Pero en algunos casos el verbo en plural permite la descomposición gramatical en dos oraciones a partir de un sujeto con dos núcleos. Esto sucede cuando cada uno de estos núcleos es a su vez plural, como se ve en el siguiente ejemplo: 

Ejemplo 6. Los argentinos y los brasileños son sudamericanos. 

En este caso, tanto la Lógica proposicional como la Gramática admiten la descomposición en dos oraciones (sin alterar la forma verbal, por supuesto):

Los argentinos son sudamericanos.
Los brasileños son sudamericanos. 

Existen muchos otros casos de oraciones complejas, en cuyo análisis no entramos. 

 

CONCORDANCIA RAZONADA 

Estudiaremos brevemente sólo cuatro casos, que son los de mayor uso.

Las concordancias abarcan las siguientes variables: género (masculino y femenino), número (singular y plural), persona (primera, segunda y tercera), tiempo (presente, pretérito, futuro y sus diversas formas). 

1º) Concordancia de sujeto y verbo principal. Deben concordar en todas las variables que comparten. El sujeto presenta variabilidad en género, número y persona; el verbo presenta variabilidad en número, persona y tiempo. Luego, la concordancia ha de efectuarse en número y persona. Para ello conviene tener en cuenta la recomendación siguiente:

(a)    Un sujeto compuesto, como el del Ejemplo 5, se considera plural; luego, exige el verbo en plural. Como el sujeto está en tercera persona (puesto que no intervienen en él ni el que habla o escribe ni la persona a la que pudiera estar dirigida la oración), el verbo debe ir también en tercera persona. El tiempo queda librado a lo que sucede o ha sucedido en la realidad y a lo  que el emisor de la oración quiera significar o enfatizar. Por ejemplo, si Juan y Pedro arrojaron piedras (en el pasado) pero el emisor de la frase considera que han adquirido el hábito de arrojar piedras y que, en consecuencia, continuarán haciéndolo, puede usar el presente: Juan y Pedro arrojan piedras. Los que no se pueden alterar son el número y la persona.
(b)   El presente histórico. Se llama así a la adopción del tiempo presente para efectuar un relato de hechos pasados, con el objeto de dar más vivacidad o dramatismo a la acción: En ese momento Alejandro Magno comprende que sólo un acto de heroísmo puede darle la victoria, y se arroja dentro de la fortaleza enemiga. También se emplea este recurso en la vida cotidiana, aunque no se trate de historia en el sentido técnico de este término. Por ejemplo: En ese momento veo que un auto viene a toda velocidad hacia mí y entonces doy un salto y me salvo por unos centímetros. En estos dos casos la concordancia se efectúa en número y persona, dejando el uso del tiempo (pasado o presente) a la voluntad del emisor. 

Ejercicio 4. En los siguientes casos se ha colocado el verbo principal entre corchetes y en infinitivo, sólo para indicar que debe usarse una forma adecuada de ese mismo verbo. Se pide al lector que reemplace dicho verbo en infinitivo por la forma verbal adecuada, de modo que haya concordancia entre sujeto y verbo principal:

(a)    Los trenes que circulaban detrás del que descarriló [sufrir] también algunos daños.
(b)   Los diversos temas del discurso que el orador desarrolló brillantemente, sin ninguna vacilación aunque tal vez con un exceso de énfasis, [provocar] merecidos aplausos.
(c)    La emoción que me embargaba y que me produjo algunos sobresaltos, a los que yo sin embargo me sobrepuse, [lograr], a pesar de todo, llegar eficazmente a los que me escuchaban. 

Caso de oraciones impersonales. Hemos visto que son oraciones impersonales las que carecen de sujeto. (No se trata en este caso de sujeto tácito sino simplemente de que no hay sujeto). Ejemplos:

(a)    Llueve.
(b)   Hace calor.
(c)    En la reunión hubo mucha gente.

Como no hay sujeto, no se puede establecer concordancia entre sujeto y verbo principal. En tales casos corresponde el uso del verbo en tercera persona del singular, tal como se puede observar en los ejemplos precedentes. Es incorrecto pretender establecer concordancia del verbo principal con algo distinto del sujeto. Por ejemplo, son incorrectas las siguientes expresiones: Llovieron veinticinco milímetros de agua, Hicieron calores terribles, Hubieron muchos que protestaron. En los dos últimos casos lo correcto es decir: Hizo calores terribles, Hubo muchos que protestaron. Peor aún es decir: Hubimos muchos que protestamos; lo correcto en este caso es: Hubo muchos que protestaron, entre los cuales estábamos nosotros. Las formas impersonales hay, hubo, habrá, son invariantes y corresponden a la tercera persona del singular. En cuanto al caso de la lluvia, se podría admitir la expresión Llovió veinticinco milímetros de agua, pero esto significa usar el verbo llover como transitivo, lo cual es admitido sólo alguna vez por el Diccionario de la Real Academia Española. Para evitar polémicas lo más correcto es usar otra expresión, como por ejemplo: Llovió y se registraron veinticinco milímetros de lluvia. A veces el verbo llover se usa en sentido figurado, como si no se tratara de un verbo impersonal. Por ejemplo, se puede decir: Llovieron balas sobre los invasores, pero en este caso se usa el verbo llover en forma figurada porque tal uso no hace referencia al fenómeno atmosférico de la lluvia sino a algo que guarda cierta lejana semejanza con él. En realidad se lo usa metafóricamente en sustitución de caer, pues lo que se ha querido decir se puede expresar exactamente así: Cayeron balas sobre los invasores, como una lluvia. En virtud de esta sustitución se adopta para Llovieron la misma concordancia que para Cayeron, y en consecuencia se admite que hay un sujeto, que es balas. Pero se debe tener en cuenta que se trata de un uso figurado o metafórico. 

2º) Concordancia de expresión sustantivada y adjetivo. Un sustantivo es una palabra que se usa para identificar a seres, cosas, o ideas abstractas. Ejemplos: cocodrilo (un ser), mesa (una cosa), libertad (una idea abstracta). Llamamos expresión sustantivada a la palabra o conjunto de palabras que desempeñan en la oración el papel de un sustantivo. Y llamamos adjetivo a una palabra que expresa una cualidad o una determinación de un sustantivo (o expresión sustantivada). Por ejemplo, si digo Tengo una casa nueva, la palabra nueva es un adjetivo porque expresa una cualidad del sustantivo casa. Y en la oración Vinieron tres personas, la palabra tres es un adjetivo porque expresa una determinación del sustantivo personas. Las variables del adjetivo son género y número, y las de la expresión sustantivada son las mismas que las del sujeto (ya vistas). Luego, esta concordancia debe regir en género y número, teniendo en cuenta la siguiente recomendación:

Si el sujeto es compuesto y uno al menos de sus núcleos es masculino, el adjetivo debe ir en masculino. Sólo se adopta el género femenino del adjetivo si todos los núcleos del sujeto son femeninos. (Nota: esto puede considerarse como regla machista, pero por ahora no es fácil cambiarla). Por ejemplo: Juan, María y Susana son jóvenes y bellos. Esto vale también para los animales y las cosas inanimadas: Me regalaron unos hermosos rosas, lilas y claveles. Esta redacción, aunque es correcta, parece un tanto dura, por lo cual se suele expresar la misma idea del siguiente modo: Me regalaron claveles, rosas y lilas hermosos. Si, volviendo a la primera versión, dijéramos Me regalaron unas hermosas rosas, lilas y claveles,  la interpretación correcta sería que las rosas y también las lilas (a lo sumo) eran hermosas, pero que los claveles quedan sin calificar. 

3º) Caso del adverbio. El adverbio es una palabra que se refiere a un verbo, a un adjetivo o a otro adverbio. Por ejemplo: El hombre caminaba muy lentamente. Aquí la palabra lentamente se refiere a caminaba, que es verbo; luego, lentamente es adverbio; la palabra muy se refiere a lentamente, que es adverbio; luego, muy también es adverbio. En la oración Esa chica es muy linda la palabra muy se refiere a linda, que es adjetivo; luego, muy es adverbio. En vez de “se refiere a” los gramáticos suelen utilizar la expresión “modifica a”. Luego, diremos que el adverbio modifica a un verbo, a un adjetivo o a otro adverbio. El adverbio no tiene variantes, por lo cual se dice que es invariante. Luego, la concordancia es automática, sin efectuar variación alguna en el adverbio. Caso típico de mala aplicación de esta regla es, por ejemplo:

Ella estaba media muerta.

Aquí la palabra media modifica al participio pasado muerta, que no es, por cierto, un sustantivo sino un participio del verbo morir; en consecuencia, media no es adjetivo sino adverbio. Corresponde, pues, decir:

Ella estaba medio muerta. 
En cambio, es correcto decir
Comí media naranja,

pues aquí la palabra media modifica al sustantivo naranja, y en consecuencia no es adverbio sino adjetivo. Luego, concuerda con el sustantivo en género y número. 

4º) Concordancia de tiempos verbales entre sí. Esto se verá al estudiar la conjugación razonada de los verbos. 

Ejercicio 5. Indicar si las siguientes oraciones con correctas o incorrectas, usando las letras C e I respectivamente:

(a)    Se calcula que en el acontecimiento proyectado para mañana habrán miles de voluntarios.

(b)   Se calcula que cuando finalice el acontecimiento proyectado para mañana habrán participado miles de voluntarios.

(c)    Se calcula que habrán superado los diez mil participantes la concurrencia al acontecimiento de mañana.

(d)   Los días del verano hacen sentir calores muy fuertes.

(e)    En los días de verano hacen calores muy fuertes.

(f)     En este verano los calores se harán sentir con fuerza.

(g)    Ayer llovió muchísima agua.

(h)    Ayer llovió muchísimo.

(i)      Ayer llovieron grandes cantidades de agua.

(j)     Todas las chicas y además Juan Pedro eran encantadoras.

(k)   Todas estas botellas están medias vacías.

(l)      Las fuentes estaban llenas de medias manzanas.


CLASE 2. Nociones elementales de redacción. En primera, segunda y tercera personas. Singular y plural. Tiempos pasado, presente y futuro. Descripciones y relatos. Recomendaciones básicas. 

PERSONA  Y NÚMERO 

Siguiendo una costumbre derivada de las teorías de la comunicación y de la lingüística, llamaremos emisor al que dice o escribe un texto, y receptor al que lo recibe (escucha o lee).

Primera persona, singular y plural. La redacción en primera persona puede incluir o no el pronombre personal “Yo”, cuyos equivalentes en inglés y francés, “I” y “Je”, son obligatorios salvo en pocos casos de excepción. En español, en italiano y en portugués, el uso de este pronombre es optativo y se acomoda a las intenciones del emisor (hablante o escribiente). Por ejemplo, se puede iniciar una redacción escribiendo

Yo fui testigo de esos acontecimientos,

o bien

Fui testigo de esos acontecimientos.

Como recomendación general (aunque de ninguna manera obligatoria) se puede decir que se utiliza el pronombre “Yo” cuando se quiere poner énfasis en la actuación personal del emisor, y no se lo utiliza en caso contrario. Por ejemplo, en el siguiente texto se advierte que el emisor desea poner énfasis en su actuación personal:

Yo fui testigo de esos acontecimientos y recuerdo con toda claridad cómo sucedieron las cosas. Por eso puedo hablar con conocimiento de causa.

Es obvio que basta el pronombre “Yo” en la primera oración. Sería tal vez un exceso de énfasis (aunque en algún caso pueda justificarse) repetir el pronombre en la segunda oración: Por eso yo puedo hablar con conocimiento de causa. Este mayor énfasis da al texto un tono desafiante: parecería que el emisor quisiera decir “yo puedo hablar con conocimiento de causa pero otros no”.

En cambio, en el siguiente texto el emisor parece no tener interés en asumir un papel protagónico:

Fui testigo de los acontecimientos pero no recuerdo bien lo que sucedió. Prefiero no hablar de eso.

El comienzo de las cartas y de las presentaciones personales suele no incluir el pronombre “Yo”:

Tengo el agrado de dirigirme a usted para solicitarle una entrevista, a fin de poder exponer las razones que motivaron mi conducta en los sucesos recientes.

Éste es otro caso análogo:

Soy periodista egresado de la Universidad XXX y desearía poder realizar una visita a la empresa YYY con el objeto de escribir una nota para el periódico ZZZ.

También cuando se presentan antecedentes o se dan datos autobiográficos se suele omitir el pronombre “Yo”:

Nací el 20 de octubre de 1895. Estudié y me recibí en la Escuela Normal de Paraná y luego me desempeñé como profesor en diversos institutos de enseñanza.

Este uso del pronombre personal para señalar mayor protagonismo, énfasis o interés, se extiende a la segunda y a la tercera personas (y también a los correspondientes plurales). Ejemplos para la segunda persona son:

[Con énfasis] Te digo que tú eres el responsable de...

[Con menos énfasis] Te digo que tú eres responsable de...

[Sin énfasis] Te digo que eres responsable de...

Y para la tercera persona:

[Con énfasis] Ramón vino y él fue quien me agredió

[Sin énfasis] Ramón vino y me agredió

Para los relatos literarios en primera persona (cuentos, novelas, crónicas de viajes) vale la recomendación efectuada más arriba: en general se omite “yo”, salvo cuando se desea poner énfasis en la actuación personal o cuando se hace una presentación mencionando el nombre del que se presenta. Por ejemplo, la crónica llamada Viaje al Río de la Plata, del soldado y viajero alemán Ulrich (Ulrico) Schmidl, que formó parte de la expedición de Pedro de Mendoza, comienza con un largo título según la usanza de la época:

En que se trata de la ruta y viaje que yo, Ulrico Schmidl, de Straubing, hice en el año 1534, A.D., partiendo el 2 de agosto de Amberes, arribando per mare a España y más tarde a Las Indias, todo por la voluntad de Dios Todopoderoso.

A veces el relato comienza en primera persona y luego continúa o termina en tercera. Este recurso se suele utilizar para conseguir un efecto de sorpresa. Caso típico es el cuento La casa de Asterión, de Jorge Luis Borges, que comienza de este modo:

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias.

Nótese el cuidadoso uso que hace Borges del pronombre personal de primera persona: en la primera frase lo omite (Sé que me acusan...) pero en la segunda y entre paréntesis lo coloca explícitamente (que yo castigaré...), para asumir protagonismo y dar énfasis a la advertencia. El relato continúa así, en primera persona, describiendo la casa en que vive el relator, quien dice que se llama Asterión y proporciona algunos curiosos datos sobre su casa y su forma de vida. Habla finalmente de alguien que llegará y será su redentor. A propósito de este personaje se pregunta:

¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El relato de Asterión se interrumpe allí y el breve texto con que termina el cuento está escrito en tercera persona, lo que arroja una luz repentina sobre lo que se acaba de leer. Éste es el final:

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

De este modo nos enteramos de que Asterión era el minotauro y de que su casa era el célebre laberinto de Creta. Borges insinúa de este modo que el minotauro tomó a Teseo por su redentor.

Hay otros ejemplos literarios en los que se procede al revés: hay un comienzo en tercera persona y luego un largo desarrollo en primera. Tal es el caso de la novela De sobremesa, del poeta y escritor colombiano de fines del siglo XIX José Asunción Silva. Comienza en tercera persona describiendo una reunión de amigos en la que, después de varios diálogos, uno de ellos pide al protagonista, José Fernández, que lea una de sus obras. Éste accede y lee una novela escrita en primera persona, en forma de diario, en la que se relata lo ocurrido en fechas y lugares determinados. Ésta es la verdadera novela que nos ofrece José Asunción Silva, para la cual la primera parte, mucho más breve, sirve de ambientación e introducción.

La primera persona plural, caracterizada por el pronombre nosotros, tiene dos usos: el real y el simbólico. El uso real es el que corresponde cuando el emisor es un sujeto colectivo, es decir, formado por dos o más personas. Una carta firmada por varias personas puede comenzar así:

Tenemos el agrado de dirigirnos a usted...

El uso simbólico es el que tiene lugar cuando un sujeto singular se expresa en plural, o bien para dar al escrito un tono de impersonalidad o de modestia, o bien cuando se desea asumir una representación colectiva. Ejemplo del primer caso sería el del autor de un libro científico que escribiera, por ejemplo:

En el capítulo anterior dijimos que...

El segundo caso es más protocolar y solemne. Por ejemplo, el rey de España puede decir, en determinadas circunstancias:

Nos, el Rey... 

Ejercicio 6. Colocar el pronombre personal de primera o de segunda persona que corresponda (yo o tú), en los casos en que parezca adecuado colocarlo. (Decimos que “parezca adecuado” porque los ejercicios de este tipo no tienen solución exacta y en cambio tiene bastante importancia el “parecer” de cada uno):

(a)    He llegado a la conclusión de que eres el culpable. ¿No te da vergüenza?

(b)   He llegado a la conclusión de que eres culpable, pero también creo que has procedido de buena fe.

(c)    He llegado a esta conclusión por mí mismo; no me lo han contado.

(d)   ¿Es cierto que has dicho esas palabras que me ofenden?

(e)    Si es cierto que dijiste eso, me parece muy bien. 

Segunda persona. La segunda persona se usa casi exclusivamente en la conversación, en conferencias, en cartas o en notas dirigidas a algún funcionario. Rara vez se utiliza en la literatura, salvo en los diálogos: tiene importante uso en las novelas de género epistolar, construidas sobre la base de cartas. Entre las más célebres figura Werther, de Goethe, una de las primeras manifestaciones del romanticismo literario.

Con respecto a la segunda persona conviene hacer algunas aclaraciones:

1º) En España y en casi todo el mundo de habla española la segunda persona del singular está caracterizada por los pronombres personales , ti, y te, y por las formas verbales amas, tienes, sientes, etcétera. En la Argentina y en otros muy pocos lugares se usa el pronombre vos en sustitución de y de ti, y las formas verbales amás, tenés, sentís, etcétera, pero se mantiene el uso del pronombre te: Espero que este libro te guste. Es curioso que el término vos haya quedado como representativo de un tratamiento familiar, porque parece ser el remanente de un tratamiento antiguo mucho más respetuoso y distante: Me dirijo a vos, señor, para pediros que os ocupéis de mis infortunios. De manera análoga, las formas verbales de los verbos de primera y segunda conjugación, como amás y tenés, parecen ser deformaciones del antiguo tratamiento amáis y tenéis. No es una deformación, en cambio, el uso argentino de la segunda persona correspondiente a los verbos de la tercera conjugación, como sentís, que coincide exactamente con la segunda persona del plural de la conjugación oficial española.

2º) Lo que hemos llamado “antiguo tratamiento” consiste en usar la segunda persona del plural para dirigirse a una persona singular. Pero demás está decir que la segunda persona del plural del tipo de vosotros amáis, tenéis, sentís, es plenamente actual en España, aunque no en América Latina. En esta región se sustituye “vosotros” por “ustedes” y los verbos en segunda persona del plural por los correspondientes en tercera persona del plural: Ustedes aman, tienen, sienten.

3º) La segunda persona del singular para el tratamiento respetuoso y no familiar es idéntica en España y en América Latina, incluida la Argentina: está formada por el pronombre usted y por los verbos en tercera persona singular: Usted ama, tiene, siente. Pero la segunda persona del plural, como Vosotros amáis, tenéis, sentís, ha caído totalmente en desuso en América Latina y tiene, en esta región, el aspecto de un uso excesivamente protocolar y respetuoso. Sin embargo, en España es índice de familiaridad y confianza. Se puede decir que el uso de vosotros es la forma plural del tuteo. En cambio, cuando no hay tanta confianza se usa ustedes y los verbos en tercera persona plural. En América Latina se usa siempre ustedes, haya o no confianza. 

Tercera persona. La tercera persona es la más habitual en los relatos, tanto literarios como periodísticos: Juan se despidió de María y le hizo un regalo. En el caso del periodismo, inclusive cuando el autor de una nota o de un reportaje quiere referirse a sí mismo, usa la tercera persona en vez de la primera: Este cronista vio que el automóvil atropelló a una persona. 

 

LOS TIEMPOS 

Casi todos los relatos, tanto los de la vida cotidiana como los literarios y los periodísticos, se expresan en tiempo pasado (o pretérito) usando fundamentalmente, aunque no únicamente, el pretérito indefinido, sobre todo cuando se desea dar cuenta de sucesos que son los que van dando lugar, paso a paso, al desarrollo del relato. Por ejemplo: dijo, fue, salió, comieron, aguardaron. El cuento Emma Zunz, de Borges, comienza así:

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto.

Los verbos que describen la acción de la protagonista, como halló, supo, están en pretérito indefinido. Sólo se emplea el pretérito pluscuamperfecto, había muerto, para indicar algo ocurrido antes del momento en que se desarrolló la acción principal.

En cambio, cuando no se relata paso a paso lo que va sucediendo en un determinado momento, sino que se quiere dar una idea de lo que sucedía habitualmente en una cierta época, se usa el pretérito imperfecto: amaba, amabas, amaba, amábamos, amabais, amaban. La novela La guerra del fin del mundo, del escritor peruano contemporáneo Mario Vargas Llosa, comienza así:

El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes y sus ojos ardían con fuego perpetuo. Calzaba sandalias de pastor y la túnica morada que le caía sobre el cuerpo recordaba el hábito de esos misioneros que, de cuando en cuando, visitaban los pueblos del sertón bautizando muchedumbres de niños y casando a las parejas amancebadas.

Se ve que el autor no está contando una anécdota que va sucediendo más o menos con el mismo ritmo con que se la cuenta, sino que refiere hechos que sucedieron con cierta frecuencia durante un período de tiempo. Esto se hace más nítido en el segundo párrafo de la obra:

Aparecía de improviso, al principio solo, siempre a pie, cubierto por el polvo del camino, cada cierto número de semanas, de meses.

Está claro que si se usara el indefinido, diciendo Apareció de improviso, esto causaría la impresión de un hecho singular que sucedió una sola vez.

Es conveniente recordar siempre que, cuando interviene una oración subordinada mediante la conjunción que, los pretéritos del indicativo concuerdan con el imperfecto del subjuntivo y, en algunos casos excepcionales, con el presente del subjuntivo: Me pidió que le diera dinero. (Pidió: pretérito indefinido del indicativo; diera, pretérito imperfecto del subjuntivo). Las dos acciones son pretéritas: la de pedir y la de dar. En cambio, si en la subordinada aparece el presente del subjuntivo, como en Me pidió que le dé dinero, el significado es otro. Esta última oración podría reformularse, dando más datos temporales, así: En aquel momento me pidió que ahora le dé dinero. Es decir que el pedido se formuló en el pasado (pretérito indefinido del indicativo) pero el cumplimiento del pedido debe realizarse ahora (presente del subjuntivo). Es obvio que esta situación, si bien puede darse en la realidad o en la ficción, es mucho menos frecuente que la anterior, en la que las dos acciones ocurren en tiempo pasado. Sin embargo, aún en este caso especial se puede argüir que al decir Me pidió que ahora le dé dinero estoy relatando algo totalmente referido al pasado, aunque sus efectos se hagan sentir en el presente; luego, correspondería enunciar todo en tiempo pretérito y decir Me pidió que ahora le diera dinero. Como se trata de interpretaciones y de diferencias sutiles, pueden aceptarse ambas formas. El siguiente es un ejemplo de concordancia del pluscuamperfecto del indicativo (habían llevado) con el imperfecto del subjuntivo (pidiera). Se trata de una oración muy compleja, que conviene analizar con detenimiento. Pertenece a la citada novela de Vargas Llosa:

Casi al amanecer, cuando los vecinos, que habían rezado y cantado y le habían llevado sus hijos enfermos para que pidiera a Dios su curación y que le habían contado sus aflicciones y preguntado por lo que les reservaba el futuro, se hubieron ido, y los discípulos ya se habían echado a dormir, como lo hacían siempre, sirviéndose recíprocamente de almohadas y abrigo, el Beatito, en la actitud de reverencia extrema en la que se acercaba a comulgar, se llegó, vadeando los cuerpos andrajosos, hasta la silueta oscura, morada, que apoyaba la hirsuta cabeza en uno de sus brazos.

La citada concordancia aparece al comienzo: “...le habían llevado [pretérito pluscuamperfecto del indicativo] sus hijos enfermos para que pidiera [pretérito imperfecto del subjuntivo] a Dios su curación...” 

Análisis de la oración. Esta oración de Vargas Llosa se presta para realizar un instructivo análisis gramatical. Veamos. En su primera aparición la palabra “que”, que a menudo funciona como conjunción (cuando une dos oraciones, una principal y la otra subordinada) es ahora pronombre, pues se refiere al sujeto los vecinos, del que se afirma algo. ¿Qué se afirma acerca de los vecinos? Esto: habían rezado y cantado y le habían llevado sus hijos enfermos para que pidiera a Dios su curación. En este caso la palabra “que” no une dos oraciones porque “los vecinos” no es una oración sino una expresión sustantivada; luego, en este empleo “que” no es conjunción. En la oración parcial que acabamos de transcribir (con tres verbos principales, habían rezado, habían cantado y habían llevado, lo que la hace equivalente a tres oraciones) aparece nuevamente la palabra “que”, pero ahora vuelve a ser conjunción, pues une a la oración le habían llevado sus hijos enfermos, con la subordinada pidiera a Dios su curación. El pluscuamperfecto del indicativo, habían llevado, concuerda con el imperfecto del subjuntivo, pidiera (sujeto tácito: él.). La siguiente aparición de la palabra “que”, en y que le habían contado sus aflicciones, vuelve a ser pronombre, pues está en el mismo nivel que la primera aparición de “que” y se refiere, igualmente, al sujeto los vecinos. A continuación, la conjunción “y” une a esta última oración con otra de su mismo nivel, a saber, [habían] preguntado por lo  que les reservaba el futuro. En esta oración hay una principal, habían preguntado, y una subordinada, lo que les reservaba el futuro, unidas por la palabra “por”, que habitualmente es preposición pero aquí se desempeña como conjunción, porque une dos oraciones. En la subordinada el sujeto es el pronombre neutro “lo”, y la aparición de la palabra “que” que le sigue vuelve a ser pronombre porque se refiere al sujeto “lo”. A continuación aparece el verbo reflexivo se hubieron ido. ¿A quién se refiere? Evidentemente, al sujeto los vecinos. Este verbo está en pretérito anterior del indicativo, lo cual sugiere que se trata de una acción concluida antes de que se ejecutara otra acción. Esta otra acción aparece más adelante, y es se llegó, referida al sujeto el Beatito. Pero antes de este sujeto aparece otra oración del mismo nivel que la que tiene por sujeto a los vecinos y que está, como ella, directamente relacionada con el adverbio “cuando”, que aparece al principio. Esta otra oración, que debe interpretarse como referida a las primeras palabras, a saber, Casi al amanecer, cuando..., es la siguiente: los discípulos ya se habían echado a dormir, como lo hacían siempre, sirviéndose recíprocamente de almohadas y abrigo. Esta oración está unida por la conjunción “y” a la que tiene por sujeto los vecinos, y es de su mismo nivel. ¿Por qué estas dos oraciones, que son del mismo nivel y están simplemente unidas por la conjunción “y”, presentan verbos en distintos tiempos? En efecto: la que tiene por sujeto los vecinos presenta el verbo en pretérito anterior, se hubieron ido; y la que tiene por sujeto los discípulos presenta el verbo en pretérito pluscuamperfecto, se habían echado. La diferencia obedece a lo siguiente: la acción ejecutada por los vecinos estaba ya concluida cuando se realizó la acción ejecutada por el Beatito, se llegó; en cambio, la acción ejecutada por los discípulos continuaba, en cierto modo, cuando el Beatito se llegó hasta la silueta oscura. Esta proximidad entre la acción de echarse a dormir y la llegada del Beatito es enfatizada por el adverbio “ya”. Al llegar aquí advertimos que todo lo que se ha dicho está referido a la circunstancia expresada al comienzo por las palabras “Casi al amanecer, cuando”. Todo esto describe entonces una circunstancia en la que se realiza la acción se llegó, ejecutada por el Beatito. Es, entonces, lo que se llama un complemento circunstancial del verbo se llegó. Éste aparece así como el verbo principal de la oración global, y su sujeto es el Beatito. Vemos que hemos debido recorrer una buena parte de la oración global para dar por fin con el verbo principal y el sujeto. Los otros sujetos que hemos mencionado son sujetos de oraciones parciales. El largo complemento circunstancial que hemos analizado se denomina complemento circunstancial de tiempo, porque está regido por el adverbio “cuando” y la indicación temporal “casi al amanecer”. La frase en la actitud de reverencia extrema en la que se acercaba a comulgar, también está referida al verbo principal se llegó y es, a su vez, un complemento circunstancial, pero no es de tiempo sino de modo, pues indica una modalidad de ejecución de la acción de llegarse. La expresión vadeando los cuerpos andrajosos es también un complemento circunstancial de modo. Finalmente, la expresión hasta la silueta oscura, morada, que apoyaba la hirsuta cabeza en uno de sus brazos, es un complemento circunstancial (referido al verbo principal) que en este caso no es de tiempo ni de modo sino de lugar, pues indica el lugar al cual el Beatito se llegó. En este complemento aparece otra vez la palabra “que” como pronombre, pues está referida al sujeto la silueta oscura, morada. Por supuesto, este sujeto, como otros que ya hemos mencionado, es sujeto de una oración parcial. El sujeto de la oración global es, como queda establecido, el Beatito. 

Ejercicio 7. Indicar si las siguientes oraciones son correctas o incorrectas, usando las letras C e I respectivamente:

(a)    Después de la conversación le recomendó que a partir de ese momento estudie más.

(b)   Ayer me recomendó que vuelva precisamente hoy.

(c)    Ayer me recomendó que volviera precisamente hoy.

(d)   Siempre le había parecido mal que yo use aquel traje pasado de moda.

(e)    El difunto nunca creía que la suerte vaya a favorecerlo.

(f)     El difunto nunca creyó que la suerte iba a favorecerlo.

(g)    El difunto nunca creyó que la suerte fuera a favorecerlo. 

Hemos dicho que, por lo general, los relatos se cuentan o se escriben en tiempo pasado, pero no ocurre siempre así. Hay cuentos escritos íntegramente en presente, y en algunas novelas se alternan el presente y el pasado. Los relatos se escriben o se cuentan oralmente en presente cuando se desea imprimir mayor vivacidad y realismo a la acción. Se suele decir que no deben mezclarse los tiempos: si se ha comenzado en presente, debe continuarse el relato en presente; y si se ha comenzado en pasado, debe continuarse en pasado. Ésta es una buena recomendación en términos generales pero no debe tomarse al pie de la letra. Es perfectamente lícito que alguien comience a relatar algo en pasado y que, al llegar un momento culminante y vivaz del relato, pase al presente. Es recomendable (aunque no obligatorio) que en esos casos la transición esté marcada por expresiones tales como “Entonces”, o “En ese momento”, etcétera. Veamos el siguiente ejemplo:

La tarde transcurría plácidamente. Todos estábamos reunidos en el jardín conversando cuando de pronto hirió nuestros oídos un estruendo infernal y nos sentimos sacudidos por una fuerza terrible. Parecía que un rayo hubiera caído muy cerca de nosotros. Entonces veo que todo es desorden: cada uno corre para donde puede, algunos gritan, otros caen al suelo. Yo trato de mantener la calma y de observar qué es lo que pasa. Afortunadamente, no hay ningún herido.

Después del adverbio de tiempo “Entonces” se produce la transición del relato en pasado al relato en presente: es obvio que con este recurso se busca dar más vivacidad y dramatismo a la última parte de la narración. En la citada novela de Vargas Llosa el autor se vale de un recurso interesante: todo está escrito en pasado, excepto las partes que son protagonizadas por ciertos personajes determinados, como el llamado Galileo Gall. No se trata aquí de que estos pasajes adquieran mayor vivacidad y dramatismo que los otros, sino de establecer una diferencia que podríamos calificar de ambiental, o concerniente a la atmósfera del relato. Con este recurso hay algunas partes que se destacan simplemente por su atmósfera, constituida por el relato en tiempo presente.

En cuanto al futuro, interviene en algunos relatos solamente de manera relativa: futuro con respecto a un pasado remoto, pero pasado con respecto a un pasado más reciente. Veamos un ejemplo:

San Martín llegó al Río de la Plata y rápidamente entró en combate contra las fuerzas realistas. Luego se trasladó a Mendoza y comenzó a preparar el ejército de los Andes. A partir de ese momento todos sus esfuerzos estarán dedicados a lograr la liberación de la Argentina, Chile y Perú. Sin embargo, a partir de su encuentro personal con Bolívar en Guayaquil, decidió abandonar la empresa y retirarse.

Las dos primera oraciones se refieren a un cierto pasado. La tercera oración describe sucesos futuros respecto de aquel pasado, pero que son también pasados respecto de un pasado más próximo, como el que ejemplifica la cuarta oración. De todas maneras, estas mezclas de tiempos (pasado con presente, pasado con futuro relativo) deben ser manejadas con cuidado y respondiendo siempre a una determinación consciente del autor, tomada para lograr cierto objetivo. 

 

DESCRIPCIONES Y RELATOS 

Recomendaciones básicas.  Las siguientes recomendaciones están dirigidas a principiantes, es decir, a personas que no tienen una amplia experiencia en redacción. 

1º) Si el texto es breve conviene mantener siempre el mismo tiempo (pasado o presente) desde el principio hasta el fin. Si el tiempo elegido es el pasado, esta recomendación no implica que deba usarse siempre el mismo tiempo de la conjugación, por ejemplo, el indefinido; el uso de cualquiera de los cinco pretéritos del modo indicativo y de los tres del subjuntivo debe adaptarse a las formas gramaticales de cada oración. El siguiente ejemplo de descripción pertenece al Capítulo I de la novela El príncipe de los lirios, del escritor argentino contemporáneo Eduardo Gudiño Kieffer:

La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma circular, estaba rodeada por la Casa de la Reina y por la de cada una de sus concubinas. Dominaba a las demás desde el único altozano en la mayor de las islas. Allí vivía Parehu-samok con algunos guerreros y unos poco varones iniciados; allí deseaba vivir yo cuando llegara el momento de mi propia iniciación, prevista para la época –entonces me parecía lejanísima- en que asoman los primeros vellos en la ingle y en los sobacos. Me parecía una fortaleza inexpugnable, quizá porque nunca fue arrasada por las feroces inundaciones que sobrevenían en la estación de las lluvias.

Esta descripción está hecha en pasado y el tiempo verbal básico o dominante es el imperfecto del indicativo, pero aparecen también, por necesidades gramaticales, el imperfecto del subjuntivo y el indefinido del indicativo. En realidad éste (nunca fue arrasada) podría sustituirse por el pluscuamperfecto del indicativo (nunca había sido arrasada): ambos son igualmente válidos en esta ocasión. Hay entre ellos una diferencia sutil que no analizaremos. Merece destacarse el uso de un tiempo presente del indicativo: ¿hay aquí un cambio temporal en el relato?

El siguiente ejemplo de relato pertenece al Capítulo XV de la misma obra:

A la mañana siguiente, obedeciendo sin duda a órdenes de la Impredecible, me bañaron, me ungieron, me peinaron y me vistieron con un simple faldellín, me calzaron sandalias de cuero, me adornaron tan sólo con hilos de oro que descendían despectivamente de mi cuello de pájaro hacia mi pecho magro y hundido, como humillados por tener que brillar contra tanto marchitamiento precoz. Supuse que era el atuendo adecuado para una visita o paseo menos solemne que el realizado cuando las festividades del Opet. No me equivocaba. Dos esclavos negros como la pez y fatigados como las dunas del desierto, me condujeron ante la presencia de Hapsetsut.

El tiempo verbal dominante en este relato es el pretérito indefinido del indicativo (bañaron, ungieron, supuse, condujeron), como sucede muy a menudo en las narraciones. Aparecen, sin embargo, por razones estrictamente gramaticales, dos pretéritos imperfectos (descendían, equivocaba). Hay también dos infinitivos (tener, brillar), un gerundio (obedeciendo) y varios participios (hundido, humillados, realizado). Estos últimos no están usados como formas verbales sino como adjetivos, lo que se advierte porque están referidos a sustantivos y, en consecuencia, se hallan sujetos a una eventual variación de género. 

2º) En textos breves también conviene mantener la descripción o el relato en la misma persona, primera, segunda o tercera. 

3º) En los comienzos de la ejercitación en redacción conviene construir frases breves y sencillas, separadas por punto o por punto y coma. Hay grandes escritores, como Borges, que tienen predilección por las frases breves. Veamos este fragmento del ya citado cuento Emma Zunz:

Cuando se quedó sola, Emma no abrió enseguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba.

Sería interesante analizar el uso que Borges hace de los signos de puntuación en este texto. 

4º) Evitar la repetición de palabras próximas, así como la formación de rimas chocantes. Por ejemplo:

En esa ocasión hubo mucha emoción.

Para reemplazar una palabra por otra más o menos equivalente es muy útil el diccionario de Sinónimos que contiene el procesador de texto Word a partir del Word 95, que es de muy fácil manejo. Tales “sinónimos” no lo son exactamente. Corresponden más bien a lo que se suele denominar Diccionario de ideas afines. 

5º) En general no corresponde poner coma inmediatamente después del sujeto. Por ejemplo, en vez de escribir

El hombre que manejaba el automóvil, se distrajo y estuvo a punto de provocar un accidente

corresponde escribir

El hombre que manejaba el automóvil se distrajo y estuvo a punto de provocar un accidente.

Se puede poner coma cuando el sujeto es muy largo. Por ejemplo:

El hombre que había salido del castillo en estado lamentable y fatigado por quién sabe qué peregrinajes que lo habrían llevado a ambular por extrañas comarcas y a afrontar insospechados peligros, se detuvo un momento para escrutar el horizonte antes de reiniciar su marcha.

En esta oración el sujeto se extiende desde el comienzo (El hombre) hasta insospechados peligros; debido a su longitud, es aconsejable poner una coma al finalizar, o sea antes de la expresión verbal se detuvo.

También corresponde poner coma al finalizar el sujeto cuando éste concluye con una frase explicativa o con una enumeración en la que se han usado comas; por ejemplo, en uno de los citados fragmentos de Gudiño Kieffer se lee:

La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma circular, estaba rodeada por la Casa de la Reina y por la de cada una de sus concubinas.

Aquí el sujeto es La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma circular. Corresponde poner coma debido a la presencia de la frase explicativa de forma circular, que ya de por sí va entre comas.

Un caso de enumeración que se extiende hasta el final del sujeto es el siguiente:

La mujer que vendía rosas, jazmines,  claveles, decidió cambiar de lugar.

En este caso corresponde sin lugar a dudas poner coma a continuación de claveles, pero un caso más dudoso es el siguiente:

La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles, decidió cambiar de lugar.

En este caso se puede usar la coma para dar fin a la enumeración pero no sería incorrecto omitir la coma. En cambio, en el siguiente ejemplo:

La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles en la esquina de mi casa decidió cambiar de lugar,

el sujeto es La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles en la esquina de mi casa, en el cual hay una enumeración pero ésta no se extiende hasta el final, debido a la presencia de la frase en la esquina de mi casa; en consecuencia, no corresponde poner coma. 

6º) Respetar las concordancias. No usar el presente del subjuntivo cuando corresponde el pretérito imperfecto. (Por ejemplo, vaya en vez de fuera). El presente del subjuntivo está referido siempre al presente o al futuro, pero nunca al pasado. Ejemplo de presente del subjuntivo (crea) referido al presente:

No es que yo crea que hay fantasmas, pero...

En este caso se admite la expresión verbal hay en presente del indicativo; es más correcto (aunque menos usual) colocar el verbo haber en presente del subjuntivo:

No es que yo crea que haya fantasmas, pero...

Ejemplo de presente del subjuntivo (vaya) referido al futuro:

No creo que yo mañana vaya a Córdoba.

En cambio, no es correcto usar el presente del subjuntivo (vaya) referido al pasado:

Cuando lo encontré me pidió que vaya enseguida a buscar a su hermano.

En este caso lo correcto es usar el pretérito del subjuntivo, fuera:

Cuando lo encontré me pidió que fuera enseguida a buscar a su hermano. 

Ejercicio 8. En el marco de estas recomendaciones básicas, indicar si los siguientes textos son objetables o inobjetables, usando para ello las letras O e I respectivamente:

(a)    El que suscribe se dirige a usted para solicitarle quiera acordarle una entrevista antes de que finalice  el presente año, debido a que a partir del próximo cambiarán las normativas vigentes. Aprovecho la oportunidad para saludarlo con mi consideración más distinguida.

(b)   Tengo interés en estudiar en esa universidad porque es la universidad que mejor se adapta a mis expectativas.

(c)    El hombre que había estudiado diversas disciplinas, poemas, obras de música, decidió escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.

(d)   El hombre que había estudiado diversas disciplinas, decidió escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.

(e)    El hombre que había estudiado diversas disciplinas decidió escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.

(f)     Yo no estoy seguro de que las cosas son como tú las refieres.


CLASE 3. Periodismo y Literatura. Semejanzas y diferencias entre ambas modalidades de escritura. Concisión y objetividad. 

SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS

Semejanzas 

  1. En ambos casos se debe escribir correctamente, es decir, respetando las reglas gramaticales y ortográficas. 

    En este sentido cabe reconocer que, en términos generales, el periodismo escrito argentino es bastante correcto. Conviene tomar en cuenta, sin embargo, las incorrecciones más habituales
    1. En muchas ocasiones se usa el pronombre en singular, le, cuando corresponde el plural les. Ejemplos: (a) ETA no le quitará el rol clave a los nacionalismos. (El Día, de La Plata, 12-3-2000, título en página 3.) El pronombre “le” se refiere a “los nacionalismos” y en consecuencia debería sustituirse por “les”. (b) ...busca el narrador rescatar algo que le hable a sus deseos. (La Nación, de Buenos Aires, 12-3-2000, pág. 1 de la sección 6ª, dedicada a Cultura. Nota de Edgardo Cozarinsky, penúltima línea). Si la frase fuera “busca el narrador rescatar algo que le hable”, estaría bien porque el pronombre “le” se referiría en tal caso al narrador; pero en la oración transcripta dicho pronombre se refiere a “sus deseos”, que es plural. Este ejemplo es particularmente notable porque está tomado de un texto perteneciente a un destacado intelectual de vasta cultura, escritor y cineasta. Puede ser un error de dactilografía.Con respecto a este uso del pronombre “le” cabe hacer un comentario más general: dicho uso es redundante y sólo debería admitirse cuando se desea poner un particular énfasis en el complemento indirecto (los nacionalismos en el primer ejemplo y sus deseos en el segundo). En los dos ejemplos mencionados no parece estar justificado el uso del pronombre, pues es evidente que las frases pueden redactarse así: ETA no quitará el rol clave a los nacionalismos y ...busca el narrador rescatar algo que hable a sus deseos, con lo cual no se pierde nada del significado y se gana en elegancia.

    2. Hay confusiones de género. Una de las más comunes se refiere a la palabra “automotriz”, que es de género femenino pero se la suele emplear como si fuera de género masculino.

      Ejemplo: Hay problemas en el sector automotriz.

      Si se quiere mantener la estructura de la oración se debe escribir:

      Hay problemas en el sector automotor.

      O bien, sin conservar totalmente la estructura:


      Hay problemas en la industria automotriz.
      (Obviamente, no es lo mismo sector que industria, de modo que no siempre es aconsejable esta versión).

      Otros ejemplos de uso correcto son:

      La fuerza motriz de la campaña fue el entusiasmo
      , y El elemento motor de la campaña fue el entusiasmo.

    3. Bastante a menudo se escribe de acuerdo a en vez de de acuerdo con, que es lo correcto. 

      Ejemplo:
      El empleado actuó de acuerdo a las instrucciones recibidas.

      ¿Por qué corresponde decir “de acuerdo con” y no “de acuerdo a”? Por razones de homogeneidad: si decimos “Estoy de acuerdo con usted” y no “Estoy de acuerdo a usted”, no hay ninguna razón para cambiar la preposición “con” por “a” en otros usos análogos de la expresión “de acuerdo”.

    4. Dequeísmo y queísmo. Se llama dequeísmo al vicio consistente en emplear la expresión “de que” cuando corresponde “que”, y queísmo al vicio inverso. Hay una regla general, inspirada también en razones de homogeneidad, que permite establecer en qué casos corresponde “de que” y en qué casos corresponde “que”. Aclaremos ante todo que lo que está “en duda” es el uso de la preposición “de”, pues estamos analizando casos en los que figura la palabra “que”. Para saber si corresponde anteponer o no la preposición “de” a la palabra “que”, la regla indica que se deben formar dos expresiones del tipo siguiente:

      EXPRESIÓN INICIAL  –  de  –  una cosa

      EXPRESIÓN INICIAL  -  una cosa
          
       
      Explicación
      : La expresión “una cosa” que aparece al final y en minúscula se debe mantener tal cual es en las aplicaciones de la regla, sin cambiarla por otra. Por ejemplo, si queremos averiguar si se debe decir “pienso que” o “pienso de que”, aplicamos la regla de este modo:

      Pienso de una cosa

      Pienso una cosa   

        

      Si la primera es la correcta corresponde usar “de que”; si lo es la segunda, corresponde solamente “que”. Es evidente que, en este ejemplo, la segunda oración es la correcta y entonces no corresponde usar “de que” a continuación de “pienso”, sino simplemente “que”. Si se dice “pienso de que” se incurre en dequeísmo. Veamos ahora si corresponde decir “se dio cuenta de que” o “se dio cuenta que”.

      Aplicamos la regla:


      Se dio cuenta de una cosa

      Se dio cuenta una cosa     

      Es evidente que la primera oración es la correcta y entonces corresponde usar “de que” a continuación de “se dio cuenta”. Si se dice “se dio cuenta que” se incurre en queísmo. La “duda” entre “que” y “de que” aparece generalmente a continuación de ciertos verbos o expresiones verbales (Pienso, se dio cuenta, etc.), pero puede presentarse también en el caso de sustantivos. Por ejemplo: ¿se debe decir “la suposición de que mañana llueva” o “la suposición que mañana llueva”? Apliquemos la regla:

      Suposición de una cosa

      Suposición una cosa


      Se ve que la primera frase es la correcta y que, en consecuencia, corresponde decir “la suposición de que mañana llueva

      Vale la pena observar que, tanto en el periodismo como en la literatura, el dequeísmo es en la actualidad muy poco frecuente, pero en cambio el queísmo abunda: me doy cuenta que, me acuerdo que, te prevengo que, te informo que, etc. Como caso especial conviene notar que, si bien la expresión verbal “me acuerdo” exige la preposición “de”, el verbo “recuerdo” no la admite. Se debe decir “Me acuerdo de que tú estabas presente” y “Recuerdo que tú estabas presente”. Con "informar" sucede algo parecido: son correctas las expresiones te informo de que e informo que. Todos estos casos se resuelven con la regla práctica mencionada más arriba.

    5. Otras expresiones de mal uso frecuente son: “en base a” en vez de la correcta “sobre la base de”, y “bajo el punto de vista” en vez de la correcta “desde el punto de vista”. La razón en ambos casos se vincula con el significado de los términos. En el primer caso, no se construye algo en una base sino sobre una base; y en el segundo caso, si uno se coloca bajo un punto de vista corre el riesgo de no ver nada o de ver algo equivocadamente.

  2. Tanto en el periodismo como en la literatura es recomendable no usar expresiones demasiado obvias y trilladas, como por ejemplo:

    El niño, con la inocencia propia de su edad, siguió al hombre


    Rápido como el rayo, se abalanzó sobre su presa

    El manto negro de la noche
    se extendió sobre la ciudad


    Aunque las expresiones obvias resultan siempre de mal gusto, algunas son más tolerables en el periodismo que en la literatura. Por ejemplo:


    El asesino, poniendo en evidencia su crueldad, le aplicó veinticinco puñaladas


    Distinta es la situación si se relatan los hechos objetivamente (El asesino le aplicó veinticinco puñaladas) y luego se hace un comentario, por ejemplo: Esta crueldad llamó la atención del juez. En este caso no hay objeciones. A su vez el juez, que está obligado a fundamentar cuidadosamente sus afirmaciones, puede decir y escribir, válidamente: El hecho de que el acusado haya aplicado veinticinco puñaladas a la víctima pone en evidencia una crueldad que lo hace sumamente peligroso. En este caso, mencionar la crueldad sirve al juez como fundamento para su afirmación acerca de la peligrosidad del reo.

 

Diferencias 

  1. En el periodismo, tanto el relato de los hechos como los comentarios están fuertemente condicionados por la claridad, la objetividad, la razonabilidad y la lógica, las cuales no constituyen pautas obligatorias para la literatura, sobre todo para la poesía y la literatura de ficción. El género literario en el que mayor vigencia tienen esas pautas es la narrativa realista (cuento o novela). El desarrollo de una narración literaria de corte realista debe ceñirse tanto como un relato periodístico a las condiciones de razonabilidad y de lógica: la razonabilidad exige que lo que se cuenta y lo que se supone acerca de lo que se cuenta sea creíble y no parezca un mero fruto de la fantasía (aunque lo sea, en el caso de la literatura); la lógica exige que no haya contradicciones y que las deducciones que se efectúen sean correctas. La objetividad y la claridad merecen explicación aparte. En el periodismo ambas son imperativos inexcusables, tanto para el relato de hechos como para los comentarios y los análisis. En la narrativa realista se debe dar la impresión de objetividad pero con respecto a una obra de ficción no cabe hablar de objetividad en sentido estricto. En cuanto a la claridad, tampoco es estrictamente necesaria en la narrativa realista. Puede ser que algunas frases sean muy elaboradas, complejas e inclusive oscuras, sin que ello disminuya la calidad literaria del texto.

    Para la poesía y la narrativa no realista no vale ninguna de las cuatro exigencias (claridad, objetividad, razonabilidad y lógica). Por otra parte, el ensayo es un género literario en el que el autor vierte sus opiniones acerca de uno o varios temas; el respeto por la lógica es imprescindible pero la exigencia de razonabilidad es menos estricta: las opiniones de un ensayista pueden parecer muy poco razonables e inclusive descabelladas, pero ello no necesariamente quita valor literario al texto y, además, éste puede tener interés por la forma en que el autor defiende sus creencias. Tampoco la objetividad es exigible en toda obra ensayística, pues ésta puede consistir, en variable medida, en impresiones subjetivas del autor. La claridad es deseable pero se admiten ensayos cuya construcción dé lugar a ciertas oscuridades. El género ensayo es tan vasto que, mientras por un extremo se acerca a una exposición científica, por otro puede lindar con la poesía. De más está decir que en esta extensa gama las exigencias de claridad, objetividad, razonabilidad y lógica están sometidas a una gran variabilidad.

  2. En el periodismo la belleza de la prosa sólo cuenta en algunos casos especiales, como las notas de opinión que se aproximan al ensayo literario. En el resto, tanto en el relato de hechos como en los comentarios, la buena prosa periodística es la que, además de respetar las normas gramaticales, se ajusta a las condiciones de claridad, objetividad, razonabilidad y lógica. En cambio, en la literatura la belleza del estilo –sea en prosa o en verso- es componente esencial del valor del texto. A veces esta belleza se destruye en las traducciones por medio de un simple cambio en la sintaxis, que a su vez introduce leves cambios en los significados. Por ejemplo, el gran poeta francés contemporáneo Yves Bonnefoy escribe, en uno de sus poemas, esta frase que aquí se ofrece traducida literalmente, palabra por palabra:

    Morir es un país que amabas

    Pero un traductor la vertió de este modo:

    Amabas el país de la muerte


    El significado es, en cierta medida, el mismo, pero la sintaxis (ordenamiento de las palabras y relaciones entre ellas) es distinta. Y este cambio de sintaxis implica leves cambios de significado: en el original se afirma que morir es un país; en la traducción se habla, en cambio, de algo más vulgar y trillado, el país de la muerte, similar a la conocida imagen el reino de la muerte. Con este leve cambio el poema pierde originalidad y se hace más vulgar. La traducción literal es, desde el punto de vista de la belleza, muy superior a la otra, además de ser más fiel. Éste es sólo un ejemplo. No siempre la traducción literal conserva el sentido ni la belleza, pero en materia de traducción siempre es conveniente partir de la traducción literal y luego introducir el menor número posible de cambios para conservar sentido y belleza.


    Por supuesto que el concepto de belleza es impreciso y tiene una fuerte carga de subjetividad. Pero no hay duda de que ella tiene algo que ver con la originalidad, con el descubrimiento de relaciones profundas entre las cosas, con la variedad de sensaciones evocadas y, también, con el ritmo y el sonido de la frase. Leamos, por ejemplo, una larga oración extraída de la novela El arpa y la sombra, del escritor contemporáneo Alejo Carpentier:


    A ambos lados del largo, larguísimo camino, seguido entre paredes de salas y galerías, pasaban óleos oscuros, retablos ensombrecidos por el tiempo, tapicerías apagadas en sus tintes, que mostraban acaso, para quien los mirara con curiosidad de forasteros visitantes, alegorías mitológicas, sonadas victorias de la fe, orantes rostros de bienaventurados o episodios de ejemplares hagiografías.

    Aquí el ritmo está dado por la sucesión de expresiones que evocan objetos (óleos, retablos), o bien escenas (alegorías mitológicas, orantes rostros), colocadas entre comas. Pero este ritmo no es uniforme sino que está marcado por frases de extensión diversa. Una muy breve (óleos oscuros), otras más largas (retablos ensombrecidos por el tiempo), luego otra más o menos de la misma longitud (tapicerías apagadas en sus tintes), después una breve otra vez (alegorías mitológicas), luego otra más larga (sonadas victorias de la fe) y finalmente dos que suenan como una sola bastante larga porque no están separadas por coma (orantes rostros de bienaventurados o episodios de ejemplares hagiografías). Por otra parte, los distintos objetos o escenas van configurando, con el ritmo que ya hemos mencionado, una atmósfera de antiguas obras de arte consagradas a la exaltación de la fe religiosa. El logro de esa atmósfera y de ese ritmo, por medio de un lenguaje rico y de excelente construcción, configura un ejemplo de lo que denominamos belleza literaria.

    Las frases largas son propicias para desplegar un lenguaje suntuoso y adornado, pero no siempre es necesario recurrir a ellas para lograr un bello estilo. De la novela En nombre de Dios, de la escritora argentina contemporánea Patricia Sagastizábal, se extraen las dos siguientes citas, una breve y la otra muy breve, pero igualmente bellas.

    Refiriéndose a los libros de San Ignacio de Loyola, el supuesto narrador de la novela dice:


    En aquella primera época estos sagrados preceptos amedrentaron nuestros espíritus y plagaron de temores nuestras noches.

    En esta breve y cadenciosa frase se caracterizan con notable vivacidad los efectos producidos por la lectura del fundador de la orden jesuítica. El otro ejemplo, más breve aún, es el siguiente.

    Después de afirmar que su padre era un hombre práctico, afecto a despreciar el temor, el narrador dice:    

    No conocía las desventuras de la perplejidad.

    El interés literario de esta frase reside en dos aspectos: primero, el de trazar con una rápida pincelada el carácter del padre. Por una parte, ese hombre no conocía la perplejidad, o sea que tenía ideas seguras y firmes; y por otra, no conocía las desventuras que le hubiera acarreado la perplejidad, por lo que se intuye que era un hombre feliz en sus convicciones. El segundo aspecto que provoca el interés de esta frase consiste, precisamente, en asociar de un modo contundente y repentino la perplejidad con la desventura, lo cual no es obvio: no siempre el que se queda perplejo ante algo se siente a la vez desdichado. Lo que quizá sugiere la autora, a través del supuesto narrador, es que si se ahonda la perplejidad acerca de cuestiones fundamentales, no es posible mantener una dichosa calma espiritual: alguna desventura se ha de sufrir.

    La novela de Patricia Sagastizábal alterna frases cortas con otras largas y cadenciosas, de noble estilo, como las dos siguientes:


    No perdía ocasión de repetirlo en cada comida, mezclando los conceptos de lealtad con las sopas y los higos y luego con el tibio aroma de los confites, en las penumbras de aquellas siestas de infancia. Él eligió para mi educación la rigurosa orientación de los jesuitas, quienes en poco tiempo lograron dominar mi carácter impulsivo y pusieron cauce a mis ansiedades, a través del ascetismo y el estudio.
     

CONCISIÓN Y OBJETIVIDAD

A la objetividad ya nos hemos referido brevemente. Sobre la concisión diremos que no es una virtud en sí misma sino que su valor depende del contexto. Si lo que se desea es dar información objetiva sobre un hecho, la concisión es altamente recomendable. Por eso resulta valiosa en el periodismo de tipo informativo. Pero la concisión no se logra simplemente usando pocas palabras y frases breves, sino transmitiendo mediante ellas toda la información que se desea transmitir. Si se usan pocas palabras y frases breves pero al lector le quedan muchas dudas acerca de lo sucedido, no se puede decir que el relato haya sido conciso. En literatura la concisión puede ser un valor, como en la citada frase de Patricia Sagastizábal: No conocía las desventuras de la perplejidad, pero en otras ocasiones no es deseable, como sería el caso de la frase de Alejo Carpentier citada más arriba. Se podría haber dado una información equivalente usando menos palabras, pero en tal caso se hubieran perdido, quizá, el ritmo y la atmósfera a los que hemos aludido al comentar esa frase.