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CLASE
1. Introducción a la gramática razonada. Sujeto,
predicado y verbo. Conjugación razonada y ejemplificada.
Concordancia razonada.
VERBO
Suponemos
conocida la noción general de verbo.
Lo que sigue no es una definición en sentido estricto
sino más bien una regla práctica o una idea básica
que tiene cierto grado de imprecisión.
Idea
básica: Identificación de la expresión verbal principal. La expresión verbal
principal de una oración es el verbo o el conjunto
de formas verbales cuyo sentido se refiere a la totalidad
de la oración. O sea que la omisión del verbo principal
impide conocer el sentido global de la oración.
Ejemplo
1. El hombre llegó a la casa que había sido decorada por un pintor
famoso.
Si se omite el verbo (o expresión verbal) llegó, resulta imposible
conocer el sentido global de lo que se pretende comunicar;
se podría pensar que el lugar vacío dejado al suprimir
llegó, se llenara poniendo insultó,
o agredió, o ridiculizó, o saludó,
cambiando así completamente el sentido global de la
oración. Esto revela que el sentido del verbo llegó
se refiere a la totalidad de la oración. En cambio,
si se suprime la forma verbal había sido,
queda una duda acerca de la relación entre la casa
y la decoración hecha por un pintor famoso, pero se
comprende lo fundamental que se desea transmitir,
que es la llegada del hombre a la casa. El verbo principal
es, entonces, llegó.
Ejemplo
2. El artista que contemplaba su cuadro encontró en él un error que lo
perturbó.
De
los tres verbos que aparecen aquí, contemplaba,
encontró y perturbó, el primero y el tercero
dan informaciones parciales cuya omisión oscurece
en cierta medida el sentido global, pero el verbo
encontró es la clave de ese sentido. Este ejemplo
ilustra, dicho sea de paso, la posibilidad de que
el verbo principal no sea el primero que aparece.
De hecho, puede hallarse en cualquier lugar de la
oración, siempre que no se violen reglas gramaticales
de construcción.
Pregunta
de identificación. Ante
una oración se puede hacer siempre la pregunta: ¿Qué
sucede? La respuesta, armada con las palabras
Alguien (o Algo) y un verbo de los que figuran
en la oración, suele ser un buen procedimiento para
identificar al verbo principal. En el Ejemplo 1 tenemos
dos posibles respuestas: Alguien llegó, y Alguien
(o Algo) había sido. De estas dos respuestas,
la que contiene información más importante acerca
de todo lo que se dice en la oración (o sea, acerca
de lo que sucede) es la primera. Luego, el verbo principal
es llegó.
Segunda
prueba. A veces la pregunta
de identificación que acabamos de exponer no basta
para despejar todas las dudas. Entonces conviene realizar
una segunda prueba, más compleja, que consiste en
hacerle al verbo varias preguntas como las siguientes:
¿Quién? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?
¿A qué o a quién? ¿Para qué o para quién? ¿De
qué o de quién? Si las respuestas a estas preguntas
(o a algunas de ellas) cubren toda la oración, ese
verbo es el principal. Si no la cubren, no es el principal.
Por ejemplo, en la oración
El
jardinero que regaba las flores pisó una fruta que
había caído de un árbol,
Hay
tres verbos: regaba, pisó y había caído.
Con respecto al verbo regaba hacemos la pregunta
¿Quién regaba? y obtenemos como respuesta El
jardinero; luego hacemos la pregunta ¿Qué regaba?
y obtenemos las flores. La pregunta ¿Cómo
regaba? queda sin respuesta porque la oración
no suministra información al respecto. La pregunta
¿Dónde regaba? también queda sin respuesta,
aunque se sospecha que es en un jardín; pero
las respuestas no tienen que ser dadas por simple
sospecha sino por información contenida en la oración,
y en este caso la oración no da información acerca
del lugar en que se desarrollan las acciones. Las
preguntas ¿Cuándo regaba?, ¿Por qué regaba?,
¿Para qué o para quién regaba? ¿De qué o de quién
regaba? también quedan sin respuesta. La pregunta
¿A qué o a quién regaba? parece tener como
respuesta las flores, aunque con una construcción
incorrecta puesto que no corresponde decir regaba
a las flores. De todos modos, la respuesta las
flores no agrega nada nuevo porque ya se había
obtenido antes. Luego, las únicas respuestas obtenidas
son El jardinero y las flores. Pero
estas dos respuestas no cubren la totalidad de la
oración, pues queda sin cubrir la expresión pisó
una fruta que había caído de un árbol. Luego,
regaba no es el verbo principal. Ahora hagamos
esta segunda prueba con el verbo pisó. La pregunta
¿Quién pisó? obtiene como respuesta El jardinero
que regaba las flores. Para la pregunta ¿Qué
pisó? la respuesta es una fruta que había caído
de un árbol. Con estas dos respuestas queda cubierta
ya toda la oración, de donde se deduce que el verbo
principal es pisó. El lector puede aplicar
la misma prueba al verbo había caído.
Observación
1. Las preguntas que constituyen
la Segunda prueba tienen por objeto dar una regla
práctica mediante la cual se pueda establecer si un
determinado verbo se refiere a la totalidad de la
oración o sólo a una parte de ella. Así reencontramos
la idea básica de verbo principal como aquél cuyo
sentido se refiere a la totalidad de la oración.
Observación
2. Las respuestas a las
preguntas de identificación deben ser completas;
por ejemplo, si en el último caso preguntamos ¿Quién
pisó? una respuesta incompleta sería: El jardinero.
Pero la respuesta completa es la que usa toda la información
suministrada por la oración: El jardinero que regaba
las flores.
Ejercicio
1. Identificar el verbo principal en las siguientes oraciones:
(a) El
hombre que regalaba caramelos huyó de los que querían
robarle.
(b) Cuando
murió después de haber bebido cicuta, Sócrates dejó
al mundo una valiosa herencia moral.
(c) Al
caer la tarde todos los niños acudían a ver la fuente
que lanzaba chorros de agua de diversos colores.
Observación
3. Hay casos más complejos,
sobre todo relacionados con los verbos ser
y estar, en los cuales la aplicación de las
reglas precedentes puede hallar dificultades. Por
ejemplo, consideremos la oración:
Hacer
una demostración de su coraje fue lo que decidió al
hombre a escalar la montaña más riesgosa.
Apliquemos
las diversas preguntas correspondientes a la Segunda
prueba:
¿Quién
fue? No hay respuesta.
¿Qué
fue? La respuesta podría ser: Hacer una demostración de su coraje.
El resto de las preguntas no parece tener respuesta adecuada. Lo que
sucede aquí es que la pregunta ¿Qué fue? admite
en realidad dos respuestas, a saber, la que ya hemos
visto y esta otra: lo que decidió al hombre a escalar
la montaña más riesgosa. Entre ambas respuestas
queda cubierta toda la oración; luego, el verbo principal
es fue. De todos modos, cabe reconocer que
en este caso la aplicación de las reglas no es totalmente
clara.
SUJETO
Idea
básica: Sujeto de una oración es la parte completa de esa oración que identifica
a la persona, animal, cosa o entidad que realiza la
acción expresada por el verbo principal. En algunos
casos el verbo principal no expresa ninguna acción.
Estos casos serán tratados más adelante.
Pregunta
de identificación. ¿Quién
+ verbo principal? La respuesta completa
a esta pregunta constituye el sujeto.
En
el Ejemplo 1 la pregunta es: ¿Quién llegó?
La respuesta completa es: El hombre. Esta expresión
es, entonces, el sujeto. En el Ejemplo 2 la pregunta
es: ¿Quién encontró? La respuesta completa
es: El artista que contemplaba su cuadro. Esta
expresión es el sujeto. Aquí se advierte con claridad
por qué se pide que la respuesta sea completa.
En efecto, una respuesta más breve y concisa, aunque
incompleta, sería: El artista. Esta expresión
más simple constituiría lo que se llama el núcleo
del sujeto, pero el sujeto es la expresión
completa.
Ejercicio
2. Identificar el sujeto en las oraciones (a), (b) y (c) del Ejercicio
1.
Casos
en que el verbo principal no expresa acción.
Los casos típicos son los representados por los verbos
ser y estar (que en algunos otros idiomas,
por ejemplo en francés, no se distinguen: hay un solo
verbo, a saber, être, para traducir estos dos
verbos españoles). Por ejemplo: El ser humano es
un bípedo implume. Como esta oración contiene
un solo verbo, éste es el verbo principal. La identificación
del sujeto se puede realizar mediante una pregunta
del mismo tipo que ya hemos indicado: ¿Quién es?
La respuesta completa, El ser humano, constituye
el sujeto. Otros verbos que no expresan acción son,
por ejemplo: existir (Existen animales sin ojos)
y haber (Hubo muchas personas).
Sujeto
tácito. Se dice que el
sujeto es tácito o sobrentendido si
existe una respuesta adecuada a la pregunta identificatoria
¿Quién + verbo principal? pero la respuesta
completa no está constituida por palabras que figuran
en la oración dada. Por ejemplo: Me entregó un
libro sumamente interesante. Ante la pregunta
¿Quién entregó? La respuesta adecuada es Él
o ella, que constituyen un sujeto tácito porque
está formado por palabras que no figuran en la oración.
Este análisis corresponde a una oración aislada. Si
la oración forma parte de un contexto claramente identificado,
el sujeto tácito puede estar dado por el contexto.
Ejemplo: María es una buena lectora. Me entregó
un libro sumamente interesante. Hay aquí dos oraciones.
El sujeto tácito de la segunda es María, en
virtud del contexto. Pero, estrictamente, el sujeto
de esta oración es Él o Ella, tácito.
Oraciones
impersonales. Hay oraciones
que carecen de sujeto y por ello se denominan impersonales.
Ejemplo: llueve. Se trata de una oración formada
por una sola palabra (que es a su vez, obviamente,
verbo principal). La pregunta ¿Quién llueve? carece
de respuesta adecuada. No hay sujeto. Los verbos
principales de oraciones impersonales se llaman verbos
impersonales. Por ejemplo: llover, nevar, tronar,
etcétera. Los verbos haber, hacer y ser pueden
adoptar formas impersonales o, mejor dicho, pueden
ser verbos principales de oraciones impersonales.
Por ejemplo: Habrá buen tiempo, Hace calor, Es
demasiado tarde. Con estos verbos (sobre todo
con el verbo haber) ocurre un fenómeno particular:
la pregunta de identificación ¿Quién + verbo principal?
parece, en ciertos casos, tener una respuesta
adecuada, y en consecuencia parece que hay
un sujeto. Por ejemplo, si digo Hay muchas margaritas
en el jardín, y luego pregunto ¿Quién hay?,
parece que la respuesta adecuada es muchas
margaritas y que, en consecuencia, éste es el
sujeto de la oración. Aquí es necesario acudir a lo
que hemos llamado idea básica con respecto
al sujeto: habría que identificar a algo o a alguien
que realizara la acción de haber, y esto no es posible
porque la palabra haber no indica ninguna acción
sino simplemente un estado de cosas. Luego, no hay
sujeto. El caso del verbo hacer es más sencillo:
si digo Hace calor y a continuación pregunto
¿Quién hace?, resulta evidente que no hay respuesta
adecuada.
PREDICADO
Idea
básica: Predicado de una oración es lo que se expresa acerca del sujeto, o
lo que se atribuye al sujeto. Como fórmula más sencilla
y práctica se puede decir que el predicado de una
oración es todo lo que resta de ella (incluyendo al
verbo principal) si se prescinde del sujeto.
En el Ejemplo 1 ya hemos visto que el sujeto es El hombre; el
predicado es entonces todo lo que resta, o sea: llegó
a la casa que había sido decorada por un pintor famoso.
En el Ejemplo 2 lo que resta aparte del sujeto es
encontró en él un error que lo perturbó. Luego,
éste es el predicado.
Ejercicio
3. Identificar el predicado en las oraciones (a), (b) y (c) del Ejercicio
1.
Casos
complejos: La presencia
de las conjunciones y, o, hace que la situación
deba analizarse con más detalle. Veamos lo siguiente:
Ejemplo
3.
San Martín cruzó Los Andes y libró duras batallas en Chile.
Acá parece haber dos verbos principales, a saber, cruzó y libró.
Los dos contribuyen al sentido global de la oración.
Lo que sucede es que en este ejemplo hay dos oraciones
con la apariencia de una; o bien, dicho con mayor
precisión, hay una oración que resulta de la unión
de dos oraciones más simples mediante la conjunción
“y”. Las oraciones componentes son:
San
Martín cruzó Los Andes.
Libró
duras batallas en Chile.
Lo
que conviene hacer es analizar por separado cada una
de estas oraciones, pero en el contexto de la oración
compuesta total. La primera de ellas es muy sencilla.
La segunda también lo es pero hay que advertir que
tiene sujeto tácito y que, como realizamos el análisis
en el contexto de la oración compuesta total, el sujeto
tácito de la segunda oración componente es San
Martín. Si se realizara el análisis de la segunda
oración fuera de contexto, el sujeto tácito sería
Él o ella.
No
siempre la presencia de las conjunciones y, o,
fuera del sujeto, implica que hay dos oraciones
en una. Veamos:
Ejemplo
4. Entonces el protagonista, asediado por sus temores, creyó que alguien
iba a tenderle una trampa y que después moriría.
Aquí hay un solo verbo principal, que contiene lo esencial del sentido
de la oración: creyó. El sujeto es El protagonista,
asediado por sus temores; y el predicado es todo
el resto: Entonces creyó que alguien iba a tenderle
una trampa y que después moriría.
Lo que sucede es que, dentro del predicado, hay una oración compuesta
(llamada oración subordinada) cuyas componentes
son:
Alguien
iba a tenderle una trampa.
Después
moriría.
En
la primera de estas oraciones el verbo principal es
iba y el sujeto es Alguien.
En
la segunda el verbo principal es moriría y el sujeto
tácito, dado por el contexto, es El protagonista,
asediado por sus temores. Si no se tiene en cuenta
el contexto, el sujeto es Él o ella.
La
presencia de la conjunción y, dentro del sujeto,
no da lugar, por lo general, a dos oraciones componentes,
como se ve en el siguiente ejemplo:
Ejemplo
5. Juan y Pedro arrojaron piedras.
Verbo principal: arrojaron. Sujeto: Juan y Pedro. En
este caso se dice que el sujeto es compuesto y que
tiene dos núcleos, pero ello no da lugar a dos oraciones.
Es natural preguntarse por qué la conjunción “y”
da lugar a dos oraciones cuando hay dos verbos principales
y no lo hace cuando en el sujeto hay dos núcleos.
La respuesta es que, en este último caso, la estructura
del idioma exige que el verbo aparezca en plural:
arrojaron, lo cual impide descomponer la oración
primitiva en dos componentes, que serían: Juan
arrojaron piedras y Pedro arrojaron piedras,
ambas incorrectas. Conviene advertir que la Lógica
simbólica o Lógica matemática no trata este caso de
la misma manera que la gramática, porque la Lógica
proposicional no toma en cuenta todas las particularidades
de la conjugación verbal. De modo que, para dicha
Lógica, la oración del Ejemplo 5 se descompone, efectivamente,
en dos oraciones (o proposiciones) componentes: Juan
arrojó piedras y Pedro arrojó piedras. Se
ve que, al pasar de la oración global a sus componentes,
se ha alterado la forma del verbo, cosa que la gramática
no admite. La Lógica proposicional es, en cierto modo,
“tarzanesca”, pues todo ocurre como si la proposición
inicial fuera Juan y Pedro arrojar piedras,
y las proposiciones componentes fueran Juan arrojar
piedras y Pedro arrojar piedras. Pero en
algunos casos el verbo en plural permite la descomposición
gramatical en dos oraciones a partir de un sujeto
con dos núcleos. Esto sucede cuando cada uno de estos
núcleos es a su vez plural, como se ve en el siguiente
ejemplo:
Ejemplo
6. Los argentinos y los brasileños son sudamericanos.
En este caso, tanto la Lógica proposicional como la Gramática admiten
la descomposición en dos oraciones (sin alterar la
forma verbal, por supuesto):
Los
argentinos son sudamericanos.
Los
brasileños son sudamericanos.
Existen
muchos otros casos de oraciones complejas, en cuyo
análisis no entramos.
CONCORDANCIA
RAZONADA
Estudiaremos
brevemente sólo cuatro casos, que son los de mayor
uso.
Las
concordancias abarcan las siguientes variables: género
(masculino y femenino), número (singular y plural),
persona (primera, segunda y tercera), tiempo (presente,
pretérito, futuro y sus diversas formas).
1º)
Concordancia de sujeto y verbo principal.
Deben concordar en todas las variables que comparten.
El sujeto presenta variabilidad en género, número
y persona; el verbo presenta variabilidad en número,
persona y tiempo. Luego, la concordancia ha de efectuarse
en número y persona. Para ello conviene tener en cuenta
la recomendación siguiente:
(a)
Un sujeto compuesto, como el del Ejemplo 5,
se considera plural; luego, exige el verbo en plural.
Como el sujeto está en tercera persona (puesto que
no intervienen en él ni el que habla o escribe ni
la persona a la que pudiera estar dirigida la oración),
el verbo debe ir también en tercera persona. El tiempo
queda librado a lo que sucede o ha sucedido en la
realidad y a lo que el emisor de la oración quiera
significar o enfatizar. Por ejemplo, si Juan y Pedro
arrojaron piedras (en el pasado) pero el emisor de
la frase considera que han adquirido el hábito de
arrojar piedras y que, en consecuencia, continuarán
haciéndolo, puede usar el presente: Juan y Pedro
arrojan piedras. Los que no se pueden alterar
son el número y la persona.
(b)
El presente histórico. Se llama así a la adopción
del tiempo presente para efectuar un relato de hechos
pasados, con el objeto de dar más vivacidad o dramatismo
a la acción: En ese momento Alejandro Magno comprende
que sólo un acto de heroísmo puede darle la victoria,
y se arroja dentro de la fortaleza enemiga. También
se emplea este recurso en la vida cotidiana, aunque
no se trate de historia en el sentido técnico
de este término. Por ejemplo: En ese momento veo
que un auto viene a toda velocidad hacia mí y entonces
doy un salto y me salvo por unos centímetros.
En estos dos casos la concordancia se efectúa en número
y persona, dejando el uso del tiempo (pasado o presente)
a la voluntad del emisor.
Ejercicio
4. En los siguientes casos se ha colocado el verbo principal entre corchetes
y en infinitivo, sólo para indicar que debe usarse
una forma adecuada de ese mismo verbo. Se pide al
lector que reemplace dicho verbo en infinitivo por
la forma verbal adecuada, de modo que haya concordancia
entre sujeto y verbo principal:
(a) Los
trenes que circulaban detrás del que descarriló [sufrir]
también algunos daños.
(b)
Los diversos temas
del discurso que el orador desarrolló brillantemente,
sin ninguna vacilación aunque tal vez con un exceso
de énfasis, [provocar] merecidos aplausos.
(c)
La emoción que me
embargaba y que me produjo algunos sobresaltos, a
los que yo sin embargo me sobrepuse, [lograr], a pesar
de todo, llegar eficazmente a los que me escuchaban.
Caso
de oraciones impersonales.
Hemos visto que son oraciones impersonales las que
carecen de sujeto. (No se trata en este caso de sujeto
tácito sino simplemente de que no hay sujeto). Ejemplos:
(a)
Llueve.
(b)
Hace calor.
(c)
En la reunión hubo mucha gente.
Como
no hay sujeto, no se puede establecer concordancia
entre sujeto y verbo principal. En tales casos corresponde
el uso del verbo en tercera persona del singular,
tal como se puede observar en los ejemplos precedentes.
Es incorrecto pretender establecer concordancia del
verbo principal con algo distinto del sujeto. Por
ejemplo, son incorrectas las siguientes expresiones:
Llovieron veinticinco milímetros de agua, Hicieron
calores terribles, Hubieron muchos que protestaron.
En los dos últimos casos lo correcto es decir:
Hizo calores terribles, Hubo muchos que protestaron.
Peor aún es decir: Hubimos muchos que protestamos;
lo correcto en este caso es: Hubo muchos que protestaron,
entre los cuales estábamos nosotros. Las formas
impersonales hay, hubo, habrá, son invariantes
y corresponden a la tercera persona del singular.
En cuanto al caso de la lluvia, se podría admitir
la expresión Llovió veinticinco milímetros de agua,
pero esto significa usar el verbo llover como transitivo,
lo cual es admitido sólo alguna vez
por el Diccionario de la Real Academia Española. Para
evitar polémicas lo más correcto es usar otra expresión,
como por ejemplo: Llovió y se registraron veinticinco
milímetros de lluvia. A veces el verbo llover
se usa en sentido figurado, como si no se tratara
de un verbo impersonal. Por ejemplo, se puede decir:
Llovieron balas sobre los invasores, pero en
este caso se usa el verbo llover en forma figurada
porque tal uso no hace referencia al fenómeno atmosférico
de la lluvia sino a algo que guarda cierta lejana
semejanza con él. En realidad se lo usa metafóricamente
en sustitución de caer, pues lo que se ha querido
decir se puede expresar exactamente así: Cayeron
balas sobre los invasores, como una lluvia. En
virtud de esta sustitución se adopta para Llovieron
la misma concordancia que para Cayeron, y en
consecuencia se admite que hay un sujeto, que es balas.
Pero se debe tener en cuenta que se trata de un uso
figurado o metafórico.
2º)
Concordancia de expresión sustantivada y adjetivo.
Un sustantivo es una palabra que se usa para
identificar a seres, cosas, o ideas abstractas. Ejemplos:
cocodrilo (un ser), mesa (una cosa),
libertad (una idea abstracta). Llamamos expresión
sustantivada a la palabra o conjunto de palabras que
desempeñan en la oración el papel de un sustantivo.
Y llamamos adjetivo a una palabra que expresa
una cualidad o una determinación de un sustantivo
(o expresión sustantivada). Por ejemplo, si digo Tengo
una casa nueva, la palabra nueva es un
adjetivo porque expresa una cualidad del sustantivo
casa. Y en la oración Vinieron tres personas,
la palabra tres es un adjetivo porque expresa
una determinación del sustantivo personas.
Las variables del adjetivo son género y número, y
las de la expresión sustantivada son las mismas que
las del sujeto (ya vistas). Luego, esta concordancia
debe regir en género y número, teniendo en cuenta
la siguiente recomendación:
Si
el sujeto es compuesto y uno al menos de sus núcleos
es masculino, el adjetivo debe ir en masculino. Sólo
se adopta el género femenino del adjetivo si todos
los núcleos del sujeto son femeninos. (Nota: esto
puede considerarse como regla machista, pero por ahora
no es fácil cambiarla). Por ejemplo: Juan, María
y Susana son jóvenes y bellos. Esto vale también
para los animales y las cosas inanimadas: Me regalaron
unos hermosos rosas, lilas y claveles. Esta redacción,
aunque es correcta, parece un tanto dura, por lo cual
se suele expresar la misma idea del siguiente modo:
Me regalaron claveles, rosas y lilas hermosos.
Si, volviendo a la primera versión, dijéramos Me
regalaron unas hermosas rosas, lilas y claveles, la
interpretación correcta sería que las rosas y también
las lilas (a lo sumo) eran hermosas, pero que los
claveles quedan sin calificar.
3º)
Caso del adverbio. El adverbio es una
palabra que se refiere a un verbo, a un adjetivo o
a otro adverbio. Por ejemplo: El hombre caminaba
muy lentamente. Aquí la palabra lentamente
se refiere a caminaba, que es verbo; luego,
lentamente es adverbio; la palabra muy
se refiere a lentamente, que es adverbio; luego,
muy también es adverbio. En la oración Esa
chica es muy linda la palabra muy se refiere
a linda, que es adjetivo; luego, muy es
adverbio. En vez de “se refiere a” los gramáticos
suelen utilizar la expresión “modifica a”. Luego,
diremos que el adverbio modifica a un verbo,
a un adjetivo o a otro adverbio. El adverbio no tiene
variantes, por lo cual se dice que es invariante.
Luego, la concordancia es automática, sin efectuar
variación alguna en el adverbio. Caso típico de mala
aplicación de esta regla es, por ejemplo:
Ella
estaba media muerta.
Aquí
la palabra media modifica al participio pasado
muerta, que no es, por cierto, un sustantivo
sino un participio del verbo morir; en consecuencia,
media no es adjetivo sino adverbio. Corresponde,
pues, decir:
Ella
estaba medio muerta.
En
cambio, es correcto decir
Comí
media naranja,
pues
aquí la palabra media modifica al sustantivo
naranja, y en consecuencia no es adverbio sino
adjetivo. Luego, concuerda con el sustantivo en género
y número.
4º)
Concordancia de tiempos verbales entre sí.
Esto se verá al estudiar la conjugación razonada de
los verbos.
Ejercicio
5. Indicar si las siguientes oraciones con correctas o incorrectas, usando
las letras C e I respectivamente:
(a) Se
calcula que en el acontecimiento proyectado para mañana
habrán miles de voluntarios.
(b)
Se calcula que cuando
finalice el acontecimiento proyectado para mañana
habrán participado miles de voluntarios.
(c)
Se calcula que habrán
superado los diez mil participantes la concurrencia
al acontecimiento de mañana.
(d)
Los días del verano
hacen sentir calores muy fuertes.
(e)
En los días de verano
hacen calores muy fuertes.
(f)
En este verano los
calores se harán sentir con fuerza.
(g)
Ayer llovió muchísima
agua.
(h)
Ayer llovió muchísimo.
(i)
Ayer llovieron grandes
cantidades de agua.
(j)
Todas las chicas
y además Juan Pedro eran encantadoras.
(k)
Todas estas botellas
están medias vacías.
(l)
Las fuentes estaban
llenas de medias manzanas.
CLASE
2. Nociones elementales de redacción. En primera,
segunda y tercera personas. Singular y plural. Tiempos
pasado, presente y futuro. Descripciones y relatos.
Recomendaciones básicas.
PERSONA
Y NÚMERO
Siguiendo
una costumbre derivada de las teorías de la comunicación
y de la lingüística, llamaremos emisor al que
dice o escribe un texto, y receptor al que lo
recibe (escucha o lee).
Primera
persona, singular y plural.
La redacción en primera persona puede incluir o no el
pronombre personal “Yo”, cuyos equivalentes en inglés
y francés, “I” y “Je”, son obligatorios salvo en pocos
casos de excepción. En español, en italiano y en portugués,
el uso de este pronombre es optativo y se acomoda a
las intenciones del emisor (hablante o escribiente).
Por ejemplo, se puede iniciar una redacción escribiendo
Yo fui testigo de esos acontecimientos,
o
bien
Fui testigo de esos acontecimientos.
Como
recomendación general (aunque de ninguna manera obligatoria)
se puede decir que se utiliza el pronombre “Yo” cuando
se quiere poner énfasis en la actuación personal del
emisor, y no se lo utiliza en caso contrario. Por ejemplo,
en el siguiente texto se advierte que el emisor desea
poner énfasis en su actuación personal:
Yo fui testigo de esos acontecimientos y recuerdo con
toda claridad cómo sucedieron las cosas. Por eso puedo
hablar con conocimiento de causa.
Es
obvio que basta el pronombre “Yo” en la primera oración.
Sería tal vez un exceso de énfasis (aunque en algún
caso pueda justificarse) repetir el pronombre en la
segunda oración: Por eso yo puedo hablar con conocimiento
de causa. Este mayor énfasis da al texto un tono
desafiante: parecería que el emisor quisiera decir “yo
puedo hablar con conocimiento de causa pero otros no”.
En
cambio, en el siguiente texto el emisor parece no tener
interés en asumir un papel protagónico:
Fui testigo de los acontecimientos pero no recuerdo bien
lo que sucedió. Prefiero no hablar de eso.
El
comienzo de las cartas y de las presentaciones personales
suele no incluir el pronombre “Yo”:
Tengo el agrado de dirigirme a usted para solicitarle
una entrevista, a fin de poder exponer las razones
que motivaron mi conducta en los sucesos recientes.
Éste
es otro caso análogo:
Soy periodista egresado de la Universidad XXX y desearía
poder realizar una visita a la empresa YYY con el
objeto de escribir una nota para el periódico ZZZ.
También
cuando se presentan antecedentes o se dan datos autobiográficos
se suele omitir el pronombre “Yo”:
Nací el 20 de octubre de 1895. Estudié y me recibí en
la Escuela Normal de Paraná y luego me desempeñé como
profesor en diversos institutos de enseñanza.
Este
uso del pronombre personal para señalar mayor protagonismo,
énfasis o interés, se extiende a la segunda y a la tercera
personas (y también a los correspondientes plurales).
Ejemplos para la segunda persona son:
[Con
énfasis] Te digo que tú eres el responsable de...
[Con
menos énfasis] Te digo que tú eres responsable
de...
[Sin
énfasis] Te digo que eres responsable de...
Y
para la tercera persona:
[Con
énfasis] Ramón vino y él fue quien me agredió
[Sin
énfasis] Ramón vino y me agredió
Para
los relatos literarios en primera persona (cuentos,
novelas, crónicas de viajes) vale la recomendación efectuada
más arriba: en general se omite “yo”, salvo cuando se
desea poner énfasis en la actuación personal o cuando
se hace una presentación mencionando el nombre del que
se presenta. Por ejemplo, la crónica llamada Viaje
al Río de la Plata, del soldado y viajero alemán
Ulrich (Ulrico) Schmidl, que formó parte de la expedición
de Pedro de Mendoza, comienza con un largo título según
la usanza de la época:
En que se trata de la ruta y viaje que yo, Ulrico Schmidl,
de Straubing, hice en el año 1534, A.D., partiendo
el 2 de agosto de Amberes, arribando per mare a España
y más tarde a Las Indias, todo por la voluntad de
Dios Todopoderoso.
A
veces el relato comienza en primera persona y luego
continúa o termina en tercera. Este recurso se suele
utilizar para conseguir un efecto de sorpresa. Caso
típico es el cuento La casa de Asterión, de Jorge
Luis Borges, que comienza de este modo:
Sé
que me acusan de soberbia, y tal vez de locura. Tales
acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo)
son irrisorias.
Nótese
el cuidadoso uso que hace Borges del pronombre personal
de primera persona: en la primera frase lo omite (Sé
que me acusan...) pero en la segunda y entre paréntesis
lo coloca explícitamente (que yo castigaré...),
para asumir protagonismo y dar énfasis a la advertencia.
El relato continúa así, en primera persona, describiendo
la casa en que vive el relator, quien dice que se llama
Asterión y proporciona algunos curiosos datos sobre
su casa y su forma de vida. Habla finalmente de alguien
que llegará y será su redentor. A propósito de este
personaje se pregunta:
¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con
cara de hombre? ¿O será como yo?
El
relato de Asterión se interrumpe allí y el breve texto
con que termina el cuento está escrito en tercera persona,
lo que arroja una luz repentina sobre lo que se acaba
de leer. Éste es el final:
El
sol de la mañana reverberó en la espada de bronce.
Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo
creerás, Ariadna? –dijo Teseo-. El minotauro apenas
se defendió.
De
este modo nos enteramos de que Asterión era el minotauro
y de que su casa era el célebre laberinto de Creta.
Borges insinúa de este modo que el minotauro tomó a
Teseo por su redentor.
Hay
otros ejemplos literarios en los que se procede al revés:
hay un comienzo en tercera persona y luego un largo
desarrollo en primera. Tal es el caso de la novela De
sobremesa, del poeta y escritor colombiano de fines
del siglo XIX José Asunción Silva. Comienza en tercera
persona describiendo una reunión de amigos en la que,
después de varios diálogos, uno de ellos pide al protagonista,
José Fernández, que lea una de sus obras. Éste accede
y lee una novela escrita en primera persona, en forma
de diario, en la que se relata lo ocurrido en fechas
y lugares determinados. Ésta es la verdadera novela
que nos ofrece José Asunción Silva, para la cual la
primera parte, mucho más breve, sirve de ambientación
e introducción.
La
primera persona plural, caracterizada por el pronombre
nosotros, tiene dos usos: el real y el simbólico.
El uso real es el que corresponde cuando el emisor es
un sujeto colectivo, es decir, formado por dos o más
personas. Una carta firmada por varias personas puede
comenzar así:
Tenemos el agrado de dirigirnos a usted...
El
uso simbólico es el que tiene lugar cuando un sujeto
singular se expresa en plural, o bien para dar al escrito
un tono de impersonalidad o de modestia, o bien cuando
se desea asumir una representación colectiva. Ejemplo
del primer caso sería el del autor de un libro científico
que escribiera, por ejemplo:
En el capítulo anterior dijimos que...
El
segundo caso es más protocolar y solemne. Por
ejemplo, el rey de España puede decir, en determinadas
circunstancias:
Nos, el Rey...
Ejercicio
6. Colocar el pronombre personal de primera o
de segunda persona que corresponda (yo o tú), en los
casos en que parezca adecuado colocarlo. (Decimos que
“parezca adecuado” porque los ejercicios de este tipo
no tienen solución exacta y en cambio tiene bastante
importancia el “parecer” de cada uno):
(a) He llegado a la
conclusión de que eres el culpable. ¿No te da vergüenza?
(b) He llegado a la conclusión
de que eres culpable, pero también creo que has procedido
de buena fe.
(c) He llegado a esta
conclusión por mí mismo; no me lo han contado.
(d) ¿Es cierto que has dicho
esas palabras que me ofenden?
(e) Si es cierto que
dijiste eso, me parece muy bien.
Segunda
persona. La
segunda persona se usa casi exclusivamente en la conversación,
en conferencias, en cartas o en notas dirigidas a algún
funcionario. Rara vez se utiliza en la literatura, salvo
en los diálogos: tiene importante uso en las novelas
de género epistolar, construidas sobre la base de cartas.
Entre las más célebres figura Werther, de Goethe,
una de las primeras manifestaciones del romanticismo
literario.
Con
respecto a la segunda persona conviene hacer algunas
aclaraciones:
1º)
En España y en casi todo el mundo de habla española
la segunda persona del singular está caracterizada por
los pronombres personales tú, ti, y te,
y por las formas verbales amas, tienes, sientes,
etcétera. En la Argentina y en otros muy pocos lugares
se usa el pronombre vos en sustitución de tú
y de ti, y las formas verbales amás, tenés,
sentís, etcétera, pero se mantiene el uso del pronombre
te: Espero que este libro te guste. Es
curioso que el término vos haya quedado como
representativo de un tratamiento familiar, porque parece
ser el remanente de un tratamiento antiguo mucho más
respetuoso y distante: Me dirijo a vos, señor, para
pediros que os ocupéis de mis infortunios. De manera
análoga, las formas verbales de los verbos de primera
y segunda conjugación, como amás y tenés,
parecen ser deformaciones del antiguo tratamiento
amáis y tenéis. No es una deformación,
en cambio, el uso argentino de la segunda persona correspondiente
a los verbos de la tercera conjugación, como sentís,
que coincide exactamente con la segunda persona del
plural de la conjugación oficial española.
2º)
Lo que hemos llamado “antiguo tratamiento” consiste
en usar la segunda persona del plural para dirigirse
a una persona singular. Pero demás está decir que la
segunda persona del plural del tipo de vosotros amáis,
tenéis, sentís, es plenamente actual en España,
aunque no en América Latina. En esta región se sustituye
“vosotros” por “ustedes” y los verbos en segunda persona
del plural por los correspondientes en tercera persona
del plural: Ustedes aman, tienen, sienten.
3º)
La segunda persona del singular para el tratamiento
respetuoso y no familiar es idéntica en España y en
América Latina, incluida la Argentina: está formada
por el pronombre usted y por los verbos en tercera
persona singular: Usted ama, tiene, siente. Pero
la segunda persona del plural, como Vosotros amáis,
tenéis, sentís, ha caído totalmente en desuso en
América Latina y tiene, en esta región, el aspecto de
un uso excesivamente protocolar y respetuoso. Sin embargo,
en España es índice de familiaridad y confianza. Se
puede decir que el uso de vosotros es la forma
plural del tuteo. En cambio, cuando no hay tanta confianza
se usa ustedes y los verbos en tercera persona
plural. En América Latina se usa siempre ustedes,
haya o no confianza.
Tercera
persona. La
tercera persona es la más habitual en los relatos, tanto
literarios como periodísticos: Juan se despidió de
María y le hizo un regalo. En el caso del periodismo,
inclusive cuando el autor de una nota o de un reportaje
quiere referirse a sí mismo, usa la tercera persona
en vez de la primera: Este cronista vio que el automóvil
atropelló a una persona.
LOS
TIEMPOS
Casi
todos los relatos, tanto los de la vida cotidiana como
los literarios y los periodísticos, se expresan en tiempo
pasado (o pretérito) usando fundamentalmente, aunque
no únicamente, el pretérito indefinido, sobre todo cuando
se desea dar cuenta de sucesos que son los que van dando
lugar, paso a paso, al desarrollo del relato. Por ejemplo:
dijo, fue, salió, comieron, aguardaron. El cuento
Emma Zunz, de Borges, comienza así:
El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de
la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló
en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil,
por la que supo que su padre había muerto.
Los
verbos que describen la acción de la protagonista, como
halló, supo, están en pretérito indefinido. Sólo
se emplea el pretérito pluscuamperfecto, había muerto,
para indicar algo ocurrido antes del momento en que
se desarrolló la acción principal.
En
cambio, cuando no se relata paso a paso lo que va sucediendo
en un determinado momento, sino que se quiere dar una
idea de lo que sucedía habitualmente en una cierta época,
se usa el pretérito imperfecto: amaba, amabas, amaba,
amábamos, amabais, amaban. La novela La guerra
del fin del mundo, del escritor peruano contemporáneo
Mario Vargas Llosa, comienza así:
El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de
perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes
y sus ojos ardían con fuego perpetuo. Calzaba sandalias
de pastor y la túnica morada que le caía sobre el
cuerpo recordaba el hábito de esos misioneros que,
de cuando en cuando, visitaban los pueblos del sertón
bautizando muchedumbres de niños y casando a las parejas
amancebadas.
Se
ve que el autor no está contando una anécdota que va
sucediendo más o menos con el mismo ritmo con que se
la cuenta, sino que refiere hechos que sucedieron con
cierta frecuencia durante un período de tiempo. Esto
se hace más nítido en el segundo párrafo de la obra:
Aparecía de improviso, al principio solo, siempre a pie,
cubierto por el polvo del camino, cada cierto número
de semanas, de meses.
Está
claro que si se usara el indefinido, diciendo Apareció
de improviso, esto causaría la impresión de un hecho
singular que sucedió una sola vez.
Es
conveniente recordar siempre que, cuando interviene
una oración subordinada mediante la conjunción que,
los pretéritos del indicativo concuerdan con el imperfecto
del subjuntivo y, en algunos casos excepcionales, con
el presente del subjuntivo: Me pidió que le diera
dinero. (Pidió: pretérito indefinido del
indicativo; diera, pretérito imperfecto del subjuntivo).
Las dos acciones son pretéritas: la de pedir y la de
dar. En cambio, si en la subordinada aparece el presente
del subjuntivo, como en Me pidió que le dé dinero,
el significado es otro. Esta última oración podría reformularse,
dando más datos temporales, así: En aquel momento
me pidió que ahora le dé dinero. Es decir que el
pedido se formuló en el pasado (pretérito indefinido
del indicativo) pero el cumplimiento del pedido debe
realizarse ahora (presente del subjuntivo). Es obvio
que esta situación, si bien puede darse en la realidad
o en la ficción, es mucho menos frecuente que la anterior,
en la que las dos acciones ocurren en tiempo pasado.
Sin embargo, aún en este caso especial se puede argüir
que al decir Me pidió que ahora le dé dinero estoy
relatando algo totalmente referido al pasado, aunque
sus efectos se hagan sentir en el presente; luego, correspondería
enunciar todo en tiempo pretérito y decir Me pidió
que ahora le diera dinero. Como se trata de interpretaciones
y de diferencias sutiles, pueden aceptarse ambas formas.
El siguiente es un ejemplo de concordancia del pluscuamperfecto
del indicativo (habían llevado) con el imperfecto
del subjuntivo (pidiera). Se trata de una oración
muy compleja, que conviene analizar con detenimiento.
Pertenece a la citada novela de Vargas Llosa:
Casi al amanecer, cuando los vecinos, que habían rezado
y cantado y le habían llevado sus hijos enfermos para
que pidiera a Dios su curación y que le habían contado
sus aflicciones y preguntado por lo que les reservaba
el futuro, se hubieron ido, y los discípulos ya se
habían echado a dormir, como lo hacían siempre, sirviéndose
recíprocamente de almohadas y abrigo, el Beatito,
en la actitud de reverencia extrema en la que se acercaba
a comulgar, se llegó, vadeando los cuerpos andrajosos,
hasta la silueta oscura, morada, que apoyaba la hirsuta
cabeza en uno de sus brazos.
La citada concordancia aparece al comienzo:
“...le habían llevado [pretérito pluscuamperfecto
del indicativo] sus hijos enfermos para que pidiera
[pretérito imperfecto del subjuntivo] a Dios su curación...”
Análisis
de la oración.
Esta oración de Vargas Llosa se presta para realizar
un instructivo análisis gramatical. Veamos. En su primera
aparición la palabra “que”, que a menudo funciona como
conjunción (cuando une dos oraciones, una principal
y la otra subordinada) es ahora pronombre, pues se refiere
al sujeto los vecinos, del que se afirma algo.
¿Qué se afirma acerca de los vecinos? Esto: habían
rezado y cantado y le habían llevado sus hijos enfermos
para que pidiera a Dios su curación. En este caso
la palabra “que” no une dos oraciones porque “los vecinos”
no es una oración sino una expresión sustantivada; luego,
en este empleo “que” no es conjunción. En la
oración parcial que acabamos de transcribir (con tres
verbos principales, habían rezado, habían cantado
y habían llevado, lo que la hace equivalente
a tres oraciones) aparece nuevamente la palabra “que”,
pero ahora vuelve a ser conjunción, pues une a la oración
le habían llevado sus hijos enfermos, con la
subordinada pidiera a Dios su curación. El pluscuamperfecto
del indicativo, habían llevado, concuerda con
el imperfecto del subjuntivo, pidiera (sujeto
tácito: él.). La siguiente aparición de la palabra
“que”, en y que le habían contado sus aflicciones,
vuelve a ser pronombre, pues está en el mismo nivel
que la primera aparición de “que” y se refiere, igualmente,
al sujeto los vecinos. A continuación, la conjunción
“y” une a esta última oración con otra de su mismo nivel,
a saber, [habían] preguntado por lo que les reservaba
el futuro. En esta oración hay una principal, habían
preguntado, y una subordinada, lo que les reservaba
el futuro, unidas por la palabra “por”, que habitualmente
es preposición pero aquí se desempeña como conjunción,
porque une dos oraciones. En la subordinada el sujeto
es el pronombre neutro “lo”, y la aparición de la palabra
“que” que le sigue vuelve a ser pronombre porque se
refiere al sujeto “lo”. A continuación aparece el verbo
reflexivo se hubieron ido. ¿A quién se refiere?
Evidentemente, al sujeto los vecinos. Este verbo
está en pretérito anterior del indicativo, lo cual sugiere
que se trata de una acción concluida antes de que se
ejecutara otra acción. Esta otra acción aparece más
adelante, y es se llegó, referida al sujeto el
Beatito. Pero antes de este sujeto aparece otra
oración del mismo nivel que la que tiene por sujeto
a los vecinos y que está, como ella, directamente relacionada
con el adverbio “cuando”, que aparece al principio.
Esta otra oración, que debe interpretarse como referida
a las primeras palabras, a saber, Casi al amanecer,
cuando..., es la siguiente: los discípulos ya
se habían echado a dormir, como lo hacían siempre, sirviéndose
recíprocamente de almohadas y abrigo. Esta oración
está unida por la conjunción “y” a la que tiene por
sujeto los vecinos, y es de su mismo nivel. ¿Por
qué estas dos oraciones, que son del mismo nivel y están
simplemente unidas por la conjunción “y”, presentan
verbos en distintos tiempos? En efecto: la que tiene
por sujeto los vecinos presenta el verbo en pretérito
anterior, se hubieron ido; y la que tiene por
sujeto los discípulos presenta el verbo en pretérito
pluscuamperfecto, se habían echado. La diferencia
obedece a lo siguiente: la acción ejecutada por los
vecinos estaba ya concluida cuando se realizó la acción
ejecutada por el Beatito, se llegó; en cambio,
la acción ejecutada por los discípulos continuaba, en
cierto modo, cuando el Beatito se llegó hasta la silueta
oscura. Esta proximidad entre la acción de echarse a
dormir y la llegada del Beatito es enfatizada por el
adverbio “ya”. Al llegar aquí advertimos que todo lo
que se ha dicho está referido a la circunstancia expresada
al comienzo por las palabras “Casi al amanecer, cuando”.
Todo esto describe entonces una circunstancia en la
que se realiza la acción se llegó, ejecutada
por el Beatito. Es, entonces, lo que se llama un complemento
circunstancial del verbo se llegó. Éste aparece
así como el verbo principal de la oración global, y
su sujeto es el Beatito. Vemos que hemos debido
recorrer una buena parte de la oración global para dar
por fin con el verbo principal y el sujeto. Los otros
sujetos que hemos mencionado son sujetos de oraciones
parciales. El largo complemento circunstancial que hemos
analizado se denomina complemento circunstancial
de tiempo, porque está regido por el adverbio “cuando”
y la indicación temporal “casi al amanecer”. La frase
en la actitud de reverencia extrema en la que se
acercaba a comulgar, también está referida al verbo
principal se llegó y es, a su vez, un complemento
circunstancial, pero no es de tiempo sino de
modo, pues indica una modalidad de ejecución de
la acción de llegarse. La expresión vadeando
los cuerpos andrajosos es también un complemento
circunstancial de modo. Finalmente, la expresión hasta
la silueta oscura, morada, que apoyaba la hirsuta cabeza
en uno de sus brazos, es un complemento circunstancial
(referido al verbo principal) que en este caso no es
de tiempo ni de modo sino de lugar, pues indica el lugar
al cual el Beatito se llegó. En este complemento aparece
otra vez la palabra “que” como pronombre, pues está
referida al sujeto la silueta oscura, morada.
Por supuesto, este sujeto, como otros que ya hemos mencionado,
es sujeto de una oración parcial. El sujeto de la oración
global es, como queda establecido, el Beatito.
Ejercicio
7. Indicar si las siguientes oraciones son correctas
o incorrectas, usando las letras C e I respectivamente:
(a)
Después de la conversación le recomendó que
a partir de ese momento estudie más.
(b)
Ayer me recomendó que vuelva precisamente hoy.
(c)
Ayer me recomendó que volviera precisamente
hoy.
(d)
Siempre le había parecido mal que yo use aquel
traje pasado de moda.
(e)
El difunto nunca creía que la suerte vaya a
favorecerlo.
(f)
El difunto nunca creyó que la suerte iba a
favorecerlo.
(g)
El difunto nunca creyó que la suerte fuera
a favorecerlo.
Hemos dicho que, por lo general, los relatos
se cuentan o se escriben en tiempo pasado, pero no ocurre
siempre así. Hay cuentos escritos íntegramente en presente,
y en algunas novelas se alternan el presente y el pasado.
Los relatos se escriben o se cuentan oralmente en presente
cuando se desea imprimir mayor vivacidad y realismo
a la acción. Se suele decir que no deben mezclarse los
tiempos: si se ha comenzado en presente, debe continuarse
el relato en presente; y si se ha comenzado en pasado,
debe continuarse en pasado. Ésta es una buena recomendación
en términos generales pero no debe tomarse al pie de
la letra. Es perfectamente lícito que alguien comience
a relatar algo en pasado y que, al llegar un momento
culminante y vivaz del relato, pase al presente. Es
recomendable (aunque no obligatorio) que en esos casos
la transición esté marcada por expresiones tales como
“Entonces”, o “En ese momento”, etcétera. Veamos el
siguiente ejemplo:
La tarde transcurría plácidamente. Todos estábamos reunidos
en el jardín conversando cuando de pronto hirió nuestros
oídos un estruendo infernal y nos sentimos sacudidos
por una fuerza terrible. Parecía que un rayo hubiera
caído muy cerca de nosotros. Entonces veo que todo
es desorden: cada uno corre para donde puede, algunos
gritan, otros caen al suelo. Yo trato de mantener
la calma y de observar qué es lo que pasa. Afortunadamente,
no hay ningún herido.
Después
del adverbio de tiempo “Entonces” se produce la transición
del relato en pasado al relato en presente: es obvio
que con este recurso se busca dar más vivacidad y dramatismo
a la última parte de la narración. En la citada novela
de Vargas Llosa el autor se vale de un recurso interesante:
todo está escrito en pasado, excepto las partes que
son protagonizadas por ciertos personajes determinados,
como el llamado Galileo Gall. No se trata aquí de que
estos pasajes adquieran mayor vivacidad y dramatismo
que los otros, sino de establecer una diferencia que
podríamos calificar de ambiental, o concerniente
a la atmósfera del relato. Con este recurso hay algunas
partes que se destacan simplemente por su atmósfera,
constituida por el relato en tiempo presente.
En
cuanto al futuro, interviene en algunos relatos solamente
de manera relativa: futuro con respecto a un pasado
remoto, pero pasado con respecto a un pasado más reciente.
Veamos un ejemplo:
San
Martín llegó al Río de la Plata y rápidamente entró
en combate contra las fuerzas realistas. Luego se
trasladó a Mendoza y comenzó a preparar el ejército
de los Andes. A partir de ese momento todos sus esfuerzos
estarán dedicados a lograr la liberación de la Argentina,
Chile y Perú. Sin embargo, a partir de su encuentro
personal con Bolívar en Guayaquil, decidió abandonar
la empresa y retirarse.
Las
dos primera oraciones se refieren a un cierto pasado.
La tercera oración describe sucesos futuros respecto
de aquel pasado, pero que son también pasados respecto
de un pasado más próximo, como el que ejemplifica la
cuarta oración. De todas maneras, estas mezclas de tiempos
(pasado con presente, pasado con futuro relativo) deben
ser manejadas con cuidado y respondiendo siempre a una
determinación consciente del autor, tomada para lograr
cierto objetivo.
DESCRIPCIONES
Y RELATOS
Recomendaciones
básicas. Las siguientes
recomendaciones están dirigidas a principiantes, es
decir, a personas que no tienen una amplia experiencia
en redacción.
1º)
Si el texto es breve conviene mantener siempre el mismo
tiempo (pasado o presente) desde el principio hasta
el fin. Si el tiempo elegido es el pasado, esta recomendación
no implica que deba usarse siempre el mismo tiempo
de la conjugación, por ejemplo, el indefinido; el
uso de cualquiera de los cinco pretéritos del modo indicativo
y de los tres del subjuntivo debe adaptarse a las formas
gramaticales de cada oración. El siguiente ejemplo de
descripción pertenece al Capítulo I de la novela El
príncipe de los lirios, del escritor argentino contemporáneo
Eduardo Gudiño Kieffer:
La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma
circular, estaba rodeada por la Casa de la Reina y
por la de cada una de sus concubinas. Dominaba a las
demás desde el único altozano en la mayor de las islas.
Allí vivía Parehu-samok con algunos guerreros y unos
poco varones iniciados; allí deseaba vivir yo cuando
llegara el momento de mi propia iniciación, prevista
para la época –entonces me parecía lejanísima- en
que asoman los primeros vellos en la ingle y en los
sobacos. Me parecía una fortaleza inexpugnable, quizá
porque nunca fue arrasada por las feroces inundaciones
que sobrevenían en la estación de las lluvias.
Esta
descripción está hecha en pasado y el tiempo verbal
básico o dominante es el imperfecto del indicativo,
pero aparecen también, por necesidades gramaticales,
el imperfecto del subjuntivo y el indefinido del indicativo.
En realidad éste (nunca fue arrasada)
podría sustituirse por el pluscuamperfecto del indicativo
(nunca había sido arrasada): ambos son
igualmente válidos en esta ocasión. Hay entre ellos
una diferencia sutil que no analizaremos. Merece destacarse
el uso de un tiempo presente del indicativo: ¿hay aquí
un cambio temporal en el relato?
El
siguiente ejemplo de relato pertenece al Capítulo XV
de la misma obra:
A la mañana siguiente, obedeciendo sin duda a órdenes
de la Impredecible, me bañaron, me ungieron, me peinaron
y me vistieron con un simple faldellín, me calzaron
sandalias de cuero, me adornaron tan sólo con hilos
de oro que descendían despectivamente de mi cuello
de pájaro hacia mi pecho magro y hundido, como humillados
por tener que brillar contra tanto marchitamiento
precoz. Supuse que era el atuendo adecuado para una
visita o paseo menos solemne que el realizado cuando
las festividades del Opet. No me equivocaba. Dos esclavos
negros como la pez y fatigados como las dunas del
desierto, me condujeron ante la presencia de Hapsetsut.
El
tiempo verbal dominante en este relato es el pretérito
indefinido del indicativo (bañaron,
ungieron, supuse, condujeron), como sucede muy a menudo en las narraciones. Aparecen, sin embargo,
por razones estrictamente gramaticales, dos pretéritos
imperfectos (descendían, equivocaba). Hay también dos infinitivos
(tener,
brillar), un gerundio (obedeciendo) y varios participios (hundido, humillados, realizado). Estos últimos no están
usados como formas verbales sino como adjetivos, lo
que se advierte porque están referidos a sustantivos
y, en consecuencia, se hallan sujetos a una eventual
variación de género.
2º)
En textos breves también conviene mantener la descripción
o el relato en la misma persona, primera, segunda o
tercera.
3º)
En los comienzos de la ejercitación en redacción conviene
construir frases breves y sencillas, separadas por punto
o por punto y coma. Hay grandes escritores, como Borges,
que tienen predilección por las frases breves. Veamos
este fragmento del ya citado cuento Emma Zunz:
Cuando se quedó sola, Emma no abrió enseguida los ojos.
En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado
el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes
había roto la carta. Romper dinero es una impiedad,
como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo.
Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se
perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El
asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente
se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no
quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba.
Sería
interesante analizar el uso que Borges hace de los signos
de puntuación en este texto.
4º)
Evitar la repetición de palabras próximas, así como
la formación de rimas chocantes. Por ejemplo:
En esa ocasión hubo mucha emoción.
Para
reemplazar una palabra por otra más o menos equivalente
es muy útil el diccionario de Sinónimos que contiene
el procesador de texto Word a partir del Word
95, que es de muy fácil manejo. Tales “sinónimos”
no lo son exactamente. Corresponden más bien a lo que
se suele denominar Diccionario de ideas afines.
5º)
En general no corresponde poner coma inmediatamente
después del sujeto. Por ejemplo, en vez de escribir
El hombre que manejaba el automóvil, se distrajo y estuvo
a punto de provocar un accidente
corresponde
escribir
El hombre que manejaba el automóvil se distrajo y estuvo
a punto de provocar un accidente.
Se
puede poner coma cuando el sujeto es muy largo. Por
ejemplo:
El hombre que había salido del castillo en estado lamentable
y fatigado por quién sabe qué peregrinajes que lo
habrían llevado a ambular por extrañas comarcas y
a afrontar insospechados peligros, se detuvo un momento
para escrutar el horizonte antes de reiniciar su marcha.
En
esta oración el sujeto se extiende desde el comienzo
(El hombre) hasta insospechados peligros;
debido a su longitud, es aconsejable poner una coma
al finalizar, o sea antes de la expresión verbal se
detuvo.
También
corresponde poner coma al finalizar el sujeto cuando
éste concluye con una frase explicativa o con una enumeración
en la que se han usado comas; por ejemplo, en uno de
los citados fragmentos de Gudiño Kieffer se lee:
La morada de mi padre o Casa de los Hombres, de forma
circular, estaba rodeada por la Casa de la Reina y
por la de cada una de sus concubinas.
Aquí
el sujeto es La morada de mi padre o Casa de los
Hombres, de forma circular. Corresponde poner coma
debido a la presencia de la frase explicativa de
forma circular, que ya de por sí va entre comas.
Un
caso de enumeración que se extiende hasta el final del
sujeto es el siguiente:
La mujer que vendía rosas, jazmines, claveles, decidió
cambiar de lugar.
En
este caso corresponde sin lugar a dudas poner coma a
continuación de claveles, pero un caso más dudoso
es el siguiente:
La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles, decidió
cambiar de lugar.
En
este caso se puede usar la coma para dar fin a la enumeración
pero no sería incorrecto omitir la coma. En cambio,
en el siguiente ejemplo:
La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles en la
esquina de mi casa decidió cambiar de lugar,
el
sujeto es La mujer que vendía rosas, jazmines y claveles
en la esquina de mi casa, en el cual hay una enumeración
pero ésta no se extiende hasta el final, debido a la
presencia de la frase en la esquina de mi casa;
en consecuencia, no corresponde poner coma.
6º)
Respetar las concordancias. No usar el presente del
subjuntivo cuando corresponde el pretérito imperfecto.
(Por ejemplo, vaya en vez de fuera). El
presente del subjuntivo está referido siempre al presente
o al futuro, pero nunca al pasado. Ejemplo de presente
del subjuntivo (crea) referido al presente:
No es que yo crea que hay fantasmas, pero...
En
este caso se admite la expresión verbal hay en
presente del indicativo; es más correcto (aunque menos
usual) colocar el verbo haber en presente del
subjuntivo:
No es que yo crea que haya fantasmas, pero...
Ejemplo
de presente del subjuntivo (vaya) referido al
futuro:
No creo que yo mañana vaya a Córdoba.
En
cambio, no es correcto usar el presente del subjuntivo
(vaya) referido al pasado:
Cuando lo encontré me pidió que vaya enseguida a buscar
a su hermano.
En
este caso lo correcto es usar el pretérito del subjuntivo,
fuera:
Cuando
lo encontré me pidió que fuera enseguida a buscar
a su hermano.
Ejercicio
8. En el marco de estas recomendaciones básicas,
indicar si los siguientes textos son objetables o inobjetables,
usando para ello las letras O e I respectivamente:
(a)
El
que suscribe se dirige a usted para solicitarle quiera
acordarle una entrevista antes de que finalice el presente
año, debido a que a partir del próximo cambiarán las
normativas vigentes. Aprovecho la oportunidad para saludarlo
con mi consideración más distinguida.
(b)
Tengo
interés en estudiar en esa universidad porque es la
universidad que mejor se adapta a mis expectativas.
(c)
El
hombre que había estudiado diversas disciplinas, poemas,
obras de música, decidió escribir un libro para relatar
sus experiencias intelectuales.
(d)
El
hombre que había estudiado diversas disciplinas, decidió
escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.
(e)
El
hombre que había estudiado diversas disciplinas decidió
escribir un libro para relatar sus experiencias intelectuales.
(f)
Yo
no estoy seguro de que las cosas son como tú las refieres.
CLASE
3. Periodismo y Literatura. Semejanzas y diferencias
entre ambas modalidades de escritura. Concisión y objetividad.
SEMEJANZAS
Y DIFERENCIAS
Semejanzas
- En
ambos casos se debe escribir correctamente, es decir,
respetando las reglas gramaticales y ortográficas.
En este sentido cabe reconocer que, en términos generales,
el periodismo escrito argentino es bastante correcto.
Conviene tomar en cuenta, sin embargo, las incorrecciones
más habituales
- En
muchas ocasiones se usa el pronombre en singular,
le, cuando corresponde el plural les.
Ejemplos: (a) ETA no le quitará el rol clave
a los nacionalismos. (El Día, de La
Plata, 12-3-2000, título en página 3.) El pronombre
“le” se refiere a “los nacionalismos” y en consecuencia
debería sustituirse por “les”. (b) ...busca
el narrador rescatar algo que le hable a sus deseos.
(La Nación, de Buenos Aires, 12-3-2000,
pág. 1 de la sección 6ª, dedicada a Cultura. Nota
de Edgardo Cozarinsky, penúltima línea). Si la
frase fuera “busca el narrador rescatar algo que
le hable”, estaría bien porque el pronombre “le”
se referiría en tal caso al narrador; pero en
la oración transcripta dicho pronombre se refiere
a “sus deseos”, que es plural. Este ejemplo es
particularmente notable porque está tomado de
un texto perteneciente a un destacado intelectual
de vasta cultura, escritor y cineasta. Puede ser
un error de dactilografía.Con respecto a este
uso del pronombre “le” cabe hacer un comentario
más general: dicho uso es redundante y sólo debería
admitirse cuando se desea poner un particular
énfasis en el complemento indirecto (los nacionalismos
en el primer ejemplo y sus deseos en el
segundo). En los dos ejemplos mencionados no parece
estar justificado el uso del pronombre, pues es
evidente que las frases pueden redactarse así:
ETA no quitará el rol clave a los nacionalismos
y ...busca el narrador rescatar algo que hable
a sus deseos, con lo cual no se pierde nada
del significado y se gana en elegancia.
- Hay
confusiones de género. Una de las más comunes
se refiere a la palabra “automotriz”, que es de
género femenino pero se la suele emplear como
si fuera de género masculino.
Ejemplo: Hay problemas en el sector automotriz.
Si se quiere mantener la estructura de la oración
se debe escribir:
Hay problemas en el sector automotor.
O bien, sin conservar totalmente la estructura:
Hay problemas en la industria automotriz. (Obviamente, no es lo mismo sector que industria, de
modo que no siempre es aconsejable esta versión).
Otros ejemplos de uso correcto son:
La fuerza motriz de la campaña fue el entusiasmo,
y El elemento motor de la campaña fue el entusiasmo.
- Bastante a menudo se escribe de acuerdo a en vez de de acuerdo
con, que es lo correcto.
Ejemplo: El empleado actuó de acuerdo a las instrucciones
recibidas.
¿Por qué corresponde decir “de acuerdo con” y
no “de acuerdo a”? Por razones de homogeneidad:
si decimos “Estoy de acuerdo con usted” y no “Estoy
de acuerdo a usted”, no hay ninguna razón para
cambiar la preposición “con” por “a” en otros
usos análogos de la expresión “de acuerdo”.
- Dequeísmo y queísmo. Se llama dequeísmo al vicio consistente
en emplear la expresión “de que” cuando corresponde
“que”, y queísmo al vicio inverso. Hay
una regla general, inspirada también en razones
de homogeneidad, que permite establecer en qué
casos corresponde “de que” y en qué casos corresponde
“que”. Aclaremos ante todo que lo que está “en
duda” es el uso de la preposición “de”, pues estamos
analizando casos en los que figura la palabra
“que”. Para saber si corresponde anteponer o no
la preposición “de” a la palabra “que”, la regla
indica que se deben formar dos expresiones del
tipo siguiente:
EXPRESIÓN INICIAL – de – una cosa
EXPRESIÓN INICIAL - una cosa
Explicación: La expresión “una cosa” que aparece
al final y en minúscula se debe mantener tal cual
es en las aplicaciones de la regla, sin cambiarla
por otra. Por ejemplo, si queremos averiguar si
se debe decir “pienso que” o “pienso de que”,
aplicamos la regla de este modo:
Pienso
de una cosa
Pienso una cosa
Si la primera es la correcta corresponde usar
“de que”; si lo es la segunda, corresponde solamente
“que”. Es evidente que, en este ejemplo, la segunda
oración es la correcta y entonces no corresponde
usar “de que” a continuación de “pienso”, sino
simplemente “que”. Si se dice “pienso de que”
se incurre en dequeísmo. Veamos ahora si corresponde
decir “se dio cuenta de que” o “se dio cuenta
que”.
Aplicamos la regla:
Se dio cuenta de una cosa
Se dio cuenta
una cosa
Es evidente que la primera oración es la correcta
y entonces corresponde usar “de que” a continuación
de “se dio cuenta”. Si se dice “se dio cuenta
que” se incurre en queísmo. La “duda” entre “que”
y “de que” aparece generalmente a continuación
de ciertos verbos o expresiones verbales (Pienso,
se dio cuenta, etc.), pero puede presentarse
también en el caso de sustantivos. Por ejemplo:
¿se debe decir “la suposición de que mañana llueva”
o “la suposición que mañana llueva”? Apliquemos
la regla:
Suposición
de una cosa
Suposición una cosa
Se ve que la primera frase es la correcta y que,
en consecuencia, corresponde decir “la suposición
de que mañana llueva
Vale la pena observar que, tanto en el periodismo
como en la literatura, el dequeísmo es en la actualidad
muy poco frecuente, pero en cambio el queísmo
abunda: me doy cuenta que, me acuerdo que,
te prevengo que, te informo que, etc. Como
caso especial conviene notar que, si bien la expresión
verbal “me acuerdo” exige la preposición “de”,
el verbo “recuerdo” no la admite. Se debe decir
“Me acuerdo de que tú estabas presente” y “Recuerdo
que tú estabas presente”. Con "informar"
sucede algo parecido: son correctas las expresiones
te informo de que e informo que.
Todos estos casos se resuelven con la regla práctica
mencionada más arriba.
-
Otras expresiones de mal uso frecuente son: “en
base a” en vez de la correcta “sobre la base de”,
y “bajo el punto de vista” en vez de la correcta
“desde el punto de vista”. La razón en ambos casos
se vincula con el significado de los términos.
En el primer caso, no se construye algo en
una base sino sobre una base; y en
el segundo caso, si uno se coloca bajo un punto
de vista corre el riesgo de no ver nada o
de ver algo equivocadamente.
-
Tanto en el periodismo como en la literatura es recomendable
no usar expresiones demasiado obvias y trilladas,
como por ejemplo:
El niño, con la inocencia propia de su edad,
siguió al hombre
Rápido como el rayo, se abalanzó sobre
su presa
El manto negro de la noche
se extendió sobre la ciudad
Aunque las expresiones obvias resultan siempre de
mal gusto, algunas son más tolerables en el periodismo
que en la literatura. Por ejemplo:
El asesino, poniendo en evidencia su crueldad,
le aplicó veinticinco puñaladas
Distinta es la situación si se relatan los hechos
objetivamente (El asesino le aplicó veinticinco
puñaladas) y luego se hace un comentario, por
ejemplo: Esta crueldad llamó la atención del juez.
En este caso no hay objeciones. A su vez el juez,
que está obligado a fundamentar cuidadosamente sus
afirmaciones, puede decir y escribir, válidamente:
El hecho de que el acusado haya aplicado veinticinco
puñaladas a la víctima pone en evidencia una crueldad
que lo hace sumamente peligroso. En este caso,
mencionar la crueldad sirve al juez como fundamento
para su afirmación acerca de la peligrosidad del reo.
Diferencias
- En
el periodismo, tanto el relato de los hechos como
los comentarios están fuertemente condicionados por
la claridad, la objetividad, la razonabilidad y la
lógica, las cuales no constituyen pautas obligatorias
para la literatura, sobre todo para la poesía y la
literatura de ficción. El género literario en el que
mayor vigencia tienen esas pautas es la narrativa
realista (cuento o novela). El desarrollo de una narración
literaria de corte realista debe ceñirse tanto como
un relato periodístico a las condiciones de razonabilidad
y de lógica: la razonabilidad exige que lo que se
cuenta y lo que se supone acerca de lo que se cuenta
sea creíble y no parezca un mero fruto de la fantasía
(aunque lo sea, en el caso de la literatura); la lógica
exige que no haya contradicciones y que las deducciones
que se efectúen sean correctas. La objetividad y la
claridad merecen explicación aparte. En el periodismo
ambas son imperativos inexcusables, tanto para el
relato de hechos como para los comentarios y los análisis.
En la narrativa realista se debe dar la impresión
de objetividad pero con respecto a una obra de ficción
no cabe hablar de objetividad en sentido estricto.
En cuanto a la claridad, tampoco es estrictamente
necesaria en la narrativa realista. Puede ser que
algunas frases sean muy elaboradas, complejas e inclusive
oscuras, sin que ello disminuya la calidad literaria
del texto.
Para la poesía y la narrativa no realista no vale
ninguna de las cuatro exigencias (claridad, objetividad,
razonabilidad y lógica). Por otra parte, el ensayo
es un género literario en el que el autor vierte sus
opiniones acerca de uno o varios temas; el respeto
por la lógica es imprescindible pero la exigencia
de razonabilidad es menos estricta: las opiniones
de un ensayista pueden parecer muy poco razonables
e inclusive descabelladas, pero ello no necesariamente
quita valor literario al texto y, además, éste puede
tener interés por la forma en que el autor defiende
sus creencias. Tampoco la objetividad es exigible
en toda obra ensayística, pues ésta puede consistir,
en variable medida, en impresiones subjetivas del
autor. La claridad es deseable pero se admiten ensayos
cuya construcción dé lugar a ciertas oscuridades.
El género ensayo es tan vasto que, mientras por un
extremo se acerca a una exposición científica, por
otro puede lindar con la poesía. De más está decir
que en esta extensa gama las exigencias de claridad,
objetividad, razonabilidad y lógica están sometidas
a una gran variabilidad.
-
En el periodismo la belleza de la prosa sólo cuenta
en algunos casos especiales, como las notas de opinión
que se aproximan al ensayo literario. En el resto,
tanto en el relato de hechos como en los comentarios,
la buena prosa periodística es la que, además de respetar
las normas gramaticales, se ajusta a las condiciones
de claridad, objetividad, razonabilidad y lógica.
En cambio, en la literatura la belleza del estilo
–sea en prosa o en verso- es componente esencial del
valor del texto. A veces esta belleza se destruye
en las traducciones por medio de un simple cambio
en la sintaxis, que a su vez introduce leves cambios
en los significados. Por ejemplo, el gran poeta francés
contemporáneo Yves Bonnefoy escribe, en uno de sus
poemas, esta frase que aquí se ofrece traducida literalmente,
palabra por palabra:
Morir es un país que amabas
Pero un traductor la vertió de este modo:
Amabas el país de la muerte
El significado es, en cierta medida, el mismo, pero
la sintaxis (ordenamiento de las palabras y relaciones
entre ellas) es distinta. Y este cambio de sintaxis
implica leves cambios de significado: en el original
se afirma que morir es un país; en la traducción se
habla, en cambio, de algo más vulgar y trillado, el
país de la muerte, similar a la conocida imagen
el reino de la muerte. Con este leve cambio
el poema pierde originalidad y se hace más vulgar.
La traducción literal es, desde el punto de vista
de la belleza, muy superior a la otra, además de ser
más fiel. Éste es sólo un ejemplo. No siempre la traducción
literal conserva el sentido ni la belleza, pero en
materia de traducción siempre es conveniente partir
de la traducción literal y luego introducir el menor
número posible de cambios para conservar sentido y
belleza.
Por supuesto que el concepto de belleza es impreciso
y tiene una fuerte carga de subjetividad. Pero no
hay duda de que ella tiene algo que ver con la originalidad,
con el descubrimiento de relaciones profundas entre
las cosas, con la variedad de sensaciones evocadas
y, también, con el ritmo y el sonido de la frase.
Leamos, por ejemplo, una larga oración extraída de
la novela El arpa y la sombra, del escritor
contemporáneo Alejo Carpentier:
A ambos lados del largo, larguísimo camino, seguido
entre paredes de salas y galerías, pasaban óleos oscuros,
retablos ensombrecidos por el tiempo, tapicerías apagadas
en sus tintes, que mostraban acaso, para quien los
mirara con curiosidad de forasteros visitantes, alegorías
mitológicas, sonadas victorias de la fe, orantes rostros
de bienaventurados o episodios de ejemplares hagiografías.
Aquí el ritmo está dado por la sucesión de expresiones
que evocan objetos (óleos, retablos), o bien escenas
(alegorías mitológicas, orantes rostros), colocadas
entre comas. Pero este ritmo no es uniforme sino que
está marcado por frases de extensión diversa. Una
muy breve (óleos oscuros), otras más largas (retablos
ensombrecidos por el tiempo), luego otra más o menos
de la misma longitud (tapicerías apagadas en sus tintes),
después una breve otra vez (alegorías mitológicas),
luego otra más larga (sonadas victorias de la fe)
y finalmente dos que suenan como una sola bastante
larga porque no están separadas por coma (orantes
rostros de bienaventurados o episodios de ejemplares
hagiografías). Por otra parte, los distintos objetos
o escenas van configurando, con el ritmo que ya hemos
mencionado, una atmósfera de antiguas obras de arte
consagradas a la exaltación de la fe religiosa. El
logro de esa atmósfera y de ese ritmo, por medio de
un lenguaje rico y de excelente construcción, configura
un ejemplo de lo que denominamos belleza literaria.
Las frases largas son propicias para desplegar
un lenguaje suntuoso y adornado, pero no siempre es
necesario recurrir a ellas para lograr un bello estilo.
De la novela En nombre de Dios, de la escritora
argentina contemporánea Patricia Sagastizábal, se
extraen las dos siguientes citas, una breve y la otra
muy breve, pero igualmente bellas.
Refiriéndose a los libros de San Ignacio de Loyola,
el supuesto narrador de la novela dice:
En aquella primera época estos sagrados preceptos
amedrentaron nuestros espíritus y plagaron de temores
nuestras noches.
En
esta breve y cadenciosa frase se caracterizan con
notable vivacidad los efectos producidos por la lectura
del fundador de la orden jesuítica. El otro ejemplo,
más breve aún, es el siguiente.
Después de afirmar que su padre era un hombre práctico,
afecto a despreciar el temor, el narrador dice:
No conocía las desventuras de la perplejidad.
El interés literario de esta frase reside en dos
aspectos: primero, el de trazar con una rápida pincelada
el carácter del padre. Por una parte, ese hombre no
conocía la perplejidad, o sea que tenía ideas seguras
y firmes; y por otra, no conocía las desventuras
que le hubiera acarreado la perplejidad, por lo que
se intuye que era un hombre feliz en sus convicciones.
El segundo aspecto que provoca el interés de esta
frase consiste, precisamente, en asociar de un modo
contundente y repentino la perplejidad con la desventura,
lo cual no es obvio: no siempre el que se queda perplejo
ante algo se siente a la vez desdichado. Lo que quizá
sugiere la autora, a través del supuesto narrador,
es que si se ahonda la perplejidad acerca de cuestiones
fundamentales, no es posible mantener una dichosa
calma espiritual: alguna desventura se ha de sufrir.
La novela de Patricia Sagastizábal alterna frases
cortas con otras largas y cadenciosas, de noble estilo,
como las dos siguientes:
No perdía ocasión de repetirlo en cada comida, mezclando
los conceptos de lealtad con las sopas y los higos
y luego con el tibio aroma de los confites, en las
penumbras de aquellas siestas de infancia. Él eligió
para mi educación la rigurosa orientación de los jesuitas,
quienes en poco tiempo lograron dominar mi carácter
impulsivo y pusieron cauce a mis ansiedades, a través
del ascetismo y el estudio.
CONCISIÓN Y OBJETIVIDAD
A
la objetividad ya nos hemos referido brevemente. Sobre
la concisión diremos que no es una virtud en sí misma
sino que su valor depende del contexto. Si lo que se
desea es dar información objetiva sobre un hecho, la
concisión es altamente recomendable. Por eso resulta
valiosa en el periodismo de tipo informativo. Pero la
concisión no se logra simplemente usando pocas palabras
y frases breves, sino transmitiendo mediante ellas toda
la información que se desea transmitir. Si se usan pocas
palabras y frases breves pero al lector le quedan muchas
dudas acerca de lo sucedido, no se puede decir que el
relato haya sido conciso. En literatura la concisión
puede ser un valor, como en la citada frase de Patricia
Sagastizábal: No conocía las desventuras de la perplejidad,
pero en otras ocasiones no es deseable, como sería el
caso de la frase de Alejo Carpentier citada más arriba.
Se podría haber dado una información equivalente usando
menos palabras, pero en tal caso se hubieran perdido,
quizá, el ritmo y la atmósfera a los que hemos aludido
al comentar esa frase.
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